La capital a colores que pedalea

11/12/2018

Es la capital de Alemania y la ciudad de las bicicletas, donde a diario, se realizan más de medio millón de desplazamientos a pedales. Esto es muy llamativo, pero Berlín atesora mil historias que lo convierten en un lugar fascinante, lleno de vivencias, con colores en sus tranvías, grafitis, museos impresionantes y crisol de culturas.

 

El Bundestag en Berlín, órgano legislativo de la República Federal de Alemania donde está representada la voluntad del pueblo / J.Becerra

 

Es difícil intentar resumir cómo es y lo que ocurre en Berlín. Una ciudad abierta que escapa de los tópicos alemanes, con una enorme mezcla cultural donde todos tienen cabida. Gente amable con el forastero y una excelente red de transportes públicos, la convierten en una ciudad accesible aunque no hables alemán. El español se oye en muchas partes y lo mismo ocurre con otros idiomas que aquí conviven.

 

Berlín es la capital de Alemania y uno de sus dieciséis estados federados. Atravesada por los ríos Spree, Havel, Panke, Dahme y Wuhle, cuenta con una población de 3,5 millones de habitantes. Sus orígenes se remontan a 1307, cuando dos pueblos, Berlín y Cölln, se unieron en un solo poblado de 7.000 habitantes. En 1415, es elegida capital del Margraviato de Brandeburgo, uno de los Estados del Sacro Imperio Romano Germánico. Fue sucesivamente capital del Reino de Prusia (1701-1918), de la República de Weimar (1919-1933) y del Tercer Reich (1933-1945).

 

En 1990 y tras la reunificación, la capital del país se trasladó de Bonn a Berlín.

 

Después de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue dividida; la parte este se convirtió en la capital de la República Democrática Alemana, mientras que la oeste quedó como un enclave de la República Federal Alemana

en el interior de la RDA. En 1990 y tras la reunificación, la capital del país se trasladó de Bonn a Berlín.

Durante la Segunda Guerra Mundial, gran parte de la ciudad fue destruida por los bombardeos aéreos de británicos y estadounidenses, a lo que se sumó la lluvia de pólvora infligida por los rusos en la batalla final de Berlín.

Muchos edificios y lugares históricos, como la Potsdamer Platz y el Reichstag, han sido restaurados con fondos públicos y europeos como el programa URBAN, en el que se incluyeron los distritos de Prenzlauer Berg, Friedrichshain y Weissensee.

En 1961, Alemania Oriental levantó el Muro de Berlín para separar las dos partes de la ciudad y acabar con la emigración de alemanes del este hacia el oeste. El muro fue uno de los símbolos más conocidos de la Guerra Fría. El 9 de noviembre de 1989, comenzó su derribo y un año después, la RDA desaparece y se anexiona a la Alemania Federal.

 

Ojo con las bicis

Una de las primeras impresiones que se lleva el visitante, es el gran número de bicicletas que ruedan por las calles de Berlín. Se calcula que medio millón de desplazamientos se hacen a diario dando pedales. Unas 16.000 bicicletas son de alquiler y los tour en bici son muy demandados. Aunque hay tráfico de coches, no se ven ni atascos ni aglomeraciones en semáforos o pasos de cebra. Pero con tantas bicicletas circulando, uno debe estar atento, aparecen por todos lados y como son silenciosas, te pueden llevar por delante. Suelen ir con cuidado, pero no faltan las que aparecen a toda velocidad, como le sucedió a quien escribe que, por centímetros, no fue atropellado en una acera de Rosenthaler Platz.

 

Uno de los espacios para aparcar las bicicletas junto a un intercambiador de transporte público. / J. Becerra

 

 

Una ciudad para descubrir

Berlín tiene varios puntos neurálgicos entre los que destaca Alexanderplatz, que fue el centro del Berlín Este. Junto a esta gran plaza, se erige uno de los símbolos de la urbe como es la torre de telecomunicaciones, de 368 m de altura y esfera en la punta, puede ser vista desde casi cualquier punto de la ciudad. Construida en 1960, cuenta con un restaurante panorámico que gira sobre sí mismo y a partir de unos 35 € por persona, se puede subir y comer. Otro punto de encuentro es Potsdamer Platz que en 1920 fue uno de los puntos de referencia en Europa. Ahora cuenta con modernos centros comerciales y edificios que dibujan el nuevo skyline de Berlín.

