• Fran Sánchez

Historia de las vacaciones

En tiempos del Imperio Romano, los pudientes huían de la Ciudad Eterna en los períodos caniculares, del 24 de julio al 24 de agosto. Como sus emperadores, los romanos querían escapar de la malaria y otras enfermedades causadas por los mosquitos en la región pantanosa del Lacio. Por Fran Sánchez


Las anheladas vacaciones, como las conocemos, no empezaron hasta mediados del siglo pasado / Foto Ramson Frear


Siglos más tarde, las elites medievales también escapaban de sus ciudades repletas de mefíticos olores. Incluso los obispos mandaron construir residencias de placer lejos de la urbe. Y lo mismo hacían los ricos burgueses italianos, cuyas casas de campo todavía enseñan su opulencia.


Edad Media sin vacaciones

En la Edad Media no existían las vacaciones, había muchos días de reposo pero eran para orar y recogerse. Los rabinos judíos instauraban el descanso semanal del Sabbat (sábado) para evitar que el hombre sea esclavo del trabajo. Por su parte, los clérigos de la Iglesia pidieron abstenerse de todo trabajo el dies Dominicus (Domingo).

"En estos peregrinajes, la motivación religiosa iba asociada a la sed de aventura"

Aunque ya por entonces había muchos desplazamientos, eran más por necesidad que por placer. Además de mercaderes y soldados, la gente en la edad Media emprendía largos viajes por diversos motivos, pero ninguno era por algo parecido a las vacaciones.

Desde el campesino al gran señor, muchos eran atraídos por el deseo de postrarse ante la tumba de un gran santo, ya sea en Tours, Compostela o incluso Jerusalén. En estos peregrinajes, la motivación religiosa iba asociada a la sed de aventura.


Inglaterra, semilla del turismo

Durante el Renacimiento desciende el fervor religioso y los peregrinajes pierden adeptos. Al mismo tiempo, nobles y artistas inventan los viajes turísticos o culturales. Se dirigen a Roma y al resto de Italia en búsqueda de antiguos esplendores. De esta manera, en el siglo XVIII se generaliza esta práctica y los hijos de las acaudaladas familias británicas, son enviados a Italia –Roma y Pompeya- para completar su formación. Estos viajes, además de la importancia que tenía la parte educativa, eran sinónimo de ostentación.


Además, los británicos inventan el turismo termal. Y fijan como primer destino las termas de Bath, en Inglaterra, una maravilla arquitectónica de estilo georgiano, pero inspirada en las antiguas termas romanas de la ciudad. Desde fines del siglo XVIII, la alta sociedad europea se da cita en estas termas siguiendo el ejemplo de José II de Habsburgo Lorena, emperador del Sacro Imperio Romano Germano.


Termas de Bath en Inglaterra / Wikimedia



En el continente europeo, la primera y más célebre estación termal fue Spa, cerca de Lieja, en las Ardenas belgas. Comienza aquí la moda de los baños y las termas que durará hasta principios del siglo XX.


También en el siglo XVIII se "descubren" los baños de mar con fines terapéuticos como los de Brighton. La alta montaña, que hasta entonces resultaba repulsiva, empieza a fascinar a la Europa cultivada, sensible a las descripciones que hace el polímata Jean-Jacques Rousseau en su novela La Nueva Eloísa.


Termas de Spa próximas a Lieja (Bélgica) / Thérmes Spa



Turismo con clase

Tras la caída del Primer Imperio, en 1815, los británicos pudientes adquieren la costumbre de ir en invierno a Hyères o Niza, para disfrutar del suave clima mediterráneo. A esta moda, se suma toda la Europa acomodada que, bajo el consejo de los médicos, consideran que el cambio de aire permite curar cualquier enfermedad.


"El primer país que instaura por ley las vacaciones pagadas fue Francia en 1936"

Así surgen varios destinos, los austriacos prefieren Carlsbad (hoy Karlovy-Vary) o Marienbad, en Bohemia. Los alemanes eligen Bad Ems, en Renania, como el emperador Guillermo I. En Francia es Biarritz, lugar preferido por Eugenia de Montijo y Deauville.

Estas estaciones abrieron la nueva era del turismo, con importantes inversiones como el ferrocarril que facilitó la llegada de visitantes.


