Grafiti

13/04/2019

El  grafiti es una modalidad de pintura libre, generalmente realizada en espacios urbanos y sin autorización previa en la mayoría de los casos. Su origen se remonta a las inscripciones que ya se hacían en tiempos del Imperio romano, de carácter satírico o crítico y algunas han permanecido hasta nuestros días. Hoy ha alcanzado la categoría de arte. Por Xenxo Fariñas

 

 Inscripción -grafiti- en época romana en el Templo File en Egipto: B MURE Stultus Est.

 

La palabra grafiti viene del italiano graffiti, graffire (marca o inscripción hecha rascando o rayando un muro) y este a su vez del latín scariphare, incidir con el scariphus (estilete o punzón, con el que se escribía sobre tablas). En el lenguaje común, el grafiti es el resultado de pintar en las paredes de manera libre, creativa e ilimitada, con fines de expresión y divulgación, donde su esencia es cambiar y evolucionar, buscando ser un atractivo visual de alto impacto, como parte de un movimiento urbano revolucionario y rebelde. Es, por ejemplo, uno de los cuatro elementos que conforma la cultura Hip Hop.

 

Historia

Entre los romanos existía la costumbre de la escritura ocasional sobre muros y columnas, esgrafiada y pintada, y se han encontrado múltiples inscripciones en latín vulgar: consignas políticas, insultos, declaraciones de amor, etc; junto a un amplio repertorio de caricaturas y dibujos en lugares menos afectados por la erosión, como en cuevas-santuario, en muros enterrados, en las catacumbas de Roma o en las ruinas de Pompeya y Herculano, donde quedaron protegidos por la ceniza volcánica. De épocas más modernas se conocen también ejemplos, hechos por marineros y piratas que en sus viajes, al pisar tierra, dejaban sus iniciales o sus seudónimos marcados sobre las piedras o grutas, quemando un trozo de corcho.

 

"Junto a un cadáver en la calle, en un asesinato atribuido a Jack el Destripador, en la pared había un grafiti escrito con sangre"

 

Tras un asesinato cometido en Londres el 30 de septiembre de 1888, atribuido a Jack el Destripador, la policía encontró un trozo del delantal de la víctima ensangrentado en la calle Goulston y en la pared, la policía vio un grafiti escrito con sangre que ponía: "The Juwes are the men That Will not be Blamed for nothing". Se interpretó de varias maneras, sobre todo que la palabra “Juwes” era una versión incorrecta de Jews (judíos), con lo que una traducción podría ser: “Los judíos son los hombres que no serán culpados por nada”.

 

Temiendo que la inscripción pudiese aumentar el antisemitismo de gran parte de la población, el comisario de la policía metropolitana, Charles Warren, la mandó a borrar antes de que amaneciera. Varios agentes discreparon de esta orden, pues creían que el grafiti podría ser una pista importante en la investigación de los crímenes.

 

El grafiti en guerra

Cuando las tropas norteamericanas llegan a Túnez la primavera de 1943, durante la II Guerra Mundial, vieron por primera vez el grafiti: Kilroy Was Here ("Kilroy estuvo aquí"). Tanto en sus avances por Italia como por Francia y finalmente Alemania, volvieron a ver una y otra vez este grafiti. Nunca se supo nada sobre el autor. Después de la guerra, el nombre "Kilroy" se hizo famoso y llegó a aparecer incluso sobre las cubiertas de los cuadernos de estudiantes. Casi siempre, "Kilroy was here" va acompañado de una cabeza y unas manos que se asoman sobre el borde de una valla.

 

 Un famoso grafiti en la Segunda Guerra Mundial, del que nunca se supo quién lo hacía.

 

En los años 50, después de la muerte de Charlie Bird Parker, el gran músico de jazz, la canción Bird Lives (Bird vive) se pintó en los muros de muchos clubes de jazz en los Estados Unidos, en particular en Nueva York; pero fue efímero y no tuvo el impacto que había tenido Kilroy.