 

Torre de telecomunicaciones e iglesia evangélica protestante

de Santa María (St. Marienkirche). / J. Becerra

 

 

Lo mejor para descubrir la ciudad, es caminar, dejarse llevar y ser curiosos. De esta forma, se pueden encontrar patios interiores y galerías de distinta índole que no suelen salir en las guías. Si no se escoge pleno invierno para ir, la temperatura no es excusa para gastar suelas. Así es posible llegar a callejones como el que alberga el Museo Otto Weidt, un taller donde trabajaban ciegos y sordos; durante el Holocausto, Weidt salvó a sus empleados judíos

y fue reconocido como Justos entre las Naciones. También está el Centro Ana Frank que cuenta su historia personal, es un homenaje, Ana Frank nunca vivió en Berlín.

Las paredes del callejón están llenas de murales y grafitis, algo que se repite por toda la ciudad. Es la expresión del inconformismo.

 

Noche oscura

La noche de Berlín es oscura, sus calles tienen una iluminación tenue. A las ocho de la tarde el comercio cierra

y el ajetreo disminuye convirtiéndose en una ciudad sosegada que sigue a pedales, de noche, las bicicletas y sus pequeños focos, parecen luciérnagas de un lado para otro. Es el momento de bares y restaurantes. Abiertos desde las 11 o 12 de la mañana, no cierran y se puede comer a cualquier hora. Predominan los locales italianos, kebab, mexicanos, asiáticos y orientales. En un restaurante de aspecto típico alemán, una señora china me preparó un buen codillo. Y en una zona repleta de restaurantes, en el barrio de Friedrichshain, pregunté en una panadería si conocían un restaurante alemán por la zona, la dependienta pensó un momento y me dijo: "lamentablemente, no sé, en realidad no creo que haya uno por aquí." Minutos después y escrutando todos los restaurantes de alrededor, pude encontrar una estupenda Schnitzel, un plato de origen austríaco con gran arraigo en Alemania. Pero fue en el restaurante “Cayetano”, que ofrece una carta tan cosmopolita, que hay paella, espaguetis o sopa de gulash. Estaba muy bien de calidad, atención y precio. Días después encontré un auténtico restaurante Alemán, el Restauration 1840, cerca de Hakescher Markt, gran hallazgo.

Hay que destacar la gran variedad de cervezas y a cuál más buena, aquí lo de la "cañita" hay que olvidarlo, las medidas son diferentes y la cerveza más pequeña, viene en un vaso grande.

 

Plato de Schnitzel con patatas fritas, huevo, ensalada y cerveza pequeña. / J. Becerra

 

 

En la mayoría de los restaurantes italianos, asiáticos u orientales, el self service es lo que manda. Un poco complicado ya que uno debe decidir sobre los gramos de pasta que va a querer, el tipo de pasta, el tipo de salsa

y el tipo de ensalada -en el caso italiano-, una vez hecha la ecuación, pides en el mostrador y luego recoges la bandeja para llevarla a la mesa. En un asiático a la luz de las velas -están de moda los fideos en sopa-, me dieron una especie de cartilla con letras muy pequeñas para apuntar tu pedido, si no tienes la vista de lince, se torna imposible. En todo caso, para ataques de nostalgia, hay bares de tapas españoles, pero la gracia es probar y conocer otras comidas, ir a Berlín para terminar de pinchos de tortilla o croquetas, es un rotundo fracaso para el aventurero. En Berlín, sin problemas, se puede comer de todo y a precios muy razonables. Ya para cerrar el "apartado gastronómico", destacar los buenos desayunos que uno puede disfrutar en cualquier Bäckerei (panadería). Los panecillos elaborados con mimo, se muestran orgullosos ante nuestra vista, vegetales, de pollo, de pescado o cómo tú lo quieras. Y si te va más el dulce, las tartas y pasteles alemanes están de escándalo.

 

Desayuno en una Bäckerei con panecillo (brötchen) de queso, lollo, pimiento y mantequilla.

Bollo, zumo y café con leche. / J. Becerra

 

 

Consumismo verde

Berlín destaca por sus movimientos ecologistas, por lo alternativo e incluso lo espiritual. Pero choca un poco ver como todo ese discurso y los múltiples intentos por llevar adelante una vida verde, se ven rotos por el alto consumo de vasos de plásticos para bebidas, café o infusiones, al más puro estilo americano. Lo mismo ocurre con los recipientes de comida para llevar, hechos a base de plástico. Cierto es también, que en muchos supermercados, tiendas y puntos de la ciudad, hay máquinas para reciclar botellas de plástico o cristal. Por cada envase te devuelven dinero que en realidad ya has pagado al comprarlo, 8 y 15 céntimos en los envases reutilizables y 25 céntimos en los de un solo uso. Debido a los céntimos de los envases, se puede ver a personas sin recursos recogiendo cascos en las terrazas de bares y restaurantes, mucha gente deja sus botellas en las mesas para que las puedan reciclar los más desfavorecidos.