Biarritz (Francia) en 1916 / Archivo Municipal de Biarritz



El ferrocarril puso en marcha el marketing e inventó el "tren de los placeres" que en 1848 unía París con Dieppe; el "tren de los maridos", en 1871, permitía salir de París el sábado por la noche, pasar el domingo en Normandía y volver el lunes por la mañana. El lujo de la primera clase estaba reservado a los más ricos, pero la segunda y la tercera clase ofrecían opciones más económicas. Fue la semilla del turismo “para casi todo el mundo” que sumada a las incipientes vacaciones pagadas a principios del nuevo siglo, ofrecían una nueva visión de la vida en el mundo laboral.


Las vacaciones al borde del mar siguen siendo las preferidas por una mayoría de occidentales. En la foto, bañadores en la playa de Niza en 1921.

Archivo Municipal de Niza



Vacaciones pagadas

Cuando llegó el Frente Popular al poder en Francia, en 1936, varias categorías de empleados públicos y mineros, tenían derecho a vacaciones pagadas. Pero es el Frente Popular el que firma los acuerdos de Matignon, reconoce las vacaciones y aumenta los sueldos casi un 15%.


Poco después, una ley instauró las primeras vacaciones pagadas de quince días y se fijó en 40 horas la semana laboral que hasta entonces era de 48 horas.


Y no tardaron mucho en la Alemania nazi y la Italia fascista, en poner en marcha campamentos y excursiones para sus trabajadores a modo de vacaciones y recompensas.


El turismo despega

Pero no será hasta 1950 cuando el turismo masivo empiece a despegar. La irrupción del automóvil es un incentivo para poder viajar. Con él te puedes desplazar, hacer camping o realizar viajes cortos de fin de semana y todo con bajos presupuestos.


También en 1950, el nadador belga, Gérard Blitz, crea una villa en Mallorca con el nombre de Club Méditerranée, convirtiendo la playa en el punto de encuentro con el disfrute.


"Ahora tenemos como mínimo 30 días de vacaciones pagadas por año, que fraccionamos en los meses de verano"

Las vacaciones junto al mar siguen siendo las preferidas de la gente, pero cada vez más, el turismo rural gana adeptos desde que comenzara su desarrollo hace unos 25 años. Ahora tenemos como mínimo 30 días de vacaciones pagadas por año, que fraccionamos en los meses de verano.


La paga extra de verano

Pero las vacaciones pagadas son un derecho relativamente reciente, aunque ahora nos parezca inconcebible un verano sin recibir la "paga extra".

Francisco Javier Capistegui, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, nos explica los antecedentes.


«Las primeras demandas de días libres pagados tienen lugar en Alemania a mediados del XIX, pero habrá que esperar al siglo siguiente para que esa aspiración cobre cuerpo».


Un veraneante disfrutando de la playa con sus vacaciones pagadas / Jaime Becerra



El Gobierno bolchevique, que se hace con el poder en Rusia durante la revolución de 1917, es el primero en introducir el derecho a disfrutar de vacaciones. Según Capistegui: «Es un derecho nominal porque en realidad solo está al alcance de aquellos que son señalados por la dirección del partido para premiar su comportamiento. Ocurre algo parecido con el nazismo, que luego llegaría al poder en Alemania, que incorpora un sistema de penalizaciones y recompensas en el que las vacaciones son un señuelo para ganarse la lealtad de los trabajadores».


En España, el ocio fue durante siglos un concepto desconocido para la gran mayoría de la población. Únicamente las clases privilegiadas podían disfrutar de su auténtico significado.

A partir del siglo XIX la importancia del ocio surge entre los círculos más cercanos al poder, el deseo de disfrutar del tiempo libre y emular modas provenientes de Francia o Gran Bretaña como la estancia en balnearios o playas.


"En España, una ley de 1918 contemplaba 15 días de vacaciones para los funcionarios"

A principios del siglo XX, los militares, maestros o empleados públicos españoles, consiguieron arañar los primeros permisos que les permitían ausentarse unos días para el ocio. Una ley de 1918 contemplaba 15 días de vacaciones para todos los funcionarios. Un año más tarde, otra norma añadía también a capitanes y oficiales de la marina mercante para que disfrutasen de un mes de permiso remunerado.


