El Mercado Central un orgullo santiaguino

12/11/2018

El Mercado Central de Santiago de Chile, está enclavado en el centro histórico de la capital.

Es un templo gastronómico del marisco, la comida tradicional criolla y orgullo de los santiaguinos. Inaugurado en septiembre de 1872, acaba de cumplir 146 años.

 

 Fachada principal y alrededores del Mercado Central de Santiago. / Paulo Nogueira

 

Una vieja tradición chilena, dice que no hay mejor antídoto para una resaca que comer un mariscal, un plato frío compuesto por: almejas, choritos (mejillones), machas (un molusco típico de la costa occidental de América del Sur), colitas de camarones (gambas peladas), vino blanco, cebolla, dientes de ajo, perejil, ají amarillo, sal y pimienta. Otra opción es la paila marina que se sirve caliente con sus almejas, choritos, navajuelas, machas, picorocos (crustáceo del sur de Sudamérica), piures (una especie de urocordado muy típico en Chile), congrio o salmón, vino blanco, caldo de pescado y especias.

 

Con estas recetas, el chute de yodo está garantizado y junto a un sabor a mar intenso, son un excelente trampolín hacia el buen ánimo

 

Con estas "recetas", el "chute" de yodo está garantizado y junto a un sabor a mar intenso, son un excelente trampolín hacia el buen ánimo, sin duda, la resaca toma otras dimensiones y se hace mucho más llevadera. Y por descontado, los amantes del marisco se pueden dar un festín de sabores intensos. Para los españoles, buenos amantes de las mariscadas, pescaditos fritos y otras tantas delicias del mar, estos platos chilenos nos ofrecen una serie de sabores nuevos que solo se pueden probar en aquellas tierras, especies como el piure, los picorocos, las machas, el ulte o el cochayuyo, en España no existen.

 

Arriba Mariscal frío.

Abajo Plato de Piures. / D. Ferreiro

 

Para poder encontrar esta "medicina" tan sana y natural, nada mejor que acudir al Mercado Central

de Santiago, donde restaurantes y puestos se acomodan, unos junto a otros, para ofrecer sus especialidades.

El edificio cuenta con dos pisos y alberga 241 locales entre restaurantes, botillerías (venta de bebidas alcohólicas), carnicerías, hierberías (venta de hierbas medicinales), panaderías, pescaderías, marisquerías, queserías, fiambrerías (charcuterías), tiendas de abarrotes (ultramarinos), panaderías, venta de empanadas chilenas, farmacia, locutorio, joyerías, artesanía y oficina de turismo. Toda esta oferta de servicios, da trabajo a casi 800 personas y el mercado permanece abierto todos los días del año.

 

¿Dónde comer?

Nada más asomar la nariz por las instalaciones, recibes "la mejor oferta" a voz en grito por parte de los camareros de los distintos restaurantes, algo muy usual en Chile: vocear los productos en venta, ya sea en ferias (mercadillos en la calle), en autobuses y metro por parte de los vendedores ambulantes o en los diversos puestos de venta

y restaurantes del Mercado Central. Por la falta de costumbre, al principio uno se puede atosigar, pero no deja

de ser algo típico y pintoresco. Además, en España, en los mercadillos, hay situaciones muy parecidas y ya estamos entrenados. Lo más recomendable, es dar una vuelta primero, recorrer el mercado, ver los puestos de productos

y con tranquilidad elegir dónde comer mientras descubrimos una serie de personajes tan auténticos como divertidos.

 

Personajes variopintos transitan por el mercado, simpáticos y divertidos.

 

En la parte principal hay varios restaurantes entre los que destacan Donde Augusto y La Joya del Pacifico, que

se nos presentan mucho más "preparados" que el resto, quizá los más bonitos pero a la vez, mucho más caros amparados en la fama que tienen, pero ofrecen los mismos platos que el resto. Algo similar ocurre con El Galeón, justo en la entrada principal del mercado. Según cuentan los propios santiaguinos, son restaurantes que se "han subido a la parra" y han ajustado sus precios de cara al turista, e incluso, que han mermado la calidad de su oferta.

Si seguimos por los pasillos adyacentes, encontraremos algunos restaurantes pequeños con dos o tres mesas, bastante precarios y de los que no podemos ofrecer una opinión certera, aunque nos dicen que en algunos casos no son recomendables.

 

Arriba Entrada principal del Mercado Central.

Abajo Fuente en el centro del mercado. / Maskao

 

 

Chile tiene un litoral de 4.300 kilómetros y gran abundancia de peces, sin embargo, no

son muy aficionados al pescado

 

 

En la puerta trasera del mercado, hay sitios más discretos pero que valen la pena, están limpios y sin lujos, atendidos por sus dueños ofrecen una relación calidad-precio inmejorable como es el caso de: Tío Lucho y Tío Willy. En ellos podemos probar alguna variedad de ceviche, las típicas machas a la parmesana o el pastel de jaibas (una especie de cangrejo de mar). Y todo muy fresco, debido a que los productos suelen ser comprados en los mismos puestos de pescados y mariscos del mercado. La oferta es amplia tanto en mariscos, pescados y platos típicos chilenos como la cazuela de ave o de ternera, pastel de choclo (maíz), churrascos, carnes, etc.

Un apunte curioso, Chile tiene un litoral de casi 4.300 kilómetros y gran abundancia de peces, sin embargo, a diferencia de los españoles, no son muy aficionados al pescado, y si uno lo pide a la plancha, se puede llevar

una "sorpresa" porque lo hacen con mantequilla, ojo.

 

Una jaiba

 

En Chile se come mucha carne y lo más típico es hacer asados en casa. Cualquier celebración se resuelve con un asado de carne y choripan (chorizo con pan) básicamente, acompañado por ensaladas de distintos tipos siendo las más populares las de tomate y cebolla o lechuga con palta (aguacate) e incluso apio. También son de gran éxito unas salsas como el pebre hecha con cilantro, tomate, cebolla, ajo y ají verde (guindilla) y todo picado muy fino.

 

Pero volvamos al Mercado Central.

Para empezar, aparte de los entrantes, se suele pedir una bebida típica como es el pisco sour, un cóctel preparado con pisco y zumo de limón o una vaina, otro cóctel con vino dulce, coñac, malta o vermut blanco, yema de huevo y espolvoreado con un poco de canela encima. Dicen que es para abrir el apetito, pero cuidado porque tienen una alta graduación alcohólica y están muy buenos.

En cuanto a la elección de los vinos, en Chile no hay problema, es un país que produce excelentes caldos y es muy recomendable probarlos.

 

Tocar para ampliar

Vendedor frente a su puesto de pescados y mariscos. Izquierda Detalle de un puesto con pulpo, almejas y ostiones (vieiras). Restaurantes en la zona principal del Mercado Central, cobijados por una maravillosa estructura de hiero.

 

 

En el mercado hay todo un mundo que ebulle entre vendedores y restaurantes, camareros captadores, turistas nacionales y del extranjero más los propios santiaguinos. En el centro de este frenético ajetreo, destaca una fuente, un escultura de una mujer con un cántaro al hombro y una concha en la mano por la que vierte el agua. Pero también en los alrededores del mercado hay un constante trasiego de vendedores y tiendas.

 

La estructura de hierro, fue fundida en Glasgow y la cubierta necesitó

de 34.000 pernos para ensamblarla

 

  

Un poco de historia

Las obras de construcción del Mercado Central de Santiago, que reemplazó la antigua Plaza de Abastos, destruida por un incendio en 1864, se iniciaron el año 1869. El diseño elegido para el edificio, realizado por Edward Woods

y Charles Henry Driver, fue una planta cuadrada con una estructura central de hierro que fue fundida en Glasgow (Escocia). Esta estructura cubría un espacio interior creado por un perímetro de ladrillo, diseñado por Manuel Aldunate y Avaria, afamado arquitecto de la época. La construcción estuvo a cargo del arquitecto Fermín Vivaceta

y se finalizó el 23 de agosto de 1872, siendo inaugurada el 15 de septiembre del mismo año y durante la Exposición Nacional de Artes e Industrias.

 

 

Arriba Dibujos originales del diseño de la estructura, realizados por Woods y Henry Drive.

Abajo Fuente y vista general de la estructura de hierro del Mercado.

 

 

Desde que fue inaugurado, el edificio ha conocido diversas modificaciones. En 1884, se alzo un segundo anillo perimetral de ladrillo que ocupan en la actualidad los puestos de pescados y mariscos. En el año 1900, se hacen

las obras de instalaciones eléctricas para dotarlo de luz y electricidad, se le agregan más puestos, lavabos, urinarios y sistemas de lavado para los pescados y mariscos. Entre 1927 y 1930, se derribó el frente norte debido a la ampliación de la calle Ismael Valdés Vergara.

 

En 1983, la Municipalidad de Santiago efectuó la restauración del edificio incorporando dependencias para

la Administración del mercado y el 15 de junio de 1984, fue declarado Monumento Histórico.


En mayo de 1990, la Municipalidad vende las instalaciones a los propietarios de los locales que se asocian en copropiedad y en 1997, su entorno queda protegido con la declaración de zona típica o pintoresca. En 2011, la revista National Geographic lo incluye en su lista de los 10 mejores mercados del mundo.

 

 Aspecto de uno de los exteriores del edifico en 1915

 

  Considerado uno de los edificios públicos más hermosos de su época, el Mercado Central de Santiago representó un hito fundamental en lo que era la periferia norte de la incipiente ciudad. De estilo neoclásico, se construyó al borde de la ribera sur del Río Mapocho, en una explanada frágil debido a los desbordes fluviales. Este problema se corrigió al encauzar las aguas mediante trabajos de obra civil.

 

El Mercado Central de Santiago es un lugar de visita obligada y permanece abierto todos los días del año con horarios variables según los días; de lunes a jueves de 06:00 a 17:00 h, viernes de 06:00 a 20:00 h, sábados

de 06:00 a 18:00 h y domingos de 06:00 a 17:00 h. Así es que si estáis por Santiago, no os lo perdáis o

Delmiro Ferreiro

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