 

El transporte público funciona como un reloj y permite llegar sin problemas

a cualquier punto de la ciudad

 

Transporte público

Aunque el metro de Berlín es antiguo, es uno de los más funcionales y prácticos de Europa. Las estaciones se reconocen por la U en grande (Untergrund, que significa subterráneo). Junto con el tranvía y los autobuses, forman una red de transporte que funciona como un reloj que permite llegar sin problemas a cualquier punto de la ciudad. Hay distintos tipos de billete y por zonas, desde el sencillo que dura dos horas y cuesta 2,80 €, hasta el abono de siete días que cuesta 30 €, pasando por el abono diario que cuesta 7 € (zona A y B). Los billetes se compran en máquinas en las estaciones -están en distintos idiomas- o en tiendas a la entrada del metro. El sistema funciona validando el billete; en cada estación, incluso en el mismo vagón del metro, tranvía o bus, hay unas maquinas para introducir el tique para que lo pique, es una forma de controlar el tiempo de duración del billete, si no lo haces y te lo pide un revisor, te puede caer una multa de 60 €.

 

Estación del metro de Berlín un domingo por la mañana. Entre semana va más lleno. / J. Becerra

 

 

¿Qué ver?

Todo dependerá del tiempo que estés en la ciudad y tus gustos. Pero hay puntos claves que no te deberías perder, aunque sean típicos tópicos.

 

El Muro de Berlín.

En Mühlenstrasse, queda más de un kilómetro de muro que se ha convertido en la East Side Gallery, una galería de arte con murales y grafitis sobre restos del Muro. Hay auténticas maravillas y es la manera de ver, en primera persona, el llamado "muro de la vergüenza".

 

Casi un kilómetro y medio de muro se conserva en la calle Mühlenstrasse.

Se ha convertido en una galería de arte al aire libre con murales

y grafitis realizados por más de 130 artistas de distintos países. J. Becerra

 

 

La Puerta de Brandeburgo, lugar histórico situado en tierra de nadie durante la división de Berlín, hoy es símbolo de la reunificación del país. En la Puerta de Brandeburgo, arranca amplia la Avenida Unter den Linden (bajo los tilos), el principal bulevar de la ciudad que comienza en la plaza de París, donde se encuentran la Academia de Arte, el conocido Hotel Adlon y las embajadas de Francia y Estados Unidos. Recorre 1,5 km hasta el puente Schlossbrücke que une la Isla de los Museos y el centro este de Berlín. En una plaza adyacente a la avenida, se halla la catedral católica de Berlín, justo entre la Staatsoper y la Kommode.

A pocos metros de la Puerta de Brandeburgo, está el Reichstag que desde 1999 es la sede del parlamento federal, el Bundestag. Para su reconstrucción solo se dejaron los muros exteriores, el interior es totalmente nuevo. Su cúpula de cristal es accesible al público y ofrece una magnífica panorámica de la ciudad.

Próxima al Bundestag se encuentra la Siegessäule (Columna de la victoria), un monumento de 69 m de altura clavado en el parque Tiergarten y que conmemora las victorias alemanas en el S XIX. En lo alto, una estatua de Niké, diosa griega de la victoria. Es posible subir, como lo hicieron los ángeles en la película ¡Tan lejos, tan cerca! del director alemán Wim Wenders.

 

Uno de los iconos de la capital, la Puerta de Bradenburgo. / Ondrej Zvaceck

 

 

"Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas" (Heinrich Heine)

 

Cerca de la puerta de Brandeburgo, se encuentra el Memorial del Holocausto. Son 2.711 bloques de hormigón que recuerdan los horrores del Holocausto judío. El monumento fue diseñado por el arquitecto estadounidense de origen judío, Peter Eisenman. Merece también una visita la Bebel Platz, célebre por ser el lugar donde el 10 de mayo de 1933, los camisas pardas y las Juventudes Hitlerianas, instigados por Joseph Goebbels, quemaron alrededor de 20.000 libros. Justo en el lugar de la quema, hay un recordatorio, un cristal que cubre estanterías de libros vacías

en el subsuelo y una placa con una cita premonitoria de Heinrich Heine, que en 1817 escribió: "Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas." La plaza está junto a la Staatsoper, a los edificios de la Universidad de Humboldt y a la Catedral de Santa Eduvigis, la iglesia católica más antigua de Berlín. Y hablando de catedrales, se sea creyente o no, hay que visitar el Berliner Dom (Catedral de Berlín) de la Iglesia Evangélica protestante. Fue construida entre 1895 y 1905 bajo el mando y diseño del arquitecto alemán, Julius Raschdorff, en estilo neobarroco.

