Subidones

02/10/2018

Con el otoño llegan las subidas. De precios, claro. ¿Qué digo? ¿Subidas? No: subidones. Es que no fallan. Este año están aquí, entre nosotros, con especial virulencia. Ha subido todo: desde el gasoil hasta la luz, de la carne a los productos de verdulería. Que la fruta y las verduras suban de precio puede tener un pase con los cambios climáticos que nos macha-can en los tiempos que corren. Pero lo de los carburantes no tiene justificación por

más que nos lo expliquen. Y encima se empeñan en que nos lo creamos. De premio, vamos.

 

Vayamos con el gasoil. Como el objetivo apunta a desactivar la venta de este tipo de vehículos, se sube el precio del carburante... et alia jacta est. El perjuicio que se ha causado a los concesionarios de automóviles es tremendo. Aunque no es nada comparado con las banderillas negras con que se ha castigado a los usuarios. A este paso, con otra audaz decisión conseguirán que nadie coja el coche -ni de gasolina: solo híbridos y eléctricos- y que todos nos desplacemos sobre patinetes, que apenas consumen y no contaminan.

 

 

 

Pero es que llueve sobre mojado. Quizás haya observado el lector que, tradicionalmente, cuando sube la gasolina,

o cualquier otro combustible, la repercusión al alza es inmediata. Y esto venía siendo así desde los tiempos de Franco. Pero cuando bajaba -o sigue bajando, pero poco- el barril en origen, esa bajada no se nota por activa ni por pasiva a la hora de llenar el depósito. Vamos a ver: ¿es esto normal? ¿nos toman por tontos? Hay una cosa que se llama reserva estratégica, que viene a equivaler al consumo total del país en tres meses.

 

Quiere esto decir, aunque todas las bocas permanezcan varadas, que durante tres meses el hidrocarburo que consumimos no debía apuntarse al alza porque, en buena lógica, se había comprado al precio anterior. Y cuando baja, al contrario, se mantiene el precio alto sin que este descenso repercuta ni por equivocación en el consumidor. Ahora son más sibilinos. O más descarados, según se mire: curiosamente, sube la gasolina para puentes

y vacaciones, que ya es casualidad. Suba o no en origen, el consumidor siempre paga de más. Y en Hacienda encantados, porque esos pequeños "desvíos" se traducen en impuestos que no merman. Y les vienen de maravilla.

 

Y tres cuartos de lo mismo ocurre con la luz. No es que estemos pagando una de las luces más caras de Europa:

es que la veníamos pagando desde hace largo tiempo, por mucho que nos aclaren que, a la hora de la verdad, tenemos que absorber no sé qué deuda porque, por lo visto, las empresas generadoras nos regalaban la luz. Tanta generosidad y nosotros sin saberlo.

 

El tema de la luz es de una desvergüenza intolerable, por mucho que hablen de un precio social para los más desfavorecidos.

 

El tema, sin embargo, es más complejo. En nuestro enfoque, si el año pasado subía la luz porque no había agua en los ríos ni aire en el ambiente, parece lógico que se echara mano de las centrales de carbón y de la energía nuclear, cuya generación es más onerosa y que nos la repercutan. Pero, claro, llega este año, hemos registrado una cantidad de agua sin precedentes en décadas -Brasero dixit- y el precio de la luz se ha visto catapultado hasta límites nunca alcanzados.

 

Ítem más: vienen los aires -que este año los hemos padecido a modo y con tanta fortaleza que casi tumban los aerogeneradores- y la luz sigue subiendo. Así que una de dos: o mentían el año pasado o lo hacen éste. Porque nada puede ser al mismo tiempo una realidad y la contraria. Y la luz sube y sube. Hasta tal punto que el Estado

ha renunciado a un impuesto miserable con el que hacer frente al subidón y calmar (?) al respetable.

 

Nada importa que ahora nos vengan con rollos técnicos y explicaciones ininteligibles. Esto, ya , clama al cielo. El tema de la luz es de una desvergüenza intolerable, por mucho que hablen de un precio social para los más desfavorecidos. ¿Desde cuándo una compañía eléctrica tiene que dedicarse a aplicar la justicia distributiva? Para eso está Cáritas. Y lo hace mucho mejor. A este paso, los subidones de precios -de algunos precios- pueden rayar

el fraude y ser materia del juzgado de guardia. O de una intervención de oficio de la fiscalía. No se puede permitir que todos ordeñen de la misma vaca: un consumidor español que tiene muy difícil defenderse. O ponen freno

a tanta subida arbitraria o terminarán por ser los consumidores -como lo están haciendo los jubilados- los que traten de poner coto a tanto desmán o 

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