• Juan Ramón Puyol

Querida Elena Aub

Amigas de juventud en el exilio mexicano, Elena Aub y mi madre Maleni, reanudaron su amistad cuando ambas se reencuentran en Madrid hacia 1973, al volver de México. Hablaban todos los días por teléfono, hasta un día de mediados de este mayo pasado que Elena no contestó. Eran dos abuelitas que se consolaban por teléfono la una a la otra. Día tras día. Por Juan Ramón Puyol


Cartel anunciando la primera falla valenciana en la Ciudad de México, obra de Josep Renau de 1961. Para el fotomontaje Renau eligió a Elena Aub Barjau como modelo y la vistió de fallera. El acto lúdico se realizó en el Club Asturiano, un centro social y deportivo, creado por los españoles como otras tantas instituciones, que, todavía hoy, conservan su sabor hispano en la Capital Azteca. /Foto Biblioteca Valenciana




Federico Álvarez, el ex marido de Elena murió hace dos años, cuando mi padre, del que fue gran amigo. Mi madre está conmocionada viendo cómo va desapareciendo toda esa generación. Ahora se ha quedado un poco más sola. Elena era una luminaria, para todos nosotros, en la oscuridad que le deparó la vida. Bella e inteligentísima hasta el último día.


No tengo derecho a hablar de Elena Aub. Sólo puedo hablar para dar algo de voz a mi madre y a mi padre; amigos de juventud de Elena y Fede. ¡Cuánto se querían todos!


En nuestra casa familiar del barrio de la Condesa de México, oíamos esos nombres en boca de nuestros padres, por las llamadas de teléfono, en la que todos aquellos niños de la guerra exiliados, quedaban para hacer una excursión al monte Ajusco o a las Estacas, paraíso, donde nace un río tan claro y salvaje que le hubiera gustado a Neruda, como nos gustaba a todos, cuando el cielo mexicano era aún la región más transparente de América, como dijo Carlos Fuentes.


"Elena Aub, recogió en preciosas e impagables grabaciones, las voces y los recuerdos de la generación republicana que salió al exilio"

Elena Aub, recogió en preciosas e impagables grabaciones, las voces y los recuerdos de la generación republicana que salió al exilio. El archivo fonográfico que constituyeron todas aquellas memorias sonoras son un patrimonio enorme y sorprendente. Apenas empezamos a vislumbrar la profundidad de esos fondos de recuerdos, gracias al trabajo de editoriales como Renacimiento o la saga documental de “Las Sinsombrero” de la gran Tania Ballò. Aquel incansable trabajo de recuperación oral de los transterrados, culminó en el proyecto de Historia oral sobre Refugiados españoles en México, con 116 entrevistas realizadas en la década de los 70 por un grupo de historiadoras entre los que estaban otras buenas amigas de mi madre: Matilde Mantecón de Souto, María Luisa Capella, Marisol Alonso, Concepción Ruiz-Funes, Enriqueta Tuñón, Dolores Pla, Elena Aub y Dolores Pla Brugat.


Aquellos jóvenes crecidos, expatriados, como Elena, no admitieron las consignas de sus mayores y se reivindicaron en el movimiento ME/59, enfrentando las políticas de reconciliación nacional y de acercamiento entre los dos bandos, promovidos por el P.C.E., organizando protestas, manifestaciones y acciones llamativas para denunciar la dictadura franquista. De aquella etapa nos dejó escrito un precioso libro “Historia del ME/59: Una última ilusión”.


En 1960 cuando volvió por primera vez a España tras la guerra, en un viaje familiar, contacto clandestinamente con algunos grupos de jóvenes de la Oposición Democrática al franquismo para preparar el congreso de 1962 de París.


"Su labor intelectual y de conservación de los textos de su progenitor, Max Aub, la llevaría a presidir la Fundación dedicada a su memoria"

Entre 1964 y 1971 vive en Cuba donde estudió Letras Francesas hasta que Elena decide volver e instalarse en España donde milita en el clandestino P.C.E. Siempre imbuida del espíritu de recuperar la memoria de aquellos, que, como su padre perdieron la guerra, pero que se negaban a perder el futuro. Su labor intelectual y de conservación de los textos de su progenitor, Max Aub, la llevaría a presidir la Fundación dedicada a su memoria. Su trabajo de recuperación de textos, autores e historia de la España transterrada, suponen el esfuerzo silencioso, humilde e imprescindible para los que se interesen por la historia completa. La recuperación y reedición de la obra de su padre la llenaba de alegría y de trabajo del que no cejó nunca. Su labor diaria de comunicación con amigos, profesores, editores, desde su antigua computadora deja una buena cosecha de amistades inconsolables, que echaremos de menos su calidez, sabiduría, compromiso y sensibilidad: “Juanra lee La condición Humana de Malraux, es uno de mis preferidos”, me dijo una memorable tarde.


En los últimos años, Maleni, Elena y yo, jugamos a un juego antiguo y entrañable. Yo le llevaba semanalmente los periódicos a mi madre y ella recortaba, con paciencia y mimo, los que pensaba que le gustaría leer, más bien releer a Elena -ya que se veía a diario con su “ordenador, tan viejito”- para su cita con la prensa, y para contestar, puntualmente, los correos a todos sus amigos. Aquellos recortes los metíamos en un sobre, que cada vez era más gordito, y una vez al mes se lo enviábamos por correo. Aquel remedo de Readers Digest doméstico les daba temas para sus largas charlas no exentas de polémica y discusión política.


La última vez que comimos juntos con mi madre, en su barrio de Embajadores, fuimos “a Los gallegos”, donde ella disfrutaba de las croquetas caseras “de verdad”. De vuelta a casa nos contó su primer enamoramiento: ella, joven de 14 años, en los primeros 40´, cae fascinada por la figura mítica y heroica de un guerrillero, cuya partida baja al pueblo de montaña donde ella veranea, a la espera de poder salir de España. Su relato fue tan vívido que aún me brotan las lágrimas al recordarlo o




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