 

Arriba Bebel Platz con la Catedral Católica Santa Eduvigis -de techo verde- al fondo. / Wikimedia

Abajo Catedral de Berlín (Berliner Dom). / J. Becerra

 

 

Mercadillos

Hay muchos y diferentes mercadillos como los Trödelmarkt y Flohmarkt, tipo Rastro o mercadillos sin más, y los Antikmarkt, mercados de antigüedades. En los Flohmarkt hay principalmente ropa, zapatos, muebles, libros, discos, CD... es donde la gente vende lo que ya no necesita. Los Trödelmarkt son similares, aunque más especializados en artículos antiguos o de la RDA. Son una buena alternativa para pasear y hacer compras curiosas, los mercadillos están llenos de color y buen ambiente.

 

Mercadillo de Boxhagener Platz / J. Becerra

 

Ve al mercado de Boxhagener Platz si quieres encontrar antigüedades, arte, artículos de la RDA o ropa de segunda mano. En Schöneberg, delante del ayuntamiento y donde John F. Kennedy pronunció su famoso discurso el 26 de junio de 1963, hay libros, artículos para el hogar, juguetes y ropa. El mercado de antigüedades de Ostbahnhof es especialmente conocido por sus postales y monedas antiguas. En Straße des 17 Juni está el mercado más grande

y antiguo de Berlín. El mercado de Mauerpark también es muy conocido, con artículos extravagantes, cocina de todo el mundo y música. En su gran mayoría solo funcionan los sábados y domingos entre 09:00 y 18:00 h.

 

Una capital cultural

Esta ciudad ha sido y es, sinónimo de cultura, arte, vanguardias y movimientos alternativos. Se ha consagrado como una de las capitales culturales de Europa por su concentración de museos, bibliotecas, galerías y eventos de gran categoría. La ciudad alberga la Orquesta Filarmónica de Berlín - considerada como una de las mejores del mundo -, así como una importante actividad lírica en la afamada Ópera Alemana (Deutsche Oper Berlin). En el ámbito teatral es sede del legendario Berliner Ensemble y no podemos dejar de citar su prestigioso Festival Internacional de Cine Berlinale. Grandes figuras de la música pop y rock han pasado por Berlín para grabar en el famoso Hansa Tonstudio debido a Las extraordinarias propiedades acústicas de la Meistersaal, una enorme sala que propicia un sonido sombrío, a la vez que robusto, que ha dado a las grabaciones del estudio un estatus legendario. Aquí grabaron artistas como: Tangerine Dream, David Bowie, Brian Eno, Iggy Pop, U2, Nick Cave and the Bad Seeds, Depeche Mode, R.E.M., Snow Patrol... y en 2017, el grupo español, Vetusta Morla, grabó su álbum: "Mismo sitio, distinto lugar."

 

 

Arriba Grafitis y bicicletas abundan en la ciudad.

Abajo Las calles están llenas de vida y artistas callejeros. / J. Becerra

 

 

Museos

Berlín alberga más de 365 museos, cinco de ellos, en la Isla de los Museos, un enclave declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que en 1841 fue nombrado “distrito del arte y las antigüedades” por un decreto real. Aquí se encuentran el Altes Museum (Museo Antiguo), el Neues Museum (Museo Nuevo) que muestra el busto de

la reina Nefertiti, la Antigua Galería Nacional de Berlín, el maravilloso Museo de Pérgamo y el Museo Bode.

 

 

Arriba Antigua Galería Nacional en la Isla de los Museos.

Abajo Tour en barco por el río Spree. / J. Becerra

 

 

Berlín es una ciudad infinita que palpita con sosiego pero enérgica, una de las capitales más influyente en el ámbito político de la UE. En 2006 fue elegida Ciudad Creativa por la Unesco y en 2009 recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Sirvan estas pinceladas para despertar las ganas de viajar, sé que ha sido un intento frustrado de acercaros al latir de esta ciudad, hay tanto que ver, tanto que hacer, que lo mejor es que la descubráis vosotros mismos. 

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