• Paula Cabrera

La lucha de Fabiana

Su dura infancia la hizo más fuerte, su amarga adolescencia despertó su conciencia y le agrandó el corazón. Su viaje ha sido doloroso y la ha convertido en una luchadora eterna contra la injusticia y la discriminación de la mujer. Es una heroína anónima en territorio hostil.

Por Paula Cabrera (Rio Grande do Sul).


Fabiana Pereira Ribeiro / Giovanna C. Bettega



Érase una vez una niña con una sonrisa alegre, que creyó que podría hacer un mundo mejor, cambiando la dura realidad y haciendo la diferencia en medio de la desigualdad y la pobreza. Pensaba que el derecho a comida, educación y techo, conseguirían sociedades más justas y solidarias. Pero, no fue tan fácil como imaginaba.


Muchos años de lucha fueron necesarios hasta que un hilo de esperanza pudo ser alcanzado. Caminó sobre el barro, sobre el agua, sobre el silencio de las calles sin asfalto y las construcciones de madera, sin rumbo cierto, buscando una dirección que no fuera la de un agujero negro, al final de la carretera. Así empezó su batalla.


EL Centro de Desarrollo Comunitario (CDC) Estação dos Ventos (Temporada de vientos), situado en la ciudad de Santa María, en Río Grande do Sul, se encuentra en terrenos del Gobierno Federal en Brasil, en una zona donde las personas que no tenían ni casa, ni empleo, construyeron sus viviendas. La gran mayoría de los vecinos forman parte de una asociación que recoge material reciclable para vender por la ciudad. Son cerca de 290 familias que se han instalado aquí desde 2001 y donde los trámites de legalización de terrenos todavía no se resuelve. En este lugar, ubicado a orillas del río Vacacai Mirim y castigado por constantes inundaciones, vive Fabiana Pereira Ribeiro, una mujer de 45 años y muchas ganas de luchar.


Entrada principal al Centro de Desarrollo Comunitario Estação dos Ventos, a menos de cuatro kilómetros del centro de la ciudad de Santa María, en Río Grande do Sul, Brasil.

Giovanna C. Bettega



Una infancia destrozada

Sincera, clara y directa, Fabiana nos habla de su difícil infancia mientras sus ojos se llenan de lágrimas. Criada por padres adoptivos, no recibió mucho cariño ni atención.

Fue violada a los 14 años por su padre adoptivo, un abuso que le provocó su primer embarazo.


Se fue de casa cuando su hija nació, dejándola con sus padres. Sola por el mundo, con 15 años, pasó por tres casamientos sin mucha suerte hasta encontrar a Jan, su gran amor, con quien tiene 11 hijos (dos adoptados, 5 suyos y 6 de Jan con otra mujer), Fabiana los cuidó a todos. Hoy tiene nueve nietos y la familia que siempre imaginó desde pequeña.


La idea era crear un espacio donde los niños de la comunidad pudieran estar seguros, lejos de las calles y de la droga mientras sus padres y madres estaban trabajando.

Un largo camino

Jan, su pareja, fue líder de la comunidad donde viven y oía los lamentos de las madres, pues no tenían con quién dejar a los niños pequeños cuando iban a trabajar. Fabiana anima a Jan y juntos, en abril de 2005, fundan el Centro de Desenvolvimento Comunitario (CDC) Estação dos Ventos, que tuvo sus inicios en la casa de Fabiana y allí sigue hasta hoy. La propuesta era muy sencilla: crear un espacio donde los niños de la comunidad pudieran estar seguros, lejos de las calles, mientras sus padres y madres trabajan. La idea inicial del Centro era que las madres se turnaran para cuidar de los niños durante el día. Fabiana cuenta que estaba de vacaciones cuando empezó el proyecto. Sin embargo, las madres que la siguieron en ese desafío, necesitaron volver al trabajo y, en un mes, la idea del intercambio de madres había fracasado. Fabiana dejó su empleo y asumió el cuidado de los niños en el Centro. Su pareja siempre la ha ayudado y durante casi dos años se ha hecho cargo de la alimentación de los niños.


