Una playa urbana

12/03/2019

Contar con una playa a los pies de la ciudad, es todo un lujo por su comodidad e inmediato acceso, incluso, después del trabajo. No tiene el encanto de lo abrupto, de lo recóndito de esas playas salvajes que ansiamos en sueños, pero nos ofrece unas posibilidades de placer infinitas. Y ese es el caso de la playa Santa María del Mar en Cádiz. Texto y fotos: Jaime Becerra.

 

 

No tiene el sabor de la Caleta, ni la extensión de la playa Victoria, tampoco está rodeada de dunas como las que le dan ese toque salvaje a Cortadura. Es más bien pequeña, recogida y con mareas tan cambiantes, que por momentos la dejan en la mínima expresión o la hacen inmensa. Encajada entre dos espigones para disminuir su erosión, la convierten en una ensenada amigable, donde la mayor parte del tiempo, sus aguas son tranquilas con olas que sirven a los surfistas pero no atacan a los bañistas.

 

"Esta playa, año tras año, consigue su bandera azul gracias a sus impecables instalaciones"

 

Un talud alto, inclinado y amurallado, separa la playa de la Avenida Fernández Ladreda y reduce los accesos a los dos extremos por unas rampas, y casi en el centro, una escalinata. Esta playa, año tras año, consigue su bandera azul gracias a la limpieza de sus aguas, de su arena y sus impecables instalaciones de duchas, lavapies y accesos para personas con movilidad reducida.

 

Su arena fina y dorada, cada cierto tiempo debe ser repuesta después de inviernos tormentosos. Tarea nada fácil porque siempre se busca la finura de su textura, eso obliga a encontrar sitios del fondo submarino que cumplan este requisito, además, de los que esté permitido extraer arena. En cada extremo hay un chiringuito, uno a pie de playa y el otro, justo en la subida de la rampa.

 

 

Vista panorámica de la Playa Santa María del mar el pasado febrero. A la izquierda

de la foto los edificios junto a la Avenida Fernández Ladreda y el Paseo.

En la orilla y rodeada por agua, destaca la piedra Barco.

Abajo Una joven posando para una foto que le estaban haciendo sus amigas.

 

 

Como curiosidad, aclarar que lo que parecen rocas en la playa, realmente son restos de las antiguas murallas de la ciudad, no hay más que acercarse para ver su composición de piedras que forman el muro. El tiempo y su erosión las ha compactado hasta hacerlas parecer unas simples rocas. Destaca entre los trozos desperdigados, una muy grande y conocida como la piedra Barco.

 

Pero como muchos lugares de Cádiz, esta playa ha sido bautizada con distintos nombres a lo largo de los años, y la playa de Santa María es también conocida como la playita de Las Mujeres, debido a que era frecuentada por las vecinas del cercano barrio de Santa María. O Los Corrales, porque junto a ella se descargaba el ganado para el matadero que había cerca del Campo del Sur.

 

"Después de la Guerra Civil, hubo un intento de privatizar la zona y con ella la playa"

 

Según la especificación "de libro", la Playa de Santa María del Mar, se encuentra en la zona de extramuros. Es la continuación de la Playa de la Victoria y se extiende desde el cementerio, aproximadamente, hasta la altura de Puerta Tierra, donde comienza el espigón y el campo del sur. Sin embargo, a nivel popular, la playa se entiende desde la escalinata de caracol, frente a la Plaza Asdrúbal, hasta el espigón más próximo a las Puertas de Tierra.

 

Un repaso a la historia

Su historia es algo turbulenta. Azotada por los temporales, llena de rocas y restos de las murallas de la ciudad, durante buena parte del siglo XX, los distintos ayuntamientos de Cádiz han intentado urbanizar este tramo del litoral. Terminada la Guerra Civil, el Ayuntamiento decidió urbanizar los terrenos ocupados por los glacis -accidente geográfico-, ya en derribo. El proyecto lo realizaría una empresa inmobiliaria con la intención de construir una gran zona residencial, donde hoy están Bahía Blanca y Santa María del Mar, con chalés y pequeñas villas, separada del resto de la ciudad.

 

 

Las mareas cambiantes y dependiendo las épocas del año, pueden dejar la playa

en su mínima expresión o convertirla en inmensa. Las personas que desconocen

los horarios de la bajamar y la pleamar, pueden llevarse sorpresas.

 

 

La apuesta de la promotora era privatizar la playa de Santa María del Mar para que fuese utilizada en exclusiva por los vecinos de estos nuevos barrios. La playa se cerraría al resto de la ciudadanía y la constructora lo defendía acusando a los ciudadanos de su escasa cultura y limpieza, muy lejos del nivel de la promoción de viviendas. En la playa se haría una gran balneario privado, con todas las comodidades y una inmensa terraza mirando al mar.

 

Los escasos recursos en la España de los años cuarenta y los efectos de la explosión de 1947 en Cádiz, provocaron retrasos y cambios sustanciales en el desarrollo del proyecto. El balneario se construyó a pie de playa, salvando el talud mediante grandes escalinatas. No era lo que se había proyectado y estaba abierto al conjunto de la ciudadanía. La calidad de los materiales era mala y los daños de los temporales comenzaron a hacer mella en la construcción. Apenas duró unos años en la década de los cincuenta y en los sesenta era una total ruina antes de desaparecer por completo, dejando a la playa en una situación de letargo oscuro.

