Expulsados del tiempo

06/01/2019

En estos días, alguien cercano mencionaba que nos están expulsando de los sitios, de nuestros lugares habituales

y por lo tanto de aquellos espacios temporales que conforman nuestra identidad, formas de ser y sentir de manera colectiva y lo más importante, de aspectos fundamentales para nuestra vida diaria y sostenimiento.

 

La tendencia es entonces: ¡Gestión, Gestión!

 

Nos expulsan del trabajo, de nuestras casas, de nuestros barrios, de la sanidad y educación pública. Somos conocedores de que primero deterioran y luego viene la patada definitiva. Es un mobbing sistémico. Disculpen ustedes la petulancia, les aseguro que está cargada de ironía.

 

Han conseguido robarnos la conciencia de clase y crear una especie de espejismo. En su mejor acepción, hemos pasado a ser gente, usuarios, personas con pobreza energética y con riesgo de exclusión social y o en vulnerabilidad. En el peor de los casos, la cosa está muy cerca del insulto y ofensa: ilegales, sin papeles.

La realidad es que son pobres y nos han empobrecido. Así, sin más.

 

Expresiones como, gestión del tiempo o gestión de las emociones, gestión de grupos, están absolutamente interiorizadas de forma individualista, sin corte de clase. Todo pasa a ser una cuestión de saber o no saber hacer. Fíjense la cantidad de tutoriales, “hágaselo usted mismo”, que están por internet. La tendencia es entonces: ¡Gestión, Gestión! Últimamente podríamos sumar a esto: ¡España! ¡España! Y esto ya sí que es muy serio. Se trataría de la gestión de la libertad de nuestro país, en un espacio y tiempo uniforme.

 

Disculpe: Váyase usted, a la mierda. Soy de clase trabajadora.

 

El capitalismo manda y ordena como y de qué manera debemos utilizar el tiempo. En el siglo XIX, con la revolución industrial en Inglaterra, la clase obrera desfallecía en las fábricas. Vivimos en el tiempo de las app y aplicaciones por internet, del whatsapp, correo electrónico, pantallas por todos los lados y por supuesto espantosos seriales de tv que nos muestran a un grupo de personas viviendo en un mismo espacio, haciendo cosas y donde muchos observan detrás de la gran pantalla. ¡Mejor imposible!

 

Ahora ustedes añadan, la cantidad de imperativos saludables que se nos exigen: Camine una hora diaria, no fume, no beba. Relaciónese, salga. Haga cosas que le gusten. Tiene que estar enterado de la última tendencia y película que se precie. Estudie. Trabaje duro. Hágase emprendedor. Ah, se me olvidaba: Dieta sana.

Disculpe: Váyase usted, a la mierda. Soy de clase trabajadora.

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