Historia de las vacaciones

10/08/2018

Ya en tiempos del Imperio Romano, los pudientes huían de la Ciudad Eterna en los períodos caniculares, del 24

de julio al 24 de agosto. Como sus emperadores -Adriano se construyó una villa en Tívoli-, los romanos querían escapar de la malaria y otras enfermedades propagadas por los mosquitos en la región pantanosa del Lacio. 

 

 

Siglos más tarde, las elites medievales también escapaban de sus ciudades repletas de mefíticos olores. Incluso los obispos mandaron construir residencias de placer lejos de la urbe. Y lo mismo hacían los ricos burgueses italianos, cuyas casas de campo todavía enseñan su opulencia.

 

Edad Media sin vacaciones

En la Edad Media no existían las vacaciones, había muchos días de reposo pero eran para orar y recogerse.

Los rabinos judíos instauraban el descanso semanal del Sabbat (sábado) para evitar que el hombre sea esclavo del trabajo. A su vez, los clérigos de la Iglesia comenzaron a pedir abstenerse de todo trabajo el dies Dominicus (Domingo). Ya por entonces había muchos desplazamientos. Pero era más por necesidad que por placer.

Además de mercaderes y soldados, la gente en la edad Media emprendía largos viajes por diversos motivos, menos el vacacional.

Desde el campesino al noble, muchos eran atraídos por el deseo de postrarse ante la tumba de un gran santo, ya sea en Tours, Compostela o incluso Jerusalén. En estos peregrinajes, la motivación religiosa va asociada a la sed

de aventura.

 

Inglaterra, semilla del turismo

Durante el Renacimiento desciende el fervor religioso y los peregrinajes pierden adeptos. Al mismo tiempo, nobles y artistas inventan los viajes turísticos o culturales. Se dirigen a Roma y al resto de Italia en búsqueda de antiguos esplendores. Esta práctica se generaliza en el siglo XVIII. Los hijos de las grandes familias británicas son enviados a Italia –Roma y Pompeya- para completar su formación.

 

Además, los británicos inventan el turismo termal. El primer destino son las termas de Bath, en Inglaterra, una maravilla arquitectónica de estilo georgiano, inspirada en las termas romanas de la ciudad.

Desde fines del siglo XVIII, la alta sociedad europea se da cita en estas termas siguiendo el ejemplo del emperador José II de Habsburgo Lorena. En el continente europeo, la primera estación termal –y la más célebre- fue Spa, cerca de Lieja, en las Ardenas belgas. Comienza aquí la moda de los baños y las termas que durará hasta principios del siglo XX.

 

 

Arriba Termas de Bath y abajo Termas de Spa 

 

 

También en el siglo XVIII se "descubren" los baños de mar con fines terapéuticos como los de Brighton. La alta montaña, hasta entonces repulsiva, empieza a fascinar a la Europa cultivada, sensible a las descripciones de Jean-Jacques Rousseau en La Nueva Eloísa.

 

Turismo con clase

A partir de la caída del Primer Imperio, en 1815, los británicos pudientes adquieren la costumbre de ir en invierno a Hyères o a Niza, para disfrutar del suave clima mediterráneo. Y arrastran con ellos a toda la Europa acomodada que, bajo el consejo de los médicos, consideran que el cambio de aire permite curar cualquier enfermedad.

 

Los austríacos prefieren Carlsbad (hoy Karlovy-Vary) o Marienbad, en Bohemia. Los alemanes van a Bad Ems, en Renania, como el emperador Guillermo I°. En Francia despunta Biarritz, lugar preferido por Eugenia de Montijo y Deauville. Estas estaciones abrieron la nueva era del turismo, con importantes inversiones como el ferrocarril que facilitó la llegada de turistas.

 

Playa de Biarritz en 1916 (Biblioteca Municipal de Biarritz)

 

 

El "tren de los placeres", en 1848, unía París con Dieppe; el "tren de los maridos", en 1871, permitía salir de París el sábado por la noche, pasar el domingo en Normandía y volver el lunes por la mañana.

El lujo de la primera clase estaba reservado a los más ricos, pero la segunda y la tercera eran más económicas.

Se siembra aquí la semilla del turismo que empezaría a crecer, y más a comienzos del nuevo siglo, con las vacaciones pagadas por ley.

 

Vacaciones pagadas

Cuando llegó el Frente Popular al poder en Francia, en 1936, ya varias categorías de empleados públicos, mineros

y otros, tenían derecho a vacaciones pagadas. Pero fue bajo el gobierno del Frente Popular cuando se firmaron los acuerdos de Matignon, que reconocieron el derecho sindical y aumentaron los sueldos casi un 15%.

 

Hasta 1936 no se instauraron por ley las vacaciones pagadas y fue en Francia

 

Poco después, una ley instauró las primeras vacaciones pagadas de 15 días y se fijó en 40 horas la semana laboral (antes era de 48 horas). Por otra parte, en la Alemania nazi y en la Italia fascista, el Estado puso en marcha campamentos y excursiones para sus trabajadores a modo de vacaciones y recompensas.

 

El turismo despega

Pero no será hasta 1950 cuando el turismo masivo empiece a despegar. La irrupción del automóvil es un incentivo para poder viajar. Puedes desplazarte, hacer camping, dormir en tiendas de campaña y todo muy económico.

 

En 1950, el nadador belga, Gérard Blitz, crea una villa en Mallorca con el nombre de Club Méditerranée.

La playa es el punto de encuentro con el disfrute.

 

Bañistas en la playa de Niza

 

 

Las vacaciones al borde del mar siguen siendo las preferidas por una mayoría de occidentales, pero el turismo rural ha conocido un fuerte desarrollo desde hace unos 25 años. También han cambiado los hábitos con estancias más cortas y fraccionadas, son las mini vacaciones.

