• Marian Giménez

Universal Miguel

Oía por la radio, hace un rato, una crítica hacia la actuación del alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, al borrar la memoria. ¿Podrá este señor borrar la memoria? Me acuerdo de la película Blade Runner, donde a través de técnicas de bioingeniería, se fabricaban replicantes humanos, pero carentes de empatía y sentimientos. La película, sin duda es una obra maestra a la que muchos acudimos en algunas ocasiones para interpretar y analizar este mundo posmoderno. No revelaré el final. Pero los replicantes lloran. Quiero pensar que sus lágrimas eran la memoria.



Este señor, cuya actitud, no se puede calificar más que de mezquina y cuya actuación infame en el cementerio de la Almudena, el cementerio del Este, ha sido la de borrar del memorial de las víctimas de la Guerra Civil, los nombres de 3.000 mil personas que fueron fusiladas y asesinadas por defender la República, por defender la libertad y la justicia social. Sí por resistir en una ciudad bombardeada, por no agachar la cabeza. Sí aquí fueron asesinadas las Trece Rosas.


Utilizan la palabra resignificar y han continuando borrando los versos de Miguel Hernández, correspondientes a su poema El Herido, de su libro, El hombre acecha (1938-1939), junto con las palabras que Julia Conesa, una de las Trece Rosas, escribió en una carta antes de ser fusilada: “Que mi nombre no se borre de la historia”.


En esta salvajada de posmodernidad en la que vivimos, con su intención replicante neoliberal de convertirnos en seres obedientes y sumisos, conservamos las lágrimas de la memoria, señor Almeida.

Miguel es de una altura infinita, no como la suya. Nos referimos, claro, a su altura política. Usted creo que no será recordado. Sin embargo Miguel…


Retoñará alado de savia sin otoño

reliquias de su cuerpo que pierde en cada herida.

Porque es como el árbol talado, que retoña:

porque aún tiene la vida.


Decía uno de los tertulianos en la radio, que estas actitudes se curan leyendo. Pensamos que no. El fascismo es un odio intrínseco, oscuro y tenebroso. No se cura. Hay que combatirlo. Por eso es necesario que en cada rincón de nuestra ciudad, en nuestros barrios, permanezcamos con lágrimas atentas y llenas de memoria y esta vez sí, resignifiquemos con los nombres de todas las personas represaliadas por el franquismo.


Un tipo, sin alma se le ocurrió decir que las Trece Rosas, fueron mujeres asesinas, torturadoras y violadoras. Muchas de ellas eran de mi barrio, Tetuán. Nuestra asociación, tuvo pronta contestación. Le declaramos persona non grata, recogiendo adhesiones a esta declaración.


Termino, con un poema que escribí, en homenaje al Universal Miguel y a todas las víctimas del franquismo. POR VUESTRA MEMORIA SIEMPRE:


LAS LLAVES

Existían tres llaves de silencio.

Una era la mudez del miedo y el terror, la segunda la del cómodo olvido

y en la tercera había un silencio oculto y escondido

con lenguas de lava desbordante de palabras.

Abrió con la tercera y el silencio empezó a cantar y a derrumbar los muros:

Y llegó con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida

Gracias Miguel, te veo en Salesianos de Estrecho con el 5º Regimiento

y con tus versos de la tercera llave abrimos aquellas puertas.


La del amor:

Sabes que te quiero, compañera de vida.

Hoy tus besos de noche y aurora, son mi despedida

recorro cogidos de la mano y abrazado en tu pecho todo el amor que nos dimos

los sueños truncados,

y la forma que tenías de mirarme de soslayo,

invitándome al juego amoroso infinito de nuestra vida.

Te quiero compañera. Soy inocente


La de la vida:

Queridos padres, quiero que sepáis que no soy un criminal,

daros las gracias porque me habéis enseñado a ser un hombre bueno.

Sólo he defendido con uñas y dientes la libertad entera, la justica para los parias de la tierra.

En este instante de la vida entiendo que la peor lucha es la que no se hace.


La de la muerte:

Ahora sé abuela de tu rictus de tristeza,

aquel río seco, hecho cicatriz en tu rostro.

Carente de alegría y de risas que extendieran tus labios.

Tu nieta está aquí para convertir la muerte en vida.

porque los huesos hablan, abuela.

Y con tres heridas viene, la de la vida, la de la muerte, la del amor


Del libro: Poemas de la Resistencia y Memorial Antifranquista y Democrático.

Marian Giménez y Antonio Ortiz

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