Rupturas de pareja y relaciones puente

Terminar una relación con una pareja significativa es uno de los acontecimientos más estresantes y que provocan mayor malestar emocional en la vida de una persona.

 

 

Claro está que dependiendo de las circunstancias en que se produzca la ruptura, esta tendrá diferentes consecuencias psicológicas. Pero en líneas generales, no exageramos cuando equiparamos el proceso post-ruptura al proceso de duelo ante la muerte de un ser querido, pues al fin y al cabo, en ambos casos perdemos a una persona importante en nuestras vidas (y aquí cabría reflexionar sobre por qué vivimos una ruptura como una pérdida, ya que podríamos conservar a la persona como amigo si le guardamos cariño, o entender la ruptura como una ganancia si no se lo guardamos).

 

Y es que, en un mundo en el que prácticamente se nos obliga a ser felices en todo momento, estar tristes cuando lo dejamos con alguien se convierte casi en una reivindicación. Todas las emociones tienen una función, y la tristeza en momentos relevantes de nuestra vida hace que nuestro cerebro vaya más despacio y nos permita reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo.

 

Las fases del duelo que atravesamos en estas ocasiones son:

1 Negación (no me lo creo)

2 Tristeza (el dolor de la pérdida)

3 Culpa (no lo he hecho bien)

4 Ira, rabia (no es justo)

5 Descontrol, nostalgia (echo de menos)

6 Aceptación (ya no duele tanto)

 

Según algunas psicoterapeutas, la cuarta fase del duelo ante una ruptura (descontrol y nostalgia) se produce cuando las personas aún no han aceptado la situación, pero empiezan a retomar su vida social, a cuidar más su imagen, e incluso a intentar ligar con otras personas y entablar relaciones.

 

Sin embargo, cada persona es un mundo, y como tal, desarrollamos diferentes estrategias para afrontar una ruptura.

 

Una estrategia relativamente común para afrontar una ruptura es salir a ligar o embarcarse

en una nueva relación

 

Las estrategias

Si antes decíamos que romper con una pareja es emocionalmente parecido a perder a un ser querido (y que por tanto requiere de un proceso de duelo), no nos debería extrañar que tras finalizar una relación afectiva se espere de nosotros un periodo de luto. Pero como hemos visto en la cuarta fase del duelo, una estrategia relativamente común para afrontar una ruptura es salir a ligar o incluso embarcarse en una nueva relación. No cabe duda que conseguir establecer vínculos afectivo-sexuales de nuevo con otras personas es un síntoma de que hemos superado la ruptura y que nuestra vida sentimental avanza.

 

Aunque volver a salir con alguien pueda interpretarse como una buena señal, hay veces que esta nueva relación se inicia cuando ha pasado muy poco tiempo desde que finalizó la anterior (quizás, incluso antes de que hayamos conseguido aceptar la ruptura). Esto es lo que se conoce como relaciones puente.

 

Diferentes reacciones en hombres y mujeres

Algunas investigaciones sobre cómo reaccionan hombres y mujeres cuando rompen con sus parejas señalan que hay diferencias. De esta manera, y a pesar del peligro que supone hacer generalizaciones, parece ser que los hombres tardan menos en establecer nuevas relaciones de pareja y convivencia que las mujeres. Dicho de otra manera, los hombres son más propensos a tener relaciones puente. Aunque estos hallazgos puedan explicarse de muchas y muy diferentes maneras, si nos fijamos en las representaciones mediáticas y de la cultura pop, no resulta tan sorprendente que los hombres tengan más probabilidades de establecer nuevas relaciones demasiado pronto.

 

Por ejemplo, en la mítica serie televisiva de los años 90 Friends, hay un capítulo en el que Chandler rompe con su novia y pasa por lo que sus amigos llaman las “3 fases de la ruptura”: la fase 1 consiste en quedarse en casa en chándal y deprimido; en la fase 2 sus amigos le acompañan a un club de striptease para que empiece a pensar en otras mujeres; y finalmente, alcanza la fase 3 cuando por fin consigue imaginarse a sí mismo saliendo con otra persona.