Muchas han sido las dificultades para llegar al lugar que hoy acoge unos 50 niños, entre 0 y 13 años. Por no haber sido construido en un terreno legalizado, el Centro no tiene subvenciones del gobierno y apenas cuenta con donaciones privadas y algunos apoyos de ONGs. Fabiana cuenta que por ahora, el Centro se mantiene con la ayuda de voluntarios, colaboradores, pedagogos y maestros que se han implicado, no solamente con los niños sino que también dan cursos de capacitación a las madres para acceder al mercado de trabajo. Son mujeres y hombres que tienen la satisfacción de colaborar para un mundo mejor, transformando la pobreza y la miseria por oportunidades de vida.


Niñas y niños en un taller para hacer máscaras de carnaval en el Centro Estação dos Ventos

Giovanna C. Bettega



Creer es poder

Cuando era adolescente, Fabiana deseaba encontrar a alguien que la hiciera feliz, y que esa felicidad pudiera transmitirla a otras personas que, como ella, tenían que comenzar la vida nuevamente. “Para empezar de nuevo basta creer”, dice con una mirada llena de ternura. Trabajó siempre para mantener a su familia y cuando aprendió que la felicidad estaba en mirar al prójimo, se llenó de pasión y alegría. Su inspiración de vida se basa en dos personas: Jan, su pareja, un hombre gentil, amable y bueno, y en la madre de Jan, una mujer pujante, de mucho carácter y empeño, a la que Fabiana no pudo conocer, pero admira mucho.


Educar y formar

Su vida no existe sin los niños de la Estação dos Ventos: “se trata de atender las necesidades básicas de la comunidad local, propiciando mejor calidad de vida, ocio, alimentación adecuada y un espacio seguro donde los niños puedan estar mientras sus padres trabajan”, explica Fabiana con un discurso sensato y rotundo.


Hora del almuerzo atendido por voluntarias y voluntarios que están al cuidado de los niños.

Giovanna C. Bettega


En 2013, tras una inspección, las autoridades sanitarias cerrarón las puertas de la Estação dos Ventos, porque consideraron que la estructura era inadecuada. Durante casi dos años Fabiana y Jan trabajaron duro para hacer las modificaciones requeridas. Hoy, solo parte del proyecto sigue funcionando mientras se consiguen recursos para el resto. En 2020, los desafíos continúan y la incansable Fabiana busca medios para ayudar a esas personas que tanto lo necesitan. Ahora, el objetivo es conseguir dinero para la construcción de una cocina industrial, un comedor para los niños y una panadería donde realizar cursos de cocina para las madres y crear nuevas oportunidades laborales para esas mujeres que recogen basura en las calles para reciclar, como actividad principal para comprar comida a sus hijos.


Hasta la fecha, cuatro niños han entrado a la universidad y otros están por llegar a la enseñanza superior

Para esta comunidad de personas en riesgo severo de pobreza, la Estação dos Ventos es muy valiosa. Y así lo pone en valor Fabiana con satisfacción: "Nuevos seres humanos se están formando gracias al cuidado y la educación que aquí podemos darles".


Niñas y niños con sus máscaras de carnaval, el pasado mes de febrero en

Estação dos Ventos / Giovanna C. Bettega



Un Centro con resultados

Muchas niñas y niños han pasado por la Estação dos Ventos. Hasta la fecha, cuatro han conseguido entrar en la Universidad y otros están a punto de llegar a la enseñanza superior. Pero lamentablemente, muchos se perdieron por las drogas y acabaron su adolescencia con la marca de la muerte o de la cárcel.


