• Juan Ramón Puyol

Maite Saavedra geometría del color

“Mis imágenes del México que conozco tan íntimamente, ese México profundo que salpica color, que convierte en hermoso lo cotidiano, lo conocido, con esa necesidad profunda que tenemos los seres humanos de acomodar el entorno” (Maite Saavedra)

Por Juan Ramón Puyol


Foto Maite Saavedra Ordorika



Xochimilco es un barrio obrero del sur de Ciudad de México, donde se encuentran sus famosos canales que son los restos de un enorme sistema para transportar agua construido por los aztecas. En ellos se pueden dar paseos en coloridas barcas mientras te cruzas con vendedores de comida, artesanos y mariachis que navegan por sus aguas con maestría. Es un punto de encuentro festivo, sobre todo los fines de semana. Aquí se encuentra también la inquietante Isla de las Muñecas. Precisamente estas barcas y su arsenal de colores, han sido la inspiración de este trabajo que Maite Saavedra Ordorika nos enseña.


"Este país en el que me reconozco e identifico, donde recojo los símbolos que forman mi iconografía, y que van de la esencia hasta lo dado. Con una definitiva admiración y cercanía a la pintura y la arquitectura, mi fotografía habla un lenguaje que busca lo estético, desde lo real, lo concreto, pero disparado, fragmentado hasta la más pura abstracción. Un lenguaje donde el silencio y las ausencias se repiten como hilo conductor, creando una plástica que baila un vaivén entre el movimiento y la línea estática".


Eres mexicana de nacimiento pero con una parte española. Cuéntanos sobre esos antecedentes familiares.

Yo soy una mezcla de dos mundos. Soy mexicana de nacimiento, de corazón, de alma. Amo este país complejo, tan rico y tan profundo. Aquí nací, aquí me he criado, de aquí es mi familia de origen. Mi padre nació en México, aquí ejerció su carrera, de aquí es su historia familiar, aquí caminaron mis antepasados. Mi madre, por otro lado, es vasca, nacida en Lekeitio, un pequeño pueblo marino de Bizkaia. Vino a México, junto con su familia, durante la Guerra Civil Española, cuando a mi abuelo, que era Capitán de la Marina Mercante, le pidieron hacer una misión en nombre de la República. Se quedaron ya en México, hicieron aquí la vida, formaron familia. Pero siempre con un enorme agradecimiento a México, y con mucho respeto y amor por el país que los acogió, que para mí fue muy formativo.


"Ser fotógrafa es una manera de percibir, una forma de ver las cosas y el mundo"

Yo, por mi parte, tengo un enorme cariño por lo vasco, es entrañable para mí. He pasado momentos indelebles en el País Vasco, he vivido allí experiencias que me marcaron profundamente en mi adolescencia, en mi juventud. Quiero y respeto mucho la cultura vasca, tengo un sentir muy profundo por ello y me identifico con aspectos fundamentales de su forma y manera, con sus valores y miradas. Soy las dos cosas, así me entiendo, así me vivo. Con la riqueza y la suma de estas dos culturas y fuerzas, soy las dos.


Proa de barca en medio de uno de los canales de Xochimilco. Foto Maite Saavedra Ordorika



Estudiaste comunicación y dedicaste muchos años al oficio de fotógrafa. ¿De dónde viene esa pasión?

Hice la carrera de comunicación en México, donde tuve un maestro de fotografía que me dijo: “Maite, estudia fotografía, tú tienes ojo de fotógrafa, ves como fotógrafa”. En ese momento no le hice caso, no entendí lo que me quiso decir. Eran los años 80, en ese entonces no era una carrera corriente en México, la carrera de fotografía no existía.

Años después comencé a hacer fotografía de manera seria, a trabajar de este oficio, al que me he dedicado por más de 20 años. Ser fotógrafa es una manera de percibir, una forma de ver las cosas y el mundo. Es una concreción a partir de cuadros y sensaciones, de abstracciones y construcciones.


Tuve la oportunidad de hacer algunos cursos en Santa Fé, Nuevo México, en Estados Unidos, con maestros que estaban haciendo proyectos interesantes en sus diversas áreas, eso abrió mis esquemas y me reafirmó en el quehacer fotográfico. Reafirmó también mi mirada desde mi bagaje histórico y la riqueza cultural de la que provengo.


