Gangas

No todas las rebajas son gangas. Aunque lo parezcan. Ni todas las rebajas son lo que prometen. Sobre todo, si así nos lo parecen. Ahora que han terminado la temporada alta de los descuentos y las ofertas, quizás convenga meditar un poco en la red de trampas u engañiflas que asaltan al consumidor desde las vísperas de Navidad hasta el 28 de febrero. Aunque si miramos con atención el calendario, habría que convenir que los chollos se ofrecen ya desde el famoso viernes negro, de indudable origen yanqui, como todas las modas de consumo. Como la venta a plazos, practicada con virtud y maestría por El Corte Inglés y su ingenioso y rentable invento de ese interés tan asequible del 1,8% mensual. Que no es lo que parece. Porque el recargo, según la calculadora, es del 21,6% al año.

 

 

Los enemigos de este sistema, llamado revolving para disimular y tan frecuente en tarjetas de crédito, tienen sus dudas, además, de que exista juego limpio en la trastienda de semejante maravilla del consumismo. Porque al interés que se aplica hay que sumar el margen de beneficio de cada producto o servicio, auténtico secreto de estado en cada empresa. Y que, para colmo de bondades, nos lo venden como un favor a los clientes.

 

Veamos: fijar los precios es propio del más enrevesado encaje de bolillos. Porque no es oro todo lo que reluce. Volvamos al viernes negro. Una extensa cadena de electrodomésticos ofrecía toda una traca de impensables ofertas y descuentos, que prometían poco menos que el edén a cuantos compradores quisieran pasarse por sus almacenes ese día. Y eso parecía, si, hasta que algunos avispados internautas descubrieron, y demostraron con fotografías de indudable autenticidad, que esos mismos precios eran incluso más bajos la víspera de ese dichoso viernes. ¿Qué había pasado? Simplemente, habían hinchado de manera muy considerable los precios nuevos a fin de obtener, bajo la promesa de ofertones, unos beneficios superiores de los que venían logrando el resto del año con los precios habituales. Y así se denunció en las redes.

 

Se trata de una práctica bastante extendida, aunque no tan descarada. Esos reclamos del 50% adquiriendo una segunda pieza, en realidad lo que aplican es un descuento global del 25% por la compra de dos unidades.

 

Se trata de un habilidoso recurso de marketing para adelantar el desembolso de los clientes comprando productos de tres en tres.

 

Y tres cuartos de lo mismo cuando se ofertan comprando tres unidades por el precio de dos: es un descuento del 33% sobre la compra. Descuentos notables, ciertamente, y aquí no hay trampa ni cartón, suponiendo, claro, que antes de esas ofertas no haya variado el precio habitual. Se trata, simplemente, de un habilidoso recurso del marketing: tan sólo busca anticipar el desembolso, porque no es muy habitual que los clientes compren latas, botellas de vino o aceite -¡y hasta los pares de zapatos!- de tres en tres. Es un recurso que favorece la financiación anticipada, porque adelanta la venta y los ingresos sin alterar sus plazos de pago. Porque juegan con margen suficiente, con el sacrificio frecuente de los proveedores, para formular estas gangas.

 

Aunque este año hay un factor nuevo -y preocupante- que ha incidido especialmente en el sector textil. A pesar de tan apabullantes cantos de sirena, las ventas han retrocedido de manera preocupante. Y las ofertas han sido, estas sí, veraces; porque el margen de beneficio ha permitido reducciones de hasta un 70%, sin originar pérdidas; tan sólo ganan menos. A día de hoy, no se trata de jugar con el cliente, incluso de favorecer la renovación de stock, sino de facturar. Esa es la necesidad más imperiosa y acuciante porque, además de los balances, la sombra de una nueva crisis parece apuntarse por el horizonte. Y no están hoy las reservas y las provisiones para muchas alegrías. De ahí que arrecien las ofertas, las gangas y los aparentes regalos. Pero, cuidado: lo que se gasta de más hoy se puede echar en falta mañana, a la hora de pagar la deuda. Y nadie llorará entonces por los pobrecitos consumidores, tan buscados hoy, que quedarán a merced de los bancos

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