Otras destacan en los deportes, como Kaila Machado, de 13 años, que fue abandonada por su madre a los cinco años y criada por su padre, pero siempre bajo la mirada atenta y maternal de Fabiana. Kaila participa en un proyecto de Estação dos Ventos, gracias al cual en noviembre de 2019, consiguió medalla en judo de la Federação Gaúcha de Judô (Federación de Judo de Río Grande do Sul) en categoría Sub 13. Pero, finalmente Kaila no pudo ser federada porque proviene de un proyecto de voluntariado como Estação dos Ventos, que no tiene apoyo ni reconocimiento del gobierno.


Kaila Machado, de 13 años, enseña sus medallas conseguidas en Judo. Ella está en uno de los proyectos del Centro Estação dos Ventos enfocado hacia el deporte en los niños.

Giovanna C. Bettega



Mujeres al frente

Fabiana ha ayudado a crear una conciencia colectiva a través de sus acciones para desarrollar medios y fortalecer a mujeres que como ella, han sido violadas o agredidas psíquica y físicamente, víctimas de la violencia de género. Mujeres indefensas que sufrieron diferentes traumas pero han creído que merecen un destino mejor.

Gracias a los cursos impartidos en el Centro, se ofrece a las mujeres de la comunidad formación que les ayuda a aumentar sus ingresos y su dignidad.


El centro ofrece a las mujeres de la comunidad, formación para ayudarles a conseguir ingresos

Hoy existen millones de niñas, tantas como sueños que no deberían ser interrumpidos por la desigualdad o las imposiciones de género. Las niñas deben entender que son dueñas de su futuro y la familia, la escuela, los medios de comunicación, etc., han de fomentar la autoestima y el empoderamiento desde muy temprana edad. Con un cambio de la sociedad a través de las nuevas generaciones, las niñas deben ocupar su sitio de igualdad con los niños, aprendiendo juntos, con sus errores y aciertos para enfrentarse a los desafíos de la vida con una perspectiva más justa y de igualdad.



La escritora Rosalía de Castro, una niña de infancia triste, con ojos atentos que se transformó en una mujer libre, precursora del feminismo en el siglo XIX y que dirigió su destino, decía: «No dejan pasar nunca la ocasión de decirte que la mujer debe dejar la pluma y repasar los calcetines de sus maridos».

Sólo con hombres y mujeres conviviendo en igualdad, será posible buscar soluciones a los conflictos políticos, a la economía y su reparto, la prevención de enfermedades o la sostenibilidad del mundo. Hay muchas maneras de apoyar esta lucha, esta reivindicación, cada persona en su hogar, en su entorno y con sus capacidades, lo más importante es tener actitud y voluntad para el cambio.


Todos los días son 8M

Todos los días son 8 de marzo, todos los días oímos una historia de superación como la de Fabiana. Son innumerables las Marías, Luisas, Emilias, Simones, Virginias, todas luchan hace muchos años para romper el silencio en su entorno y dar voz a otras mujeres postergadas. Mujeres de todo el mundo unidas en un solo objetivo: la igualdad. Todos los días son 8 de marzo para luchar contra la desigualdad, la violencia, la discriminación.


No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente (Virginia Wolf )

Nuestras bisabuelas, abuelas e incluso nuestras madres, por lo general, han visto y vivido un mundo diferente al que tenemos ahora, muchas han sacrificado su vida para que tuviésemos derecho al voto, o que pudiéramos cruzar el umbral de la Universidad, o subir al podio como deportistas, o firmar el libro que escribimos.

Mujeres que fueron conscientes del peso de ser mujer en su época, como Safo, una de las primeras poetisas occidentales que se conocen, que cantaba e inmortalizaba en sus versos su amor homosexual, y decía: «Alguien se acordará de nosotras en el futuro», o Virginia Woolf que fue pionera en la reflexión sobre el feminismo y renovó la novela con sus técnicas narrativas. Mujeres que escribieron su historia y nos enseñaron el camino, todavía hay mucho que hacer por el mundo de las mujeres. Ojalá todos los próximos días sean de las mujeres y de los hombres. o

Para conocer más sobre Estação dos Ventos: aquí





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