 

 Atardecer de invierno en Santa María del Mar

 

La playa siguió abierta pero sin apenas servicios. Y por si fuera poco, las mareas llenaban sus aguas de los residuos urbanos que se vertían desde el Campo del Sur. La situación llegó a ser muy grave en determinadas épocas hasta el punto de provocar el cierre al baño en los años setenta. Pero el suceso más trágico se produjo en 1990, cuando un tramo de la ladera, cubierta de rocas, se hundió provocando la muerte a cuatro personas. Fue entonces cuando las administraciones comenzaron con las obras de acondicionamiento en la playa durante varios años, hasta ir adquiriendo el aspecto que conocemos hoy en día.

 

Vida todo el año

Además de ser una playa urbana, que facilita el poder acceder a ella en cualquier momento y que incluso, puede llegar a parecer el patio común del vecindario, hay que contar con el buen tiempo con el que disfruta todo el año la ciudad de Cádiz. El sol suele estar casi siempre presente, en invierno no es nada raro que el día amanezca con nubes y lluvia para en pocas horas, cambiar a un día espléndido, de playa. En verano Santa María es muy concurrida, principalmente durante el mes de agosto, pero nunca llega a ser agobiante ya que siempre hay sitio para colocar la toalla y la sombrilla, esta última, siempre y cuando no sople el viento de Levante, tan traicionero y juguetón que a la mínima de cambio, se lleva el quitasol por los aires.

 

En esta playa todos tienen cabida y es posible ver una diversidad maravillosa de gente que convive bajo los rayos del sol. Pescando en el espigón, el vendedor de refrescos y chuches, el aficionado del Cádiz con su sombrilla a juego o el reposado lector de periódicos.

Pincha en la imagen para ampliar

 

Durante todo el año la playa está viva. Si lo del verano es obvio, los inviernos, primaveras y otoños son estaciones que de igual manera invitan a pisar la arena, pasear o sentarse aprovechando las horas de sol invernal. El sonido de las olas será un complemento perfecto para tu relax.

 

"Los estudiantes de Erasmus flipan, en pleno invierno aprovechan la playa para divertirse

o estudiar"

 

Los estudiantes de Erasmus, venidos del norte de Europa, "flipan", en pleno invierno aprovechan el sol para divertirse y estudiar, sus libros, cuadernos y pieles albas los delatan. En esta playa conviven todos, gente paseando, con niños, con perros, solos o haciendo ejercicios. No es raro ver a cursos de colegios trotando por la playa o clubes de fútbol, como más de una vez se ha podido ver a los jugadores del Cádiz ejercitándose sobre la arena.

 

Las escuelas de surf se prodigan con sus alumnos que se lanzan a las olas. Caso aparte y de admirar, son los surfistas de la ciudad que están todo el año, llueva o haga frío, si las olas son buenas, allí están desde horas muy tempranas con sus tablas, incluso un 1 de enero a las nueve de la mañana.

 

Los vendedores de refrescos y chuches siempre están en alerta, días de fiesta, fines de semana y buen tiempo, allí están ellos para ofrecernos sus productos, es todo un lujo poder disfrutar del sol y beber una cervecita o bebida fresquita. Y típico es bajarse a la playa con los táperes, sombrillas, sillas y mesas plegables para comer y "echar el día". La gente mayor tiene por costumbre hacer corrillos para jugar a la lotería. Mientras en los espigones o la misma orilla de la playa, se juntan los pescadores con sus cañas. Es fantástico, solamente con mirar lo que sucede, uno tiene el entretenimiento garantizado.

 

 

La variedad de atardeceres y puestas de sol desde la playa de Santa María son infinitas.

Es una playa surfera, durante todo el año, con lluvia o frío, si hay buenas olas, hay gente surfeando.

 

Y no podemos dejar de señalar las vistas de esta playa, con una panorámica fantástica de la parte antigua de Cádiz, la Catedral, el Campo del Sur y el Faro de San Sebastián. Los atardeceres y puestas de sol son maravillosos, es la hora en que los asistentes desenfundan sus móviles para inmortalizar unas estampas únicas. Eso sí, las puestas de sol más impresionantes se ven en otoño e invierno, cuando se mezclan las nubes con el sol ofreciéndonos unos juegos de luces y colores impresionantes.

 

Piseinotecus soussi

Y si todo lo contado sabe a poco, hace pocos años, en 2014, se descubrió en esta playa un invertebrado marino caracterizado, entre otras cosas, por no tener concha y poseer una llamativa coloración que alerta a sus depredadores de su toxicidad. Se le ha dado el nombre científico de Piseinotecus soussi. El descubrimiento ha sido realizado por la Universidad de Cádiz junto con la de Ibn Zohr d'Agadir de Marruecos.

 

Piseinotecus soussi

 

Sin caer en el chauvinismo, se puede decir que la Playa de Santa María del Mar es una de las mejores playas urbanas de toda Europa, es un lujo y también una responsabilidad el seguir manteniéndola impecable o

 

 

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