Y como suele suceder, la idea y sus derechos, fue calando entre las nuevas clases urbanas. Ferroviarios, tipógrafos o empleados del comercio y la banca empezaron a incorporar esta reclamación, las vacaciones pagadas se consolidaron en el listado de reivindicaciones. Países como Austria, Finlandia, Suecia o Italia introdujeron este derecho en sus legislaciones durante los años veinte. España no se quedó atrás y en 1931, con la Segunda República, aprobó una norma -Ley del Contrato del Trabajo- que contemplaba en su artículo 56 un permiso anual retribuido de siete días para todos los asalariados. Fue una normativa pionera que apenas tuvo repercusión en aquella España agrícola.


Las huelgas alegres

En Francia, con una estructura laboral más diversificada y un peso mucho mayor de la mano de obra, las vacaciones pagadas se convirtieron en uno de los argumentos principales de las elecciones del 3 de mayo de 1936. El triunfo del Frente Popular, que agrupaba a socialistas y comunistas, desencadenó una euforia sin precedentes que se tradujo en huelgas y ocupaciones de fábricas.

Según relata el profesor Capistegui: «Han pasado a la historia como las 'huelgas alegres' porque se desarrollaron en un ambiente festivo, con conciertos y bailes en los talleres. Además, propiciaron una gran mejora de las condiciones de vida de la población trabajadora».


Trabajadores durante la huelga en Francia en 1936 / Historie.org



Las movilizaciones pedían la semana laboral de 40 horas, el reconocimiento de la representación sindical y las vacaciones pagadas. Más de tres millones de franceses se sumaron a ellas y el país quedó por completo paralizado, forzando las negociaciones.


El Gobierno, presidido por el socialista Leon Blum, convocó a la patronal y a los sindicatos para las negociaciones en el palacio de Matignon, en París. De ahí surgieron los acuerdos del mismo nombre y que Capistegui explica así: «Los acuerdos de Matignon son uno de los puntos de partida de la universalización de los derechos laborales y también de lo que hoy conocemos como el Estado del bienestar que define a Europa».

El pacto fue ratificado por la Asamblea Nacional y entró en vigor el 20 de junio de 1936.


"Nacía así un nuevo fenómeno, el del turismo de masas y un nuevo sector económico"

Gracias a la nueva ley, miles de trabajadores franceses disfrutaron ese mismo verano de las primeras vacaciones pagadas con un enorme entusiasmo.

El pacto de Matignon terminó siendo conocido como el de la ley de las vacaciones pagadas. Eran inicialmente dos semanas que pasarían a ser tres en 1956 y cuatro en 1968. Acabada la Segunda Guerra Mundial, el acuerdo de Matignon se convirtió en una referencia dentro de los derechos laborales y su regulación.


Junto con promulgar la ley, el Gobierno francés emitió billetes de tren con un 40% de descuento, y habilitó una red de albergues de playa y montaña. El primer verano se vendieron 500.000 billetes de tren, cantidad que sería duplicada en agosto de 1937.

Nacía así un nuevo fenómeno, el del turismo de masas y un nuevo sector económico.


Vacaciones pagadas en España

En España se reconoció el derecho a vacaciones remuneradas en el Fuero del Trabajo del Gobierno de Franco en 1938. La disposición no recogía la duración del permiso, pero el país, fracturado y paupérrimo por la Guerra Civil, no estaba para abrir un debate sobres los días de descanso. Posteriores legislaciones fueron marcando los límites de los permisos hasta llegar al actual Estatuto de los Trabajadores de 1980, que fija un mínimo de 30 días naturales.


"Las vacaciones tal y como las conocemos ahora en España, comienzan en los años 60"

Pero las vacaciones, el veraneo, tal y como lo conocemos ahora en España, es cosa de los años 60, cuando se desboca la demanda, nace el 600 y el turismo empieza a convertirse en una potente industria gracias al clima mediterráneo, la gastronomía y una gran oferta vacacional de un pueblo alegre. El sector turístico y servicios emplearon a miles de españoles que hasta entonces solo habían conocido la dureza del campo.



Benidorm representa el crecimiento desaforado del turismo español, de pequeño pueblo pesquero a una gran urbe turística / Diego Delso



La industria del turismo en localidades como Torremolinos o Benidorm -que inyectó divisas a espuertas en las arcas públicas- propiciaron que el franquismo emulase a los países de nuestro entorno y las vacaciones retribuidas se incorporasen al calendario laboral de los españoles.


Este año afrontamos unas vacaciones especiales, con un virus infame en medio y mucha precaución, un verano diferente con un descanso que nos hace mucha falta después de tanto confinamiento y dolor. Tenemos que disfrutarlo de la mejor forma posible o

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