 

"El grafiti ‘moderno’ arranca en los años 60 en Nueva York influido por la música Hip Hop"

 

La historia moderna del grafiti arranca en los años 60 cuando empezó en Nueva York, influido por la música hip-hop. Los primeros artistas del grafiti hacían firmas, vivían y pintaban en Nueva York.

 

La aparición de la pintura en aerosol a mediados del siglo XX, permitió que el graffiti tomara un mayor cuerpo en las ciudades, y a partir de entonces se volvió una herramienta común en la expresión de grafiteros y pandillas, ganando poco a poco el respeto como forma de expresión callejera a través de figuras y diseños originales, que en ocasiones podían repetirse a lo largo de diversas ciudades del país o incluso del mundo.

 

Uno de los primeras artistas del grafiti “moderno” firmaba TAKI 183 y fue entrevistado por el New York Times en 1971. Su nombre era Demetrius y era un joven griego que trabajaba como mensajero en Nueva York. Pintaba su firma en todos los sitios donde entregaba documentos y paquetes. Se hizo famoso y muchos jóvenes empezaron a imitarle buscando sitios cada vez más difíciles y llamativos donde dejar su firma. Así, cientos de jóvenes en Nueva York, especialmente aquellos atraídos por la música rap y hip hop, empezaron a firmar por toda la ciudad, tanto que las autoridades tuvieron que gastar altas sumas de dinero en la limpieza de los vagones del metro.

 

Grafiti de Bansky en una puerta trasera del local Bataclan, en París. / J.R. Puyol

 

Hacia los años 90, el movimiento del grafiti artístico había cobrado la fuerza suficiente para reinventarse en métodos (esténcil, gigantografía, plantillas y otras técnicas del diseño gráfico y publicitario) ganándose el interés sociológico y artístico, dando paso al nacimiento del Street Art, en el que destacan artistas como Bansky, Shepard Fairey, Jean Michel-Basquiat, Mr. Brainwash y un largo etcétera.

 

España

Aquí el tagging (una etiqueta, firma o acrónimo de una persona o grupo) con aerosoles, empezó de una manera peculiar, denominado como "estilo flechero" al aparecer espontáneamente, mientras que en el resto de Europa fue por influencia estadounidense.

 

A principios de los años 80, en plena movida madrileña, varios jóvenes empezaron a escribir en calles, metro, estaciones, etc., con sus rotuladores primero y después con aerosol. Muelle (Juan Carlos Argüello) fue el primero en aparecer alrededor del año 1980 y en los cuatro años siguientes le siguieron otros como Bleck La Rata y Glub. Era un movimiento descontrolado, con mucho respeto entre los grafiteros y se les denominó como grafiti autóctono madrileño. También se les ha llamado, a veces despectivamente, "flecheros", por la inclusión de flechas en sus firmas.

 

A principios de los 80, en España, la firma de Muelle se hizo famosa. / Wikimedia

 

Durante 1982-1983, se extendieron los estilos de grafiti más similares al del resto de Europa y de Estados Unidos: pintadas, trenes, metros y todo. Siendo de gran importancia el grupo CNB, con figuras influyentes como Kool, Jastone, Snow, Seone, Zauko, Oves, Over, Seak o Jave. Entre estos últimos, Oves protagonizó la película "Graffitero en apuros, huye saltando muros", presentada en el Festival de Sitges, en el año 1986, situándose en la vanguardia del cine de la época.

 

A finales de los 80 y principios de los 90, destacan SPC y PTV en Madrid o CNB en Valencia, quienes realizaron gran parte de los metros en esa época. Y a DTY y A3 en Barcelona.

