• Fran Sánchez

¿Antártida 200 años?

Este enero, y cogido con alfileres, se celebran los 200 años del descubrimiento de la Antártida. Un hito poco claro que los rusos se han apropiado y lo celebran a bombo y platillo. No obstante, la historia no está tan clara y os la contamos, de forma breve, para que saquéis vuestras conclusiones Por Fran Sánchez


La Antártida a vista de satélite / NASA-JPL



El descubrimiento de territorios solía ser un tema de conflicto en función de “quién llegó antes”. Antiguamente, ser el primero era un aval para establecer o reclamar soberanía. En el caso de la Antártida, entre los siglos XVI y XVIII, marinos de diversos países podrían haber llegado al continente antártico, pero no han dejado constancia documental. En 1603, el español Gabriel de Castilla fue el primero en atisbar la Antártida al desviarse su barco por las tormentas, la flotilla habría alcanzado los 64° de latitud sur. Un testimonio sin fecha, pero casi seguro posterior a 1607 del marinero neerlandés Laurenz Claesz, ex miembro de la desastrosa expedición de Jakob Mahu, documenta la latitud y la época del "descubrimiento" de Gabriel de Castilla:

"Esta latitud no sería sobrepasada sino hasta 1773 por el navegante británico, capitán James Cook, quien descendió hasta los 71° 10' de latitud sur".


Pero no existen documentos fehacientes que avalen a Gabriel de Castilla, con lo cual, se sitúa el descubrimiento de la Antártida entre los años 1820-1821, con una disputa de dos siglos para ver quién se adjudica el hito, entre británicos, americanos y rusos.

Canal Lemaire / Gary Bembridge



El 28 de enero de 1820, una expedición de la Marina Imperial Rusa, al mando de Fabián von Billingshausen, avista el continente antártico y así lo registra. Dos días más tarde, Edward Bransfield, de la Armada británica, avistó la Península de Trinidad, en el extremo norte del continente antártico y desembarcó. Pero el primer registro oficial es de Rusia, algo que defienden a capa y espada sus historiadores.


El 16 de julio de 1819, dos buques de la Armada Imperial Rusa, el Mirni y el Vostok, salieron de Kronstadt, con destino a Río de Janeiro. El jefe de la expedición era Fabián Bellingshausen que iba también al mando del Vostock, con una tripulación de 117 hombres.


El Mirni llevaba como capitán a Mijail Lazarev con 73 marineros a bordo. El 28 de enero de 1820, la expedición avistó el territorio de la Antártida y el capitán Lázarev, en su diario de a bordo, lo relata así:

“Una importante cubierta de hielo de gran altura, que se prolonga ante nosotros. Nuestros barcos estaban entre el hielo constantemente. La gente sufría muchas adversidades debido a las inclemencias del tiempo, los duros vientos que dominan estos mares, por la profundidad de la oscuridad y por las fuertes nevadas que son habituales y abundantes. Las heladas nos acompañaron a lo largo de todo el viaje. Nuestros enemigos constantes eran las montañas de hielo”.

Cuatro orcas en perfecta formación van a atacar una foca para convertirla en comida

Foto: Callan Carpenter



El 5 de agosto de 1821, la expedición regresó a Kronstadt, puerto del que habían salido 751 días antes. El Zar Alejandro I acudió a recibirlos resaltando la importancia que el Imperio daba a esta expedición. Los capitanes fueron ascendidos y las tripulaciones recibieron medallas y recompensas.


Así pues, Rusia conmemora ahora por todo lo alto el acontecimiento y construye un nuevo complejo en la base antártica de Vostok, dentro de los actos de celebración.

Pero las dudas existen y hay varios pretendientes, como el capitán inglés William Smith, del que se dice que en 1919 y a bordo del bergantín Williams, fue el primero en desembarcar en la Antártida. Pero también y antes que Williams ese mismo año, el navío español San Telmo, desapareció en mitad de una tormenta al sur del Cabo de Hornos. Entre 1821 - 1822, James Weddell, otro de los grandes navegantes antárticos, exploró aquellas aguas y opinó que, por los vestigios que encontró en su viaje, los tripulantes del San Telmo pudieron haber sobrevivido algún tiempo antes de perecer de frío. Seguramente se convirtieron, aunque por accidente y sin registro, en los primeros visitantes del continente helado.

Pingüinos sobre el hielo de la costa de los fiordos Labuef, al oeste de la península Antártida Foto Andrew Shiva



No cabe duda que antes de la Armada Imperial Rusa con Bellingshausen al mando, la Antártida ya existía en el imaginario de muchos marineros y era conocida por otros que hasta allí llegaron, pero nunca la reclamaron.


La Antártida no tiene gobierno ni población indígena y como tal, no pertenece a ningún país, pero hay siete que aseguran tener soberanía sobre diferentes áreas que, en algunos casos, se superponen entre ellas: Argentina, Australia, Chile, Francia, Noruega, Nueva Zelanda y el Reino Unido. Rusia y Estados Unidos no definen una zona propia, pero aseