"De brujas y revoluciones"

Marian Giménez, nacida en Madrid, en 1967, es una mujer involucrada en los temas sociales, en la lucha por la igualdad, la justicia social y en la defensa de las libertades y los derechos democráticos. Actualmente milita en

el movimiento vecinal desde su asociación en el barrio de Tetuán en Madrid y es miembro de la Junta Directiva

de la FRAVM, (Federación Regional de Asociaciones Vecinales de la CAM).

 

Ha ejercido como psicóloga en el campo de las adicciones, la mayor parte de su vida profesional. Recuerda haber escrito desde siempre, pero es ahora cuando se ha atrevido con este libro de poemas, que recoge una buena parte de su poemario.

 

 Marian Giménez acaba de presentar su libro de poemas: Brujas y revoluciones

Foto Juan Ramon Puyol

 

 

“De Brujas y Revoluciones”, es el título de tu libro de poemas. ¿Quiénes son estas brujas de las que hablas?

Las brujas fueron mujeres que cuestionaron el poder establecido, por lo tanto representaron un elemento perturbador para las élites dominantes, especialmente para la iglesia y la burguesía, en un periodo fatídico que

va del siglo XVI al XVIII. Algunos estudios históricos apuntan, a que las clases dominantes, en su intención de sofocar cualquier rebelión, consiguieron desviar la atención y poner el foco en ellas, como causa de todos los males, al igual que ahora se hace con la personas migrantes. No olvidemos que cuando acaba la quema de brujas, el Absolutismo se ha establecido por toda Europa. Fueron mujeres que se relacionaron de una forma distinta con

el conocimiento y el placer. Tendemos a pensar que la historia es algo lineal, una suerte de evolución positiva para la humanidad. No es así, lo podemos comprobar actualmente.

 

"Con el triunfo del cristianismo y su brutal represión, se persiguió todo lo que se saliera de sus postulados y creencias"

 

Con el triunfo del cristianismo y su brutal represión, se persiguió todo lo que se saliera de sus postulados y creencias. Dieron al traste con los descubrimientos científicos y arrasaron con cultos paganos, muy ligados a la tierra y sus ciclos estacionales. Estos cultos ancestrales que estaban extendidos por toda Europa, han sido mucho más liberadores que lo que vino después y más cercanos a la poesía y a la alegría. Posteriormente vino una gran oscuridad, pero ellas han sabido mantener la tradición, llegando hasta nuestros días.

Estas mujeres, eran curanderas, ayudaban en los partos, entendían de plantas medicinales y usaban su poder en beneficio de la comunidad. Es decir, transformaban la realidad social. En cierto modo se puede decir que la brujería era y es el arte de la transformación, por eso eran molestas y porque celebraban la vida; la alegría siempre es una amenaza para pensamientos autoritarios. La noción de pecado en brujería es irrelevante. Ha habido toda una perversión intencionada en la manera en cómo se nos han mostrado las brujas, sus imágenes visuales, mujer vieja y con una verruga espantosa en la nariz. Nada más lejos de la realidad. Tuvieron que ocultarse por su persecución, quizás esto es lo que las ha dotado de tanto misterio.

 

Recuerda haber escrito desde siempre, pero es ahora cuando se ha atrevido con este libro de poemas. / Juan Ramón Puyol

 

 

Y hay Revoluciones, unas pendientes, otras pasadas, cuéntanos un poco de las pasadas…

Sí, como bien dices hay revoluciones pendientes, hay toda una revolución que consiste en la igualdad y en la justicia social. Estamos en un período de involución importante, pero tenemos que estar atentos a los movimientos que se están produciendo en la actualidad. Revoluciones pasadas ha habido muchas.

 

Te diré que estuve en Nicaragua, cuando el triunfo del Frente Sandinista. Y es verdad, aquello era un hervidero de entusiasmo, de liberación, había cooperantes de todos los puntos del mundo. No olvidemos que Nicaragua es un país de poetas. Considero también revoluciones, aquellas que por supuesto han llevado un cambio profundo en

lo colectivo, como fue conseguir el voto de la mujer o la jornada laboral de ocho horas, o tener sanidad

y educación pública. Esto último en estado de precariedad en nuestro país actualmente.

 

"La falacia de los emprendedores,  es una nueva forma de auto explotación"

 

Considero que una revolución pendiente es la de los modernos esclavos, aquellos que el capitalismo ensalza como modelo, por ejemplo la falacia de los emprendedores, es una nueva forma de auto explotación. También están la esclavitud y el sometimiento de las pantallas, en todas sus formas. Por eso necesitamos la rebelión de los esclavos.

 

 La portada de su libro nos muestra un árbol que nos conecta con el cielo y la tierra.

Foto Juan Ramón Puyol

 

 

En la portada hay un árbol, esos gigantes que nos contemplan y nos ven pasar a sus pies, nos ven pasar y nos toleran. En este libro hay muchos árboles amados. Alguno conocido en el barrio y salvado de las garras del progreso. Háblanos de ellos, de la tierra…

Sí, el árbol nos conecta con el cielo y la tierra, dos energías necesarias para nuestro equilibrio. Pisar la tierra y estar enraizados y a la vez soñar, elevarnos. Sabemos que hay árboles con miles de años. En cierto sentido son seres eternos. Hay algunas teorías que apuntan a que se hablan entre ellos, como si tuvieran un código que les permite incluso avisarse de los peligros. Son estos árboles los que nos proporcionan oxígeno, sombra, humanidad.

Tenemos que protegerlos de nosotros mismos. Por toda la tierra se están destruyendo bosques enteros. El cambio climático tiene que ver con la exterminación del bosque.

 

En nuestro barrio, tenemos a la Morera, un árbol viejo y añoso, que sigue dando unas estupendas moras en verano, pero que los vecinos cuidamos y de momento protegemos para salvarla de la expropiación. Querían destruirla, y para ello la habían catalogado como ailanto. No tenemos nada en contra del pobre ailanto, que ahora se le pretende quitar por ser una especie invasora. Pero esta catalogación favorecía que lo arrancasen. La Morera de la calle Alberdi se ha convertido en uno de nuestros símbolos de lucha vecinal.

 

"Las fosas comunes, son las muertes anónimas. Nuestro destino es encontrarlos porque continúan vivos en muchas memorias"

 

Hay memoria, hay almas, y hay huesos. ¿Qué hacemos con la memoria?

La Memoria de aquellos y aquellas que la dictadura franquista eliminó en el ejercicio de un poder criminal y asesino que pretendía borrar toda huella y vestigio de libertad y por supuesto de los nombres de todas estas personas que por militar en un partido político, sindicato o simplemente por ser diferente, se las asesinó.

Las fosas comunes, son las muertes anónimas. Nuestro destino es encontrarlos, porque continúan vivos en muchas memorias y también como escribo en el poema el destino de ellos es que los encontremos.

No puede haber reparación ni reconciliación, porque los huesos continúan tirados por ahí. Necesitan que se les ponga nombre y se recuerde su historia. No es revivir heridas, es curarlas. Ellos reclaman su lugar y nosotros debemos trabajar para dárselo. Es infame que sigamos así.

 

En este libro hay palabras mágicas. Palabras escogidas por ti, en un bosque húmedo y maternal. El bosque de la poesía, misterioso, en el que te adentras a recolectarlas. ¿Cuáles son esas palabras?

Son las palabras del viento, del agua, de la tierra que nos susurran como crece la hierba y caen en otoño las hojas. Son las palabras del monte y del gran río que nos anuncian la tormenta y el relámpago. Es la palabra del amor y del misterio, que viven en nosotros y en los bosques. Es la diosa luna con su luz particular que nos deslumbra. Es la palabra que nos concede humanidad y nos hace dignos de ella. Las guardas por ahí dentro, las atesoras, las mimas, las amas… Por ejemplo el agua. Un océano de agua fresca en su punto de sal.

 

En su libro recoge palabras mágicas de un bosque húmedo, misterioso y maternal, es el bosque de la poesía.

Foto Juan Ramón Puyol

 

 

Háblanos de lo femenino que tú asocias al agua.

Del océano primordial, salió la vida. Y la vida de los seres humanos se gesta también en un océano de agua femenina. El agua es un elemento que discurre en la naturaleza, no está quieto. Lo femenino es un poco así.

Quizás nuestra biología y nuestros ciclos menstruales como mujeres están más en sintonía con esta agua que produce vida. Y es de este baile continuo, conectado con las mareas oceánicas y la luna, el que nos ofrece la mejor versión de nosotros mismos y de lo femenino.

 

También se habla del progreso. Casi siempre aparece para dañar a un árbol, a una Persona, a todos.

¿Qué hacemos con eso?

La idea de progreso y crecimiento en el capitalismo aparecen unidas. Creo que hemos perdido el Norte. Se trata de que ambos aspectos se han unido y descontrolado y se les sigue teniendo como horizonte. Esa parte del progreso voraz que nos deshumaniza, por ejemplo, la insistencia en las nuevas tecnologías, como el nuevo dios al que hay que seguir o la insistencia en la formación y en la actualización de conocimientos de manera loca y desbordante

a la que nos someten. No es progreso, es alienación.

 

¿Y con la cultura? ¿Qué pasa con la cultura popular? ¿Dónde está?

La cultura popular se sigue haciendo en los barrios de nuestras ciudades o pueblos. En rincones donde alguien

o muchos se ponen a imaginar sueños. El baremo de lo que es cultura o no lo dictan las élites y el capitalismo.

Por eso es muy importante que defendamos los grupos de teatro que se organizan, trabajan y se divierten en nuestros barrios, o las personas que escriben, pintan y diseñan artesanía. Todo eso hay que `ponerlo en valor

a través de un tejidos asociativo y organizado, que lo muestre y lo visibilice.

 

 Foto Juan Ramón Puyol

 

Hay en tu libro una revolución que lo atraviesa todo, la revolución femenina. ¿Cómo la ves ahora?

En esa revolución femenina y feminista con frecuencia echo en falta que se defiendan a las mujeres de clase trabajadora, a las peor tratadas, a las que están invisibles, a las que no hacen nada más que currar y trabajar para poder a penas mantenerse ellas y sus hijos. A veces nos perdemos con debates, a mi juicio, un tanto inútiles, que no ayudan a transformar la realidad social o si ayudan es para sectores de mujeres, incluso hombres que ya parten de una clase social acomodada. Estos debates producen opacidad en lo esencial y permiten que se cuelen los intereses de la burguesía, como por ejemplo los vientres de alquiler. Nos tenemos que poner a hablar en serio, algún día, de las condiciones laborales de las limpiadoras y de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico. Creo que no es positivo estar haciendo de forma continuada grupos exclusivos de mujeres, pareciera que nos estamos confrontando continuamente con los hombres. Hay un abuso de la palabra empoderamiento. Creo que

se ha conseguido justo lo contrario, vaciarla de poder.

También esa tendencia un tanto infantil y reactiva de estar hablando en femenino todo el rato. Estoy de acuerdo con el lenguaje inclusivo y de que nos nombremos todos y todas.

 

"Es que no hay nada que se haga solo. Es el trabajo colectivo el que trae cambios. Lo de todo es posible con nuestro esfuerzo individual, el sueño americano, es mentira"

 

Pasas del universo femenino y natural al barrio, la ciudad que nos rechaza. Hablas de Lo colectivo, la gente, el barrio. ¿Está ahí la solución? ¿Es ese el campo donde nos jugamos la libertad?

Es que no hay nada que se haga solo. Es el trabajo colectivo el que trae los cambios. El trabajo colectivo no significa grandes masas de personas. Significa gente organizada y con estructura que tenga un horizonte al que dirigirse. Nos han inoculado el veneno de que todo es posible con nuestro esfuerzo individual, el sueño americano. Es mentira, cualquier cosa que nos rodea, es fruto de un trabajo de unos cuantos que han estado ahí y lo han hecho posible. Ese es el campo donde nos jugamos la libertad. A ver si somos capaces de tener una izquierda organizada y sin luchas fratricidas o

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