 

 

 

Este es solo un ejemplo, pero es cierto que está presente en el imaginario colectivo que cuando un hombre lo deja con su novia, el deber de sus amigos es sacarle inmediatamente de fiesta y presentarle a otras chicas.

 

Muy distintas son las representaciones que encontramos cuando una mujer corta con su pareja: no es frecuente, y hasta cierto punto sería chocante, ver una película en la que un grupo de mujeres llevara a su amiga a un boys cuando lo deja con su novio. Las imágenes que se nos vienen a la mente son más parecidas a la famosa escena de El diario de Bridget Jones, en la que, tras un fracaso amoroso, Bridget se queda sola en casa comiendo helado

y cantando “All by my self”.

 

Aunque como hemos dicho, las generalizaciones son peligrosas y la diversidad sexual es un hecho, y a pesar de que hay una serie de representaciones culturales de lo femenino y lo masculino, nos podemos encontrar todo tipo de situaciones en hombres, mujeres, y otras identidades sexuales.

 

¿Un clavo saca a otro clavo?

La mayoría de quienes se dedican a la terapia de pareja y el asesoramiento psicológico coinciden en que iniciar relaciones sentimentales demasiado pronto tras una ruptura no es aconsejable, ya que esta situación genera mucha inestabilidad emocional y puede que la nueva relación acabe rompiéndose también (generando aún más estrés y malestar en la persona). Además, empezar una relación de forma precipitada puede impedir que llevemos a cabo el proceso de duelo. Pero como en casi todo, en este asunto también hay debate. De hecho, un estudio de las universidades de Queens e Illinois se planteó dar una respuesta científica a la pregunta de si un clavo saca a otro clavo. Y al parecer, los resultados parecen confirmar lo que intuía el dicho popular.

 

En este estudio de 2014 publicado por el Journal of Social and Personal Relationships, encontraron que aquellas personas que establecían nuevas relaciones en un corto periodo de tiempo tras la ruptura, mostraban un mayor bienestar general y mejor autoestima que quienes tardaban más, así como una mayor confianza en su deseabilidad. Otras conclusiones que sacaron del estudio es que las personas que iniciaban rápidamente nuevas relaciones se veían más con la nueva pareja, pero también veían más veces a sus ex, y utilizaban la relación pasada para entender la nueva relación, aunque sin desarrollar sentimientos románticos por la antigua pareja. También encontraron que, cuanto más rápido volvían a tener pareja, mayor era el deseo de vengarse de la persona con la que acababan de romper. Por último, otro dato interesante que refleja esta investigación es que las personas que tardaban poco tiempo en tener otra relación tras la ruptura, mostraban un estilo de apego más inseguro antes de dejarlo con su pareja original. Esto podría significar que las personas que sienten mucha ansiedad ante una ruptura, que temen la soledad y no volver a encontrar pareja en el futuro, son más propensas a embarcarse en nuevas relaciones sentimentales al poco de haber vivido una ruptura, o lo que se conoce como relaciones puente. De esta forma, cuando vuelven a tener pareja, esto les confirma que son capaces de tener una relación de nuevo, aumentando su autoestima y disminuyendo el miedo a quedarse solos.

 

 

 

El debate está servido

Visto lo visto, cada forma de afrontar una ruptura puede tener beneficios o desventajas para cada persona, y depende en gran medida de la personalidad de cada uno, la biografía, la socialización de género, el tipo de relación que tengamos (monógamas o poliamorosas, por ejemplo)… y un largo etcétera. Por eso, lo más importante siempre es saber identificar nuestras emociones y nuestros miedos y respetarlos: pararnos un momento para conocernos mejor y entendernos, en esta sociedad en la que todo va siempre tan deprisa.

 

 

 

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