Limpiadoras

19/04/2018

“…el mundo es un sitio que se ensucia cada día y que necesita ser permanentemente barrido, lavado, desengrasado, encerado, abrillantado; la gente no se da cuenta de que alguien viene detrás limpiando lo que manchan…”. 

 

Las limpiadoras tienen unas condiciones laborales de alta precariedad

 

 

En su libro, La Mano Invisible, Isaac Rosa, describe, la pesadilla laboral de diferentes oficios manuales. Son estos oficios, muchos de ellos protagonizados por mujeres los que pertenecen a la categoría de la nada.

 

A esta categoría pertenecen, mujeres internas, mujeres trabajando en contratas y subcontratas de limpieza, que no hicieron huelga el pasado 8 de marzo de 2018. Es verdad, fue un éxito la manifestación, pero no podemos decir lo mismo de la huelga, aunque todo el despliegue de medios, pareciera enfocarse hacia una huelga que paraba el mundo, porque la mitad de ese mundo paraba. Las huelgas, paran el mundo, en su conjunto, porque el transporte, la electricidad, toda la actividad económica se para. Esto no sucedió el 8 de marzo.

 

No hicieron huelga, porque las condiciones laborales, son tan precarias, que las jefas y jefes de estas trabajadoras, siempre con la sartén por el mango, en el peor de los casos amenazan con un despido y en el mejor, supone un descuento en el sueldo, que no se pueden permitir.

 

Es importante destacar que para que algunas mujeres puedan desarrollarse profesionalmente necesitan de las limpiadoras y cuidadoras de sus hijos e hijas.

 

En los años 60, época de desarrollismo económico en nuestro país y todavía en la dictadura franquista, mujeres del campo, de los pueblos emigraron a las ciudades, en un viaje incierto que por entonces se denominaba en el lenguaje popular, venir a servir. Sí, servir, en casas de señoras de alta alcurnia o de esa clase empresarial que el régimen protegía y alentaba, con múltiples prebendas y privilegios. Esa herencia, está en plena vigencia en nuestros días. No hay más que mirar a la banca u otras grandes empresas constructoras. Los apellidos hablan por

sí solos.

 

¿Qué defendemos, quién las defiende en sus derechos, en sus mejoras de condiciones laborales, de trabajo digno? 

 

La transversalidad de algunos temas, por supuesto, deleznables y condenables judicialmente en nuestra condición, hablo de la violencia de género, el acoso sexual, la brecha salarial, no puede servir, para que las condiciones laborales de estas trabajadoras resulten opacas, no se vean y queden relegadas a poner un delantal en los balco-nes. Aunque haya proclamas de igualdad, de que se defiende a todas, se corre el riesgo de que las mujeres bien situadas, lo estén todavía más. El sistema es camaleónico, inteligente y también perverso. Se apropia de los lenguajes, de las palabras, y las hace suyas, dando un maquillaje y apariencia de justicia. Hasta la reina Leticia, dejó libre ese día en su agenda.

 

Cabe hacerse la pregunta, sobre el 8 de marzo, “El Día de la Mujer”. ¿Pero de qué mujer estamos hablando?

No todas somos iguales en oportunidades, en derechos, en acceso a estudios, acceso a un trabajo digno. A las limpiadoras y a otras de la categoría nada, no se las ve. ¿Qué defendemos, quién las defiende en sus derechos, en sus mejoras de condiciones laborales, de trabajo digno?

 

En 1917, el 23 de febrero, 8 de marzo en nuestro calendario, las tejedoras y modistas rusas, salieron a la calle en manifestación por las calles de Petrogrado, reclamando pan y paz. Previamente se habían puesto en huelga. Fueron estas mujeres, las agitadoras, las revolucionarias, que no podían dar de comer a sus hijos, por eso pedían pan. Y pedían la paz, en contra de la Guerra Mundial. Vemos que el No a la Guerra, lo abanderaron estas mujeres, junto con la reivindicación de sus derechos laborales. Posteriormente, en 1923, se realizó en Moscú, la Conferencia de las Mujeres Comunistas, adoptando el Día 8 de Marzo, como el día internacional de las Mujeres Obreras.

Pasaron los años y este Día se fue desdibujando.

 

Recomiendo el artículo, publicado en el blog MadridMadriz. Efemérides 8 de marzo, publicado por el historiador Antonio Ortiz.

 

No me puedo sustraer, de nombrar y reivindicar a Luisa Carnés, una mujer feminista en defensa de las mujeres obreras. Su novela Tea Rooms, Mujeres Obreras, es de plena actualidad. Decía luisa Carnés: << Hay que poner a la mujer en situación de comprender todas las verdades de todas las doctrinas […]. Hay que dotar a la mujer de educación política, de la que hoy carece; cuando esta cultura la haya desligado de influencias, entonces el voto de la mujer tendrá un verdadero valor>> Luisa Carnés, en su feminismo, defiende la lucha por la justicia, de la igualdad que equipare a ambos géneros.

 

No volvamos a llamar marujas, a las mujeres, que nos han cuidado, vestido y alimentado.

 

¿Quedamos para organizarnos?

 

 

 

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