 

"En los 90 aparece una marca de aerosoles de calidad y precio asequible que dispara

la realización de grafitis"

 

Los años 90 en España están profundamente marcados por la aparición de una marca de aerosoles de pintura especializados para grafiti, Montana, una pintura de calidad y un precio asequible. Anteriormente toda la pintura era sustraída en grandes superficies o ferreterías. Esta marca de pinturas, comenzó a patrocinar a artistas del grafiti. Se comenzaron a publicar revistas y vídeos sobre el tema.

 

 

Arriba Grafiti de Thierry Noir en la East Side Gallery. Fue el primer grafitero

que pintó sobre el Muro de Berlín cuando todavía era ilegal. / J. Becerra

Abajo Grafiti en una calle de Barcelona. / Andy Wright

 

Además, muchas autoridades públicas destinaron algunas superficies para la ejecución de grafiti e incluso financiaron concursos, exhibiciones o festivales de grafiteros dentro de sus actividades culturales. A comienzos del siglo XXI, casi todas las ciudades españolas registran diversos movimientos grafiteros. Entre el año 2015 y 2016 se importa a España el llamado "Ignorant style", (estilo descuidado) que guarda estrecha relación con la aparición de la música Trap, impactando sobre todo en la ciudad de Barcelona donde algunos de los nombres más repetidos son Nimek, Tzar o Joa6.

 

 Grafiti en una calle de Vigo. / Wikimedia

 

En Madrid destacan otros como Scaner, Darik o los DRNs, en Sevilla Serranito o Ratón y en Málaga, Presto, Trol o Farola. No existe un estudio concienzudo sobre los estilos del grafiti, pero se puede decir que existen tres grandes líneas de ejecución e interpretación.

 

Art grafiti.

Asociado a la cultura hip-hop de las décadas del 70 y 80 en los estados unidos, tiende a representar motivos más o menos abstractos, nombres (tags, etiquetas o nombres en clave) y mensajes recurrentes, siempre con un despliegue de colores y formas que en ocasiones lleva varios días terminar.

 

Grafiti público.

Con lemas y eslóganes o mensajes políticos, más o menos satíricos o groseros, tratando de lanzar un mensaje a las masas. También entran en esta categoría los grafitis de protesta.

 

Latrinalia.

Se llama así al grafiti poco elaborado, grosero y por lo general de baja ralea que predomina en baños públicos y espacios de tránsito, como puertas, ascensores, trenes, etc. Pueden ser desde confesiones de amor, amenazas, denuncias o intentos de poesía o de relato.

 

"Renfe destinó en 2017, 15,7 millones de euros para la limpieza de vagones de cercanías"

 

Como en todo, la explosión de los grafitis nos ha ofrecido y ofrece expresiones de alto valor artístico y otras acciones que se acercan más al vandalismo, como sucede en el Metro de Madrid o Renfe, que en 2017 destinó una partida estatal de 15,7 millones de euros para la limpieza de pintadas y grafitis, el equivalente al coste de tres trenes nuevos de Cercanías. La empresa pública ferroviaria cree que el gasto total para este año va a ser superior. Limpiar un tren pintado cuesta unos 6.000 euros.

 

Grafitis en un muro de los estudios Apple Records en Abbey Road, Londres. / Jorge Royan

 

Hay que emplear a varios trabajadores de Renfe y, como mínimo, a un técnico de Adif para que vaya desconectando la catenaria, porque en la limpieza que se realiza se emplea agua. La pintura que utilizan los grafiteros es ácida y de secado rápido, y suele afectar a la chapa del tren. Los disolventes no son suficientes para borrar de manera permanente estos grafitis, lo que obliga a pintar de nuevo el convoy.

 

Calle en Valparaíso, Chile, ornamentada con grafitis autorizados. / J. Becerra

 

Pero no hay que dejar que los actos vandálicos emborronen a tantos y tantos grafitis que alegran las ciudades y que se han convertido en auténticas obras de arte. El espacio público es compartido al igual que las infraestructuras, en la sensatez de cada grafitero, queda el cómo y dónde plasmar su obra o

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