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Despropósitos

Maia Brisé

Lo normal a estas alturas, en este limbo entre un año que finaliza y otro que comienza mientras esperamos a los Reyes Magos, es plantearse un montón de propósitos para afrontar con aires nuevos los 365 días que nos quedan para, volver a pensar en otros propósitos que en la mayoría de los casos, son los mismos.



Y son los mismos, en la mayoría de los casos, porque ni por asomo hemos podido cumplir con lo proyectado. Ni fumamos menos, ni lo hemos dejado; apenas fuimos dos clases al gimnasio y hemos seguido agregando cifras a nuestro peso corporal. Lo de depender menos del móvil se trastocó porque el viejo petó y hubo que comprar uno nuevo que va como un tiro, y claro, hay que aprovecharlo. Eso de dedicarle más tiempo a la familia, chico, es que entre los líos del trabajo y atender las redes sociales, casi que le dedico menos tiempo aún. Y como existía ya de antemano la posibilidad de que lo del gimnasio fallara, estaba la alternativa de comer más sano. Pero entre las prisas, los despistes y quedar con las amistades, en honrosas excepciones pude comer verduritas caseras.


"Pero no pasa nada, que este próximo año, ese sí que cumplo con mis propósitos". Y así nos tiramos año tras año, repartiendo trampas para nuestra autoestima. Sí, porque cuando fallamos, el primer palo se lo damos a nuestra querida autoestima, nos sentimos culpables y con una capacidad roñosa de sacrificio, de poder cumplir con lo propuesto. Somos débiles y eso no mola. Incluso podemos pasar por fases de "negación y mentira" cuando de manera ufana decimos que sí, que ya no fumamos mientras estamos deseando tener un momento a solas para dar unas caladas a un pitillo. Que es casi, como no fumar, que antes llegaba al paquete diario.


Por eso a todos esos propósitos, yo les llamaría y creo que con acierto: despropósitos, creo que son inoportunos e inconvenientes. Inoportunos porque nos pillan en medio de una exaltación de felicidad impuesta y aderezada con alcohol, momentos en los que uno puede prometer la luna si hace falta. E inconvenientes porque ¿a quién se le ocurre ponerse por delante campañas tan férreas e inalcanzables? No sé cómo ni cuándo se fraguó la idea de que todo aquello que llevamos barruntando e incluso intentando hacer en el año, al comienzo de uno nuevo y por arte de magia, se va a cumplir.

¡Que no pudimos en todo una año!


Y estoy segura, aunque nunca me he cruzado con algún caso, que a más de uno le ha funcionado y lo guarda como hito histórico; aquel comienzo de año en que dejó de fumar, fue al gimnasio o apartó la botella. No digo que no existan, pero no los conozco.


"Y así, nos vamos flagelando todo el año mientras cogemos fuerzas e ideas para los próximos propósitos.

Si es que estamos fatal"


Lo que abunda son lamentos, duros y desconsolados recordando lo prometido y certificando lo incumplido. Asumiendo que la fuerza de voluntad no es una virtud con la que se cuente, más bien, no se tiene. Y así, nos vamos flagelando todo el año mientras cogemos fuerzas e ideas para los próximos propósitos. Si es que estamos fatal.


Y digo yo, no sé, por mantener tradiciones pero sin aporrear nuestra autoestima. Por qué no nos miramos con honestidad, valoramos bien nuestras capacidades y a partir de ahí, nos planteamos los propósitos. Incluso podemos ir haciendo pruebas los últimos meses o semanas del año que va a acabar, ver si podemos ir bajando el "fumeteo", tratar de salir a correr y comprobar si lo aguantamos, que lo del gimnasio son palabras mayores. Buscar el organizarnos mejor para disponer de más tiempo familiar a ver si funciona. Es como un test de avanzadilla, así, los propósitos pueden ser más realistas y acordes a nuestro ser, a medida, que se diría.


Porque vaya gracia proponerse cosas que, además de no cumplir, favorecen que a nivel sicológico nos dejemos como un guiñapo. ¿Estamos tontos o qué? Y no es broma, que a más de una o uno, me he cruzado en los primeros meses del nuevo año casi con desconsuelo por no haber conseguido ninguno de los propósitos. Es más, a la primera de cambio ya habían dado su brazo a torcer.


Y eso, queridas y queridos, es despropósito. Cuidaros o



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