Obras de verano

Aparecen en cualquier momento del año, de repente, de improviso y dándonos un bofetón auditivo de golpes contra la pared, son las obras de un vecino que pueden alterar nuestras vidas hasta límites insospechados. Y sin aviso, ni un cartel de esos que se usan en las comunidades de vecinos para pedir que se cierre el portal, se mantengan limpias las zonas comunes o que tal día habrá corte de agua por reparación de avería, nada. Con lo cual, el día que más necesitas dormir, a las ocho de la mañana pegas un salto con un seco y reiterado: pam, pam, pum, pum, pam, pam... A partir de ahí, las puertas del infierno se abren de par en par.

 

 

Las obras son muy molestas. Y hay que aguantar, no queda otra, las viviendas se acondicionan, se mejoran, se cambien sanitarios, cocinas, etc. Frente a eso, nada que decir, además, en algún momento uno mismo se mete en obras para mejorar su casa. Y las hay de distintas dimensiones, desde las pequeñas, que aunque molestas, tardan dos o tres días y con unos niveles de decibelios más o menos asumibles, hasta las de corte más faraónico, que dan vuelta como un calcetín la vivienda, tirando muros a golpe de maza, cortando azulejos a ritmo de radial y dando rienda suelta al taladro. Un cóctel enervante de ruido y vibraciones que pueden llegar a hacer temblar nuestra casa y resquebrajar todo nuestro sistema nervioso.

 

Este mismo panorama, en verano y en zonas vacacionales, adquiere dimensiones trágicas.

 

Pensemos en esa familia que lleva todo el año esperando para pasar sus vacaciones soñadas en una ciudad con playa. Tienen el piso alquilado una quincena, llegan, se instalan y comienzan con una enorme sonrisa y el mejor de los ánimos su tiempo de asueto. Pero a la mañana siguiente, las obras en un piso justo encima, despiertan a toda la familia que, incrédulos, se miran unos a otros con los rostros totalmente desencajados.

 

¡No puede ser!, exclama la madre que con rapidez se pone unos pantalones cortos, se calza las chanclas y sube a preguntar, con la esperanza de escuchar que es algo de urgencia y en el día terminan. Pero no, la obra en cuestión, es una reforma completa, es decir, de un par de meses cuando menos. Adiós vacaciones. Como mucho y no sin problemas, la familia puede reclamar al dueño del piso alquilado a ver si les devuelve el dinero porque se largan. Pero claro, ¿a dónde? En época de verano, en temporada alta, no es sencillo encontrar algo en poco tiempo y en la misma ciudad en la que están o cerca de ella. ¿Qué haría usted?

 

"Las obras avasallan desde primera hora de la mañana y apenas paran al mediodía, a veces, ni comer puede uno debido a los golpes que hacen saltar la mesa".

 

Muchas cuestiones de nuestra vida están legisladas al detalle. Sin embargo, las ordenanzas sobre obras, dejan a la interpretación muchos aspectos y no delimitan tiempos de descanso para los vecinos. Solo se específica que desde 08:00 a 20:00 h se puede trabajar de lunes a sábado siempre y cuando no se superen los 35 decibelios en horario diurno y 30 decibelios en horario nocturno. Y los domingo, lo mismo pero de 09:30 a 21:00 h, incluso una hora más tarde que entre semana, es de locos, ¿quiénes son los lumbreras que hacen estas leyes?

 

Dice la ley, que debe informarse de las obras al representante de la Comunidad de Vecinos que, a su vez, debería informar a través de carta o cartel expuesto en zonas comunes del edificio, pero esto casi nunca sucede.

 

Las obras avasallan desde primera hora de la mañana y apenas paran al mediodía, a veces, ni comer puede uno debido a los golpes que hacen saltar la mesa. No costaría demasiado afinar la legislación y que especifique tiempos de descanso para los vecinos, que 12 horas diarias durante meses pueden ser devastadoras para cualquier persona. Y ya si trabajas en casa, te mueres, olvídate de hablar por teléfono o de concentrarte.

 

Estoy seguro que hablo de un asunto que os suena, que hemos incorporado a una cierta normalidad, aunque nos joda y mucho. A veces, por menudencias, damos guerra, pero por otras de vital importancia nos resignamos. No hay quién nos entienda o

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