La Venecia del norte

14/03/2019

Viajar es lo mejor para vivir momentos inolvidables en ese destino que con tanto mimo hemos planeado. Es una manera de descansar y a la vez, conocer mundo. En este reportaje te vamos a proponer un sitio muy especial, con infinitos tesoros que no dejará indiferente a nadie e ideal para una escapada de fin de semana, hablamos de la cautivadora Brujas. Por Marian Zaballa.

 

 Es una ciudad llena de canales, puentes y encanto / Wolfgang Staudt

 

Es una de las ciudades belgas con más encanto del norte europeo. Sus calles, sus monumentos, sus dulces y sus canales, hacen de este enclave un lugar magnífico para pasar unos días y enamorarnos perdidamente de él.

 

Su nombre en flamenco, Brugge, viene del noruego antiguo (Bryggia) que significa puentes en honor a la cantidad de ellos que tiene esta ciudad. Y es que si por algo destaca es por sus canales.

Brujas está rodeada de agua, por eso, al igual que a las ciudades de San Petersburgo, Ámsterdam o Estocolmo, se le conoce también como “La Venecia del Norte”.

 

Su nombre en flamenco, Brugge, viene del noruego antiguo -Bryggia-, que significa puentes

 

En cada esquina, podemos encontrar pequeños muelles donde descansan algunas barquitas motoras. En ellas, se hace un recorrido por el canal mientras el capitán del barco, habla con detalle acerca de los monumentos que se ven desde el agua. Esta ciudad medieval, fue hasta el siglo XVI una localidad mercante. Gracias al canal de Zwyn, los flamencos podían recibir desde Inglaterra, la lana que se usaría para su tan famosa producción de encajes y que luego se exportaría a otros lugares. A día de hoy se siguen elaborando, lo que a su vez, ha preservado esta tradición. Por eso, los paños bordados, abanicos y manteles son los suvenires más solicitados por los turistas. La lana se guardaba en un mercado que descansaba junto a otro de los rincones más populares: La torre de Belfort.

Este campanario, que en sus comienzos era de madera y guardaba los archivos de la ciudad, ha sufrido bastantes cambios debido a los incendios, conservándose desde 1822, como lo conocemos ahora. Subir a la torre, que mide 83 metros, nos permite tener una preciosa panorámica de la ciudad en todo su esplendor. Eso sí, es recomendable ir antes de las once y media para evitar esperar en una larga cola.

 

Brujas está llena de encantos y allá donde mires, encuentras algo único. Diez siglos de historia dan para mucho, incluso si hablamos de las muchas leyendas que atesora. Quizás la más romántica, es la que concierne al Minnewater o lago del amor, uno de los parajes naturales más bonitos de esta pequeña localidad. Su historia habla de Minna, una doncella enamorada del joven Stromberg, pero su padre la cede en matrimonio a otro joven. Por este motivo ella escapa al bosque para esconderse, pero cuando su amado Stromberg la encuentra en la orilla del lago, Minna está muerta. Afligido, Stromberg entierra a Minna en ese mismo lago, comenzando la leyenda que da nombre al lugar en el que ahora miles de jóvenes pasean su amor.

 

 

 Arriba Torre de Belfort y Abajo Minnewater o lago del amor / Wolfgang Staudt

 

La sangre de Jesucristo

Pero la de Minna y Stromberg no es la única leyenda. En la Basílica de la Santa Sangre, reposa, según cuentan, la sangre de Jesucristo, recogida por José de Arimatea y traída de Tierra Santa por Teodorico de Alsacia, Conde de Flandes. La reliquia es un trozo de tela que contiene unas gotas de sangre y, cada año, los habitantes de Brujas la sacan en procesión, representando con ella, escenas del Antiguo Testamento.

 

La reliquia es un trozo de tela que contiene unas gotas de sangre que, según cuentan, es

de Jesucristo

 

Y si la reliquia de por sí llama mucho la atención, el lugar que la alberga no lo hace menos. Situada en la plaza Burg, junto al Ayuntamiento, destaca por ser una pequeña Basílica en medio de grandes edificios, dando la sensación de haber quedado atrapada en el tiempo, siendo completamente diferente al resto de edificaciones que la rodean. Esta basílica menor, era la capilla de la residencia del Conde de Flandes. Construida en el siglo XII, sorprende por su mezcla de espacio acogedor y a la vez, ostentosa y recargada. Decorada con vitrales, pinturas coloridas en el altar y un techo abovedado, la capilla ha sufrido distintos cambios a lo largo del tiempo, permaneciendo hasta la actualidad, el estilo neogótico de su última renovación en el siglo XIX.

 

 

Exterior e interior de la capilla de la Santa Sangre / Manu Pascual

 

 

La Madonna de Brujas

Quizás por eso Brujas tiene esa gran fama pese a ser tan pequeña. En cada esquina puedes encontrar un sitio con historia, un tesoro o una leyenda propia de los cuentos de hadas. De hecho, no sólo artistas como Jan Van Eyck han dejado aquí su huella. Los amantes del arte pueden contemplar preciosidades como la “La Virgen y el niño” (conocida como La Madonna de Brujas), de Miguel Ángel en la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas y obras de artistas como Picasso o Dalí, que cuentan con sus propios museos. Sin contar, por supuesto, el Museo de Arte Flamenco, uno de los más famosos de la zona.

 

 

Arriba Basílica de Nuestra Señora de Brujas y Abajo La vírgen y el niño de Miguel Ángel / Wolfgang Staudt

 

En la plaza del mercado o Markt, se encuentra además, un estupendo museo interactivo llamado Historium Brugge donde visitando distintas habitaciones y, a través de cinemática, música, olores y efectos especiales, nos cuentan cómo se vivía y comerciaba en Brujas durante su época dorada en la Edad Media, sobre 1435, cuando esta joya de la arquitectura flamenca era una de las cunas del comercio y la pintura en el Viejo continente. El argumento narrativo de la visita, gira en torno al cuadro del pintor Jan Van Eyck: Virgen del canónigo Van der Paele y es una magnífica forma para descubrir de una manera diferente la historia de la ciudad en esa época.

 

Brujas es también la reina del chocolate, es imposible visitar la ciudad y no probarlo 

 

Que no falte el chocolate

Sorprende como al pasear por sus calles el olor a chocolate embriaga la ciudad, más aún en Pascua, cuando los escaparates de las chocolaterías, están decorados con figuras enormes de conejos y huevos, de animales diversos y por supuesto, de un sinfín de bombones de distintos sabores.

 

 Los chocolates y bombones, son otra de las joyas de la ciudad / Manu Pascual

 

Porque Brujas no sólo destaca por su pintura flamenca o sus bordados, Brujas además es la reina del chocolate belga. Es imposible visitarla sin probar al menos, chocolates como los que venden en Chocolates & Happiness, Julie’s chocolate House o Leonidas y por supuesto, completamente imprescindible reservar mesa en el salón de The old chocolate house y probar cualquiera de sus variedades de chocolate caliente. Un placer de otro mundo que sólo podrás encontrar en este mágico rincón.

 

 

Arriba Ayuntamiento de Brujas Abajo Puente sobre uno de los canales y hacia la Basílica de Nuestra Señora de Brujas.

Wolfgang Staudt

 

Podría pasar horas escribiendo y recomendando sitios que se han quedado en el tintero, pero mejor dejaros con el sabor del chocolate en los labios y las ganas en vuestras cabezas, que Brujas ya se encargará de enseñaros el camino y robaros el corazón o

 

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