 

Las primeras vacaciones pagadas

El ocio remunerado es un fenómeno relativamente reciente, aunque ahora nos parezca inconcebible un verano sin recibir la "extra".

 

Francisco Javier Capistegui, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, explica que: «Las primeras demandas de días libres pagados tienen lugar en Alemania a mediados del XIX, pero habrá que esperar al siglo siguiente para que esa aspiración cobre cuerpo».

 

El Gobierno bolchevique, que se hace con el poder en Rusia durante la revolución de 1917, es el primero que introduce el derecho a disfrutar de vacaciones. Según Capistegui: «Es un derecho nominal porque en realidad solo está al alcance de aquellos que son señalados por la dirección del partido para premiar su comportamiento. Ocurre algo parecido con el nazismo, que luego llegaría al poder en Alemania, que incorpora un sistema de penalizaciones y recompensas en el que las vacaciones son un señuelo para ganarse la lealtad de los trabajadores».

 

En España, el ocio había sido durante siglos un concepto desconocido para la mayoría

 

En España, el ocio había sido durante siglos un concepto desconocido para la mayoría de la población. Únicamente las clases privilegiadas conocían su auténtico significado. Es a partir del siglo XIX cuando surge entre los círculos más cercanos al poder el deseo de disfrutar del tiempo libre emulando modas como la estancia en balnearios

o playas.

 

Disfrutando de las vacaciones... pagadas

 

 

A principios del nuevo siglo, militares, maestros o empleados públicos habían arañado ya permisos que les permitían ausentarse unos días. Una ley de 1918 contemplaba 15 días de vacaciones para todos los funcionarios.

Un año más tarde, otra norma añadía también a capitanes y oficiales de la marina mercante para que disfrutasen

de un mes de permiso remunerado. La idea fue calando entre las nuevas clases urbanas. Ferroviarios, tipógrafos

o empleados del comercio y la banca empezaron a incorporar esta reclamación, las vacaciones pagadas se consolidaron en el listado de reivindicaciones. Países como Austria, Finlandia, Suecia o Italia introdujeron este derecho en sus legislaciones en los años veinte. España no se quedó atrás y en 1931, con la Segunda República, aprobó una norma -Ley del Contrato del Trabajo- que contemplaba en su artículo 56 un permiso anual retribuido de siete días para todos los asalariados. Fue una normativa pionera que apenas tuvo repercusión en aquella

España agrícola.

 

Las huelgas alegres

En Francia, con una estructura laboral más diversificada y un peso mucho mayor de la mano de obra, las vacaciones pagadas se convirtieron en uno de los argumentos principales de las elecciones del 3 de mayo de 1936. El triunfo del Frente Popular, que agrupaba a socialistas y comunistas, desencadenó una euforia sin precedentes que se tradujo en huelgas y ocupaciones de fábricas. Según relata el profesor Capitegui: «Han pasado a la historia como las 'huelgas alegres' porque se desarrollaron en un ambiente festivo, con conciertos y bailes en los talleres. Además, propiciaron una gran mejora de las condiciones de vida de la población trabajadora».

 

Trabajadores en huelga, París 1936

 

 

Las movilizaciones pedían la semana laboral de 40 horas, el reconocimiento de la representación sindical y las vacaciones pagadas. Más de tres millones de franceses se sumaron a ellas y el país quedó por completo paralizado.

 

El Gobierno que presidía el socialista Leon Blum, convocó a la patronal y a los sindicatos en el palacio de Matignon, en París. De ahí surgieron los acuerdos el mismo nombre y que Capitegui explica así: «Los acuerdos de Matignon son uno de los puntos de partida de la universalización de los derechos laborales y también de lo que hoy conocemos como el Estado del bienestar que define a Europa».

El pacto fue ratificado por la Asamblea Nacional y entró en vigor el 20 de junio de 1936.

 

Hasta 1938 no fue reconocido el derecho a vacaciones pagadas en España

 

Decenas de miles de trabajadores franceses disfrutaron ese mismo verano de las primeras vacaciones pagadas en medio de un gran entusiasmo. El pacto de Matignon terminó siendo conocido como el de la ley de las vacaciones pagadas. Eran inicialmente dos semanas que pasarían a ser tres en 1956 y cuatro en 1968. Acabada la Segunda Guerra Mundial, el acuerdo de Matignon se convirtió en una referencia a la hora de regular los derechos laborales.

 

El Gobierno francés emitió billetes de tren con un 40% de descuento, y habilitó una red de albergues de playa

y montaña. El primer verano se vendieron 500.000 billetes de tren, cantidad que se duplicaría en agosto de 1937. Nacía así un nuevo fenómeno, el del turismo de masas.

 

 

El desarrollo turistico de Benidorm ha sido inmenso. De pueblo pesquero a urbe de rascacielos es el paradigma del turismo masivo

 

 

 

 

 

Vacaciones pagadas en España

España reconoció el derecho a las vacaciones remuneradas, en el Fuero del Trabajo del Gobierno de Franco en 1938. La disposición no recogía la duración del permiso, pero el país, fracturado y paupérrimo, no estaba para abrir un debate sobres los días de descanso. Posteriores legislaciones fueron marcando los límites de los permisos hasta llegar al actual Estatuto de los Trabajadores, que fija un mínimo de 30 días naturales.

 

El veraneo, tal y como lo conocemos, es cosa de los años 60, cuando la industria y los servicios emplearon a miles de españoles que hasta entonces solo habían conocido el campo. La aparición de la industria del turismo en localidades como Torremolinos o Benidorm -que inyectó divisas a espuertas en las arcas públicas- propiciaron que el franquismo emulase a los países de nuestro entorno y las vacaciones retribuidas se incorporasen al calendario de los españoles.

Maskao

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