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Es de bien nacidos...

... ser agradecidos. Así reza un viejo refrán que seguimos usando en la actualidad. Como muchos otros del rico y certero "refranero español", que vamos traspasando de generación en generación. Nos gusta citarlo, pero poco caso le hacemos hoy en día. Por Maia Brisé



Dar las gracias, por ejemplo, se ha convertido en un acto educado en extinción. A poco que una se fije en lo cotidiano, recibir un "gracias" se convierte en motivo de emoción, de no perder la esperanza en la humanidad. Son casos aislados pero quedan, existen. Eso sí, suelen aflorar en acontecimientos de enorme magnanimidad como ceder el asiento en el autobús o dejar que en la fila del supermercado, la persona de detrás pase adelante porque solo lleva una cosa. Ceder el paso en una acera estrecha, por ejemplo, no puntúa. Es tan mínimo, que ni te miran a la cara, como si fuera obligatorio el hacer esa cesión de espacio. Que te abran una puerta y dejen pasar, es tema complicado hoy en día. Es más, debemos agradecer que no nos la cierren en las narices. Vamos tan a nuestra bola comiéndonos el móvil, que ni nos enteramos de lo que sucede a nuestro alrededor.


Esta mañana hice un favor a un amigo, le llevé un sobre a una oficina que me quedaba de paso al regresar a casa. Una secretaria "fashion" me clavó la mirada en el flequillo y no la apartó hasta mis zapatillas, un escaneo terrible. Cierto es que no voy de "Cagolina Hewrrera", pero tampoco una va de zarrapastrosa, voy a mi aire, sin más. La cuestión es que la "modelo-secretaria", con desdén, me preguntó qué quería, casi anticipándose a decir que ahí no era. Expliqué que traía un sobre para el señor fulano de tal. Se lo acerqué y ella extendió su mano con cierto arrepentimiento, el de no haberse puesto guantes antes de cogerlo. "Se lo daré", dijo distante y yo, ingenua de mí, esperando el: "gracias". No fue capaz de pronunciarlo. Pues nada, hasta luego mal educada, brotó en mi cabeza pero no se lo solté. Tanto envoltorio con lazo para un fondo tan vacío de educación. Vaya tela.


Todo vale, todo inspira para emanar la rabia y poner a caldo al que disiente, al que opine distinto

Ya si nos metemos en la jungla online, eso sí que es campo de batalla. Las gracias quedan en exclusiva para los pasteleos, para agradecer los comentarios de “amiguis” que, aunque el perfil en cuestión ponga una foto horrible, se deshacen en elogios baratos tipo: "tan guapa como siempre o vaya bombón estás hecho". Me recuerda los pies de fotos de revistas como el Hola, donde los personajes parecen sacados de cuadros de Goya pero, según la revista, están todos guapísimos.


Pululando por redes sociales, hay muchísimas publicaciones, blogs, revistas como Maskao, periódicos, etc. Unos mejores, otros peores, unos más mentirosos, otros menos, hay de todo. Pero por lo general, la gente utiliza esas publicaciones para darse de leches en los comentarios. Todo vale, todo inspira para emanar la rabia y poner a caldo al que disiente, al que opine distinto. Pero a nadie se le ocurre, ni por asomo, que todo ese material que llega a nuestras redes y transita por nuestros móviles, tablets u ordenadores de forma gratuita, es gracias al esforzado trabajo de muchas personas. Y no digo que una deba estar dando las gracias, cada día, a cada publicación. Pero sé, de buena tinta, que un comentario haciendo referencia a la publicación, al artículo, ya es una forma de agradecimiento. No sé, tipo: "me gusta la publicación, a ver si tratáis tal tema, no me gusta cómo habéis tratado este asunto, etc.". Se supone que son medios de participación, pero no para matarse ni llenar de espumajos los foros. Y qué menos, si te ha gustado lo publicado, que ofrecer un me gusta o un corazoncito de esos, que detrás hay alguien que se ha tomado las molestias de informarse y de escribirlo para que tú puedas disfrutarlo... o cabrearte, que para gustos, colores... (como odio esta frase).


En vez de ser una persona gruñona e irritable, prueba a dar las gracias

Pero la cuestión es que al parecer y con el tiempo, nos hemos pensado que estamos llenos de derechos frente a los demás, tanto así, que por derecho nos hemos vuelto personas muy mal educadas en las que la amabilidad no tiene cabida, ni tan siquiera, para dar las gracias.

No nos damos cuenta que pequeños detalles hacen grandes cosas, pequeñas amabilidades hacen más agradable la vida y ayudan a esbozar más sonrisas, cambiando ceños fruncidos por semblantes alegres y acogedores.


Es solo una palabra, corta y de buen sonido que hemos arrinconado en el cajón oscuro de la mala educación. Es tiempo de rescatarla, te sentirás mejor y harás sentir mejor a los demás. Y de eso se trata. En vez de ser una persona gruñona e irritable, prueba a dar las gracias, si no, vaya desgracia

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