El penal de Bustarviejo. Más allá de la exhumación.

15/11/2019

El 27 de octubre, estuvimos de visita en el Penal de Bustarviejo, un pueblo de la sierra madrileña, que apenas se conoce y que en los libros de texto de nuestra historia, estoy segura que no aparece ni se sabe a que alude la palabra penal. Por Marian Giménez

 

 Detalle del estado actual del Penal de Bustarviejo, en la sierra de Madrid / Wikimedia

 

 

Las personas, principalmente hombres republicanos, durante la guerra civil y después de la misma, fueron concentradas en distintos espacios. La geografía española, estuvo llena de campos de concentración (no los inventaron los nazis) y de multitud de espacios, que venían a ser cárceles, con trabajo esclavo, donde penaban las penas que los juicios farsa de la dictadura franquista había condenado. Hubo un momento que había tantos presos, que el régimen macabro empezó a diseñar nuevos proyectos que sacasen partido a tanta mano de obra, y obtener réditos y beneficios gratis, así como fortunas inmensas que llegan hasta nuestros días. Empresas constructoras actuales del IBEX, tienen su origen en el régimen de la dictadura.

 

En esta visita, por una importante dehesa, nos encontramos con unas casitas en medio del campo, donde se podría pensar, si nadie se encarga de contarlo, que eran lugares de refugio de pastores, para el ganado o casas de labranza.

 

Plano general del Penal de Bustarviejo / Marian Giménez

 

 

De la mano de José Manuel, antiguo alcalde de IU de este pueblo y de la Asociación de Memoria Histórica, “Los Barracones”, conocimos uno de los lugares más siniestros de la Comunidad de Madrid. Los presos allí concentrados, participaron en la construcción de la línea férrea Madrid-Burgos, construyendo dos túneles, un viaducto con once arcos, que se eleva sobre la carretera que nos conduce al pueblo y una estación de tren a las afueras del mismo. Afortunadamente disponemos de numerosos estudios e investigaciones históricas que parten por supuesto de los sobrevivientes de aquel horror, que nos descubren en qué condiciones se vivía en aquellos destacamentos penales.

 

Me ahorro los detalles, porque se pueden imaginar.

 

Túnel construido por los presos republicanos / Marian Giménez

 

 

Eran lugares de reeducación en el espíritu nacional y patriótico, patrocinados, cómo no, por la santa iglesia católica, en cuyo patio al aire libre, comenzaba la jornada con “el cara al sol” y la izada de bandera. Obligados a escuchar misa y a cantar las consignas fascistas que el generalote había impuesto por todo el territorio nacional. No eran adversarios, eran enemigos que tenían que ser escarmentados y castigados, muchos de ellos exterminados, para que el gen rojo no se extendiera. Estrategias de deshumanización para verlos como alimañas donde el látigo era la mejor forma de que no se desviasen del trabajo y se reeducaran en los nuevos modelos dictatoriales.

 

"Los presos podían traer a sus familias, porque así, si la tenían cerca, era mucho más difícil escapar. Solo hubo fugas de solteros"

 

La estrategia perversa de estas prisiones, llegaba al punto, de que los presos podían traer a sus familias, porque así, si la tenían cerca era mucho más difícil que se escaparan. Nos cuenta José Manuel, que solo hubo fugas de presos solteros. Las mujeres de los presos y sus hijos, vivían en chozas separadas del penal, chozas de dos por dos, en lo alto de la colina, entre el frío del invierno y el calor del verano.

 

Restos de chozas para mujeres e hijos de los presos republicanos / Marian Giménez

 

 

Subían y bajaban el agua de los arroyos cercanos. Una vergüenza de tal calibre, que nuestra época ya en democracia y con unos intereses absolutamente intencionados, no cuenta y borra de nuestra memoria. Las ciudades, pueblos pasan a convertirse en parques temáticos, de cuyos horror y padecimiento nada se sabe. Ni que decir tiene que no se destinan medios y recursos para difundir y establecer los lugares de memoria democrática. Todo es a base del esfuerzo y la voluntariedad de distintos grupos y personas.

 

Letrinas del Penal / Marian Giménez

 

 

Nos encontramos por el camino con una pareja joven paseando unos perros. Les preguntó José Manuel, si sabían algo de aquel lugar, quién lo construyó, dijeron que nada sabían.

 

¿Cuándo se va a contar la historia en las escuelas, en los institutos en las universidades?

 

¿Cuándo? Estas generaciones que soportaron todo, se están muriendo o

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