¿Cómo describirías tu trabajo y qué elementos destacarías en tu obra?

Sin duda, mi pasión por la fotografía viene de mi marco familiar, mis dos padres son arquitectos, mis tíos, mi abuelo fue arquitecto; en casa la plástica era muy importante, una parte vital de nuestra conformación, una manera de mirar el mundo. Mi mirada tiene mucho que ver con la construcción arquitectónica y plástica; me ha gustado muchísimo la fotografía abstracta, donde esto queda plasmado.


Mi padre nos enseño “a ver”: en una exposición, en algún edificio, frente a algún elemento u obra de arte, nos iba señalando, paso a paso, elementos a decodificar, a observar y relacionar. Todo esto conformó la mirada que concluye en mis fotografías. Asimismo, el haber estudiado comunicación y trabajado en televisión, en publicidad y en difusión cultural, conformaron mi visión, mi comprensión, del observado y del observador.


"Me he dedicado con muchísima convicción al color. El color como elemento constructivo"

Yo creo que quienes nos dedicamos a este oficio de la imagen, tenemos nuestra raíz en fotógrafos mexicanos del tamaño de Manuel Alvarez Bravo, Juan Rulfo, Gabriel Figueroa para el cine, Salas Portugal, Graciela Iturbide, todos ellos en blanco y negro. Sin duda me formé a su sombra, pero mi trabajo es siempre alrededor del color, México es color y yo pronto me decanté por ello, me he dedicado con muchísima convicción al color. El color como elemento constructivo.


“Mi mirada tiene mucho que ver con la construcción arquitectónica y plástica”.

Foto Maite Saavedra Ordorika



Vives seis meses en México y seis en España. ¿Cómo es tu vida aquí y allá, qué diferencias destacarías entre las dos culturas?

Hoy vivo entre dos países, entre dos realidades y culturas, mitad del año en la Ciudad de México, una de las megaciudades más grandes del mundo, y en contraste, otro tanto en el campo cerca de Madrid, en la zona de la Alcarria. En el caminar a través de la vida, lo que vas viendo y recorriendo te va conformando, en el sentido más profundo, en cuanto mirada vivencial, en cuanto a comprensión de diferentes realidades, y te posiciona en una auto percepción de riqueza y complejidad muy específica. Vivir en dos realidades, en dos culturas, a velocidades distintas, es interesante, es antinatural. Tiene un impacto importante en mi vida. Pasar de un lugar a otro, de una realidad a otra en tan solo unas horas, sumergirte en esta “otra” vida, donde lo “otro” no es, no está, es nuevo para el ser humano.


Requiere de estrategias y habilidades a fin de tener una vida donde la continuidad se teja aquí y allá, donde las diferencias me enriquezcan y las similitudes me encuentren. Y esto, reflejado en mi fotografía, es muy poderoso. La cultura que traigo a mis espaldas, la visión desde mi idiosincrasia, lo visto y lo tocado están allí, en el momento de construir la imagen, la comprensión y la vivencia de “lo otro” te va conformando y lo que te confronta y lo que te impacta se ve reflejado en tu imagen; es muy interesante ir conformando esta mirada de las diferencias pero también de las similitudes.


Detalle de una trajinera (barca) llena de color y formas geométricas en sus diseños.

Foto Maite Saavedra Ordorika



Mis fotografías de México, quiero exponerlas en España, me interesa mostrarlas frente a un público que no tiene la impronta de las vivencias de los que somos de aquí.


Las fotos que nos presentas, son de un lugar mítico de la ciudad de México: Xochimilco. Cuéntanos sobre ese peculiar espacio y cómo has acotado ese mundo explosivo de color y bullicio en tu obra.

Xochimilco es un secreto guardado a voces; situado en un enclave prehispánico, es una zona semirural dentro de la ciudad, un barrio que tiene una cultura propia y muy específica, con tradiciones milenarias, y coloniales, que al día de hoy perviven y permean a sus habitantes; la tradición de la mexicaneidad, las fiestas patronales, la Mayordomía del Niñopa, la flor más bella del ejido, el Día de Muertos, entre otras muchas, son únicas de este barrio tradicional.


Xochimilco fue asentamiento de 14 pueblos originarios que conservan hoy muchos rasgos de cultura tradicional y herencia indígena, durante la colonia fue proveedora de alimentos para la aledaña capital del Virreinato. Tiene hoy más de 189 km de humedales y canales, algunos para el turismo, la gran mayoría para producción alimentaria a través del sistema de chinampas.


Sillas en las trajineras, “presencia ausente de tantas y tantas historias que han pasado

por ellas”. Foto Maite Saavedra Ordorika



Crecí en la ciudad de México, el vivir y visitar Xochimilco fue algo natural, pero hoy lo veo desde mi ojo adulto y me doy cuenta de su riqueza y particularidad; es un tema que me fascina. Las barcas con estos dibujos chillantes y geométricos, las sillas, presencia ausente de tantas y tantas historias que han pasado por ellas. Siempre que voy, recurrentemente las imágenes de estas trajineras, de estas sillas, me jala y me sigue llamando la atención.

Hay ocasiones que se disfrutan muchísimo donde encuentras “un tema”, un tema con el que te identificas, con el que te enfrentas para deconstruir de mil maneras, y Xochimilco es uno de ellos. Este ente vivo, en proceso perenne y que no me deja de maravillar y sorprender me parece de una estética increíble.


Tus otras pasiones son los viajes y la naturaleza.

He recorrido muchos kilómetros de este país maravilloso que es México, he caminado sus pueblos y ciudades, sus mercados y calles, he tocado a sus gentes y sus múltiples culturas. Es un país apasionante para el fotógrafo: sus tradiciones, sus costumbres y ritos, su espiritualidad, su sentir, su violencia y sus contradicciones. Nunca deja de sorprender, de acechar al incauto, es un país impredecible.


Colores y formas, elementos gráficos de las trajineras que transmiten alegría.

Foto Maite Saavedra Ordorika



He estado en India, donde tuve que hacer un movimiento muy interesante. Tú, como fotógrafo, siempre estás buscando, siempre a la caza de imágenes, pero en India tienes que ser humilde y dejar de tratar de entender, de descifrar lo que sucede, los significados, y simplemente dejar que las imágenes lleguen a ti, sin pasar por el discernimiento o la comprensión. En muchas formas, es un parámetro totalmente diferente a Occidente, entonces simplemente mirar y fotografiar. Vienen a ti, a cada instante hay sorpresas, vas andando y puedes encontrar una mujer muy hermosa con una silueta llena de sensualidad cargando un cántaro en la cabeza con los colores maravillosos en el sari, con una belleza en su cara, en su sonrisa, en sus ojos, y un poco más adelante ver un templo fantástico y a la cuadra siguiente, a la vuelta de la esquina, puedes encontrarte un leproso en la calle o toparte con un olor tremendamente fétido; todo junto conviviendo todo el tiempo. La espiritualidad convive paso a paso con una tremenda violencia.


He fotografiado también el País Vasco, desde su entraña, año con año. En Estados Unidos hice parte de mi formación. Guatemala fue también un país fantástico para fotografiar, con sus colores, su cultura ancestral, sus niños y sus mujeres, sus artes; la pobreza, la miseria, todo a través de mi caminar por estos países.


"La síntesis y la esencia son los instrumentos desde donde parto para la deconstrucción de lo visto y la construcción de la imagen "

La naturaleza es otro de los temas que me tocan. Para mí, es una manera de meditación, me lleva directamente a una actitud de reflexión y exaltación, de mucho agradecimiento. Encuentro en la naturaleza un diseño perfecto. Disfrutó enormemente mis sesiones de búsqueda de imágenes en el bosque, la montaña, el mar, el desierto, no importa cual.


En la naturaleza me gusta encontrar lo abstracto, el vacío, vacío de significado, de relación con lo conocido. El color, las texturas, el claro obscuro, todos como elemento plástico; perspectivas que, caprichosas, deforman la realidad. La síntesis y la esencia son los instrumentos desde donde parto para la deconstrucción de lo visto y la construcción de la imagen o




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