¿Preparados?

16/02/2019

Creo que fue en 1996 cuando un fabricante de coches, lanzó al mercado su modelo Clio JASP (acrónimo de joven aunque sobradamente preparado). El acrónimo se puso de moda y elevó a la joven generación a un nivel de "excelencia", superior a la de sus progenitores. Y se lo creyeron. Y la sociedad también. Desde entonces, el mantra que posiciona a las nuevas generaciones como personas de cualidades excepcionales y preparación envidiable, ha crecido como algo irrefutable. Y en cierto modo es cierto, pero, no tanto como nos lo pintan.

 Sin duda las últimas generaciones han tenido mejores oportunidades y opciones para estudiar, para prepararse

de cara al futuro y formarse como profesionales muy completos, sí, pero también, muy especializados en materias concretas. A nivel de formación, poco que objetar pero, inteligencia emocional, empatía y valores de corte más humano, ideológico o reivindicativo, han quedado doblegados por el afán del éxito que, en definitiva, es sinónimo de dinero, consumo y comodidad. Cierto es también, que las nuevas generaciones han tenido un camino harto complicado, con altos índices de paro y la casi imposibilidad de conocer la independencia de vivir fuera del ámbito familiar. Asunto muy frustrante e incluso injusto, que ha conseguido, de forma sibilina, retrasar la madurez personal que, entre otras cosas, se consigue cuando uno se enfrenta a la vida desde su independencia, cuando hay que organizarse en lo doméstico, en la gestión del presupuesto para comida, para vestirse, para el ocio y tomar decisiones. Muchos jóvenes están contra las cuerdas, con títulos muy lustrosos pero desempeñando trabajos

por debajo de sus capacidades y con sueldos que rondan los ochocientos euros. Los mileuristas ya son unos privilegiados.

 

La cuestión es que, con tanta preparación, hay un porcentaje de desempleo entre los jóvenes menores de 25 años, del 33,5 %, lo que nos sitúa como el segundo país de la UE, por detrás de Grecia, con la tasa de desempleo juvenil más alta. Y de la precariedad mejor ni hablar, con trabajos a ratos o el famoso: "si no te gusta, ahí tienes la puerta", en el caso de quejas por el exceso de horas y bajos sueldos. Pero a estas generaciones de gran formación, llenas

de títulos y másteres, no se les preparó para la lucha, para reivindicar. Frente al abuso del mercado laboral y la impotencia por falta de trabajo, al menos tienen casa -de los padres- donde lo básico está cubierto y la urgencia

se hace menos agria.

 

"No supimos hacerles leer más que lo necesario para aprobar exámenes"

 

No hablo de revoluciones, pero asombra tanta pasividad en tiempos complicados para ellos donde, en otras épocas, la juventud era un ariete incómodo para los gobiernos y el poder. Sus movimientos, sus manifestaciones para conquistar derechos y denunciar injusticias, eran una voz que nunca faltaba. Ahora están muy preparados, pero

de salón, no supimos traspasar el esfuerzo, la lucha ni las inquietudes para saber más sobre el mundo en el que viven y cómo funciona. No supimos hacerles leer más que lo necesario para aprobar exámenes y nos equivocamos con rotundidad cuando quisimos "darles todo aquello que yo no tuve".

 

Hay jóvenes que sí se preocupan por sus reivindicaciones, por tener un pensamiento crítico pero, seamos realistas, son los menos. La gran mayoría centra sus preocupaciones en lo trivial, en las marcas, los últimos móviles o las tendencias. Se han vuelto conservadores con efusivos abrazos al "patriotismo barato" y una juventud donde hoy encontramos niveles preocupantes de machismo, con un número de jóvenes detenidos y denunciados, entre

14 y 17 años, que se ha triplicado desde 2009. Si a todo esto sumamos, además, los resultados de las últimas elecciones en Andalucía y el giro conservador de la sociedad, donde el voto de los jóvenes afecta bastante, la sospecha se vuelve certeza.

 

Un chico de unos veinte años, que estaba a las puertas de un acto electoral de un partido de ultra derecha antes de las pasadas elecciones andaluzas, justificaba su apoyo a esa formación con un elaborado discurso político: "Es que a mí no me gusta que se pite el himno de España, y esta gente lo hará respetar" o

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