Cornezuelo de centeno

En su diario de 1943 el químico suizo Albert Hofmann dejó escrito: "El viernes pasado, 16 de abril, tuve que interrumpir a media tarde mi trabajo en el laboratorio y marcharme a casa, pues me asaltó una extraña intranquilidad acompañada de una ligera sensación de mareo. En casa me acosté y caí en un estado de embriaguez no desagradable, que se caracterizó por una fantasía sumamente animada…

 

Portada de Oracle, el periódico de los psicodélicos. Editado en San Francisco solo imprimió

12 números. El numero 7, en la imagen, corresponde a la cumbre de la casa flotante, una reunión entre Timothy Leary, el poeta Allen Ginsberg, el filósofo Alan Watts y el poeta Gary Snyder. Sus imagenes  superpuestas en la portada corresponden a la sesión que tuvo lugar en el barco-vivienda de Watts en abril de 1967 y que estaba anclado en la bahía.

 

 

El lunes siguiente vuelve a probar su último experimento y anota: “Lunes 19, 16.20h: toma de 0,5 cm3 de una solución acuosa al 1/2 por mil de solución de tartrato de dietilamida peroral. Disuelta en unos 10 cm3 de agua insípida. 17.00: comienzo del mareo, sensación de miedo. Perturbaciones en la visión. Parálisis con risa compulsiva”…

 

Las siguientes horas -descritas en sus memorias- son la narración del primer viaje en LSD. Hofmann, qué es por entonces un joven pero escrupuloso científico, ha tomado precauciones y se hace acompañar de su ayudante a casa, en el viaje en bicicleta más famoso de la historia: “Todo se tambaleaba en mi campo visual, y estaba distorsionado como en un espejo alabeado. También tuve la sensación de que la bicicleta no se movía. Luego mi asistente me dijo que habíamos viajado muy deprisa…”

 

Aquella tarde fue aterradora para el investigador. Toda su casa se convirtió en una pesadilla; los muebles y las

paredes se combaban y mutaban en extrañas criaturas diabólicas.

El médico y su vecina que le atendieron, parecían, a su trastornada mente, brujas de colores rabiosos que hablaban idiomas incomprensibles. Después de horas la experiencia se fue volviendo placentera y las visiones multicolores y los sonidos evocadores dieron paso a una sensación de bienestar y felicidad que no dejó ningún tipo de resaca ni de secuela.

 

Para entonces Hofmann llevaba varios años produciendo medicamentos derivados de sus experimentos con el hongo que parasita el centeno y que en su forma natural era conocido desde la antigüedad. Había sido el causante durante el Medievo de algunas terribles enfermedades por el consumo de pan de centeno contaminado.

 

El descubrimiento de la Dietilamida de Ácido Lisérgico (LSD 25) de Hofmann, llamó la atención de universidades, médicos, psiquiatras y de la CIA que lo utilizó en la bús-queda de un fármaco que facilitará la manipulación del individuo dentro del programa secreto MK Ultra de control mental en la década de los 50. La obsesión de la Agencia por conseguir un brebaje capaz de soltar la lengua de cualquier ciudadano o la de condicionar a una persona para convertirlo en un candidato manchuriano que hiciera aquello para lo que fuera programado, fueron los objetivos del experimento.

 

 

Ken Kesey llevaría sus experiencias a una novela que se haría popular:

“Alguien voló sobre el nido del cuco”

 

 

Una de las cobayas humanas que utilizó el Gobierno americano fue Ken Kesey que llevaría sus experiencias a una novela que se haría popular: “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Kesey sería junto al psicólogo Timothy Leary la cabeza visible del movimiento hippie de los años 60.

 

Leary comenzó a utilizar el LSD con sus estudiantes después de haber experimentado un viaje con hongos en México convencido de que las sustancia psicoactivas eran una puerta para los tratamientos de las enfermedades mentales. Como psicólogo fue contratado por la Universidad de California en Berkeley donde se corrió la voz entre los estudiantes del programa del profesor y el consiguiente escándalo por el que fue finalmente expulsado. Para entonces la droga psicodélica ya había traspasado las fronteras de las universidades y los laboratorios secretos para extenderse como la brisa marina por California. La ciudad de San Francisco se convertiría en la capital del ácido.

 

 

 

El barrio de Haight-Ashbury se convirtió en el epicentro desde donde se irradió todo el movimiento contra cultural de la década. La banda sonora la ponía el grupo Grateful Dead que era capaz de improvisar su música durante horas mientras Leary, Kesey y los Merry Pranksters -sus seguidores más incondicionales- repartían gratis dosis de LSD entre la masa. Durante el verano del amor del 67 llegaron de todas partes miles de jóvenes a Frisco y se colocaron por el barrio. Sin dinero, ni casa, muchas mentes inocentes fueron cayendo en “malos viajes” que aprovecharon delincuentes y proxenetas para explotarlos y llevarlos del paraíso prometido al infierno descarnado. Así de fina es la frontera que abre las puertas de la percepción o las del averno.

 

Los efectos de aquel movimiento cambiaron las conductas sociales y culturales de la época 

 

Uno de los mayores eventos psicodélicos reunió a 30.000 personas que se colocaron ante los ojos de la pasma. Tuvo lugar en en Golden Gate Park de San Francisco como protesta por la prohibición de la droga por parte de las autoridades, alarmadas por la proporción que el movimiento estaba cobrando.

 

El gran triunfador de todo aquello fue un actor llamado Ronald Reagan que ganó las elecciones a gobernador de California a finales de ese año, para después tomar carrerilla hasta llegar a la Casa Blanca.

 

Los efectos de aquel movimiento cambiaron las conductas sociales y culturales de la época. El periódico “The San Francisco Oracle” era el vocero del movimiento. Sus artículos, debates e informaciones sobre todo lo que estaba pasando en la escena californiana difundieron las nuevas ideas sobre sexualidad, las comunas, la política y sobre todo la expansión psíquica del ser humano que nunca tendría freno…

 

Mientras Timothy Leary creaba su iglesia (en la que el ácido era un elemento sacramental y cuyos miembros no podrían sobrepasar los 360 miembros), Ken Kesey expandía el movimiento a todo el país. Allen Ginsburg oficiaba de rapsoda de cabecera y los beatniks se apuntaron al bombardeo. Neal Cassady, icono del movimiento beat del decenio anterior condujo el autobús multicolor de Kesey hasta Nueva York para conocer a Jack Kerouac, pero el autor de “On the road” ya no estaba para historias y Kesey quería cambiar la sociedad, cambiar la mente del hombre, abrir las puertas de la percepción al género humano.

Pero otra droga acabaría con todo el mundo psicodélico y terminaría diezmando a varias generaciones de jóvenes por todo el mundo: la heroína.

 

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