Sin etiquetas

16/04/2018

No tengo la menor duda, que las preguntas que me hago, no son nada originales y son las mismas que se hace mucha gente. Pero no he podido resistirme a elevarlas a este artículo en el que cada mes junto pensamientos y letras. Y me pregunto si las ideas políticas y su gestión no estuvieran teñidas con las siglas de tal o cual partido, ¿cuál sería nuestra reacción?

 

 

Me explico con algunos ejemplos. Si la gestión de unas instituciones públicas consiguiera recortar la deuda que han mantenido por años, ¿le parecería a usted bien o mal? Por otra parte, si una ideología determinada quiere privatizar los servicios públicos para que paguemos de nuestro bolsillo sus prestaciones, ¿estaría de acuerdo o no? Y si le propusieran unos acuerdos laborales más justos para el trabajador, hasta conseguir sueldos dignos, ¿le parecería bien o mal? O por el contrario, ¿preferiría apoyar ideas que favorecen a las grandes empresas aumentando sin escrúpulos la brecha social, en detrimento de los trabajadores?

 

Si, ya sé, es muy simple el planteamiento, o no, seguro que habría que matizar y mucho cada pregunta realizada. Pero en ellas no se han puesto etiquetas ni marcas de partidos políticos. Que es, quizás y en definitiva, lo que nos aleja o acerca más a las propuestas ideológicas.

 

Así, sin etiquetas, quedamos huérfanos de pensamiento e ideología, desnudos con nuestros volátiles principios

 

El sentido de pertenencia a una "marca política" u otra, ya nos condiciona por completo antes de evaluar y valorar las ideas. Si soy de los amarillos, jamás aceptaré una idea de los marrones, así, de principio. No hay reflexión, todo se reduce a enemigos y amigos, a los míos y a los contrarios, con una ecuación tan simple como peligrosa que ofrece y produce afirmaciones tan surrealistas como la escuchada hace poco en un bar: "yo quiero un partido que mire por los trabajadores", sentenciaba un entusiasta votante de derechas. Del mismo modo, una señora en la cola del supermercado aleccionaba a su amiga sobre la coherencia: "yo les voto porque han venido a limpiar toda la porquería que hay", refiriéndose a un partido que ya se destaca por estar al sol que más calienta, modificando sus "principios" según pinte la ocasión. Incluso he podido escuchar en el autobús, a un grupo de chicos que saltaban alegremente de un discurso anticapitalista, a organizar un próximo encuentro para ir de compras para atiborrarse de consumo.

 

Así, sin etiquetas, quedamos huérfanos de pensamiento e ideología, desnudos con nuestros volátiles principios.

Y así nos va, votando por etiquetas para luego quejarnos de lo mal que va todo, hasta que volvemos a entregar nuestra papeleta a los mismos para seguir igual. ¡Vaya papeleta!

Hay que hacérselo mirar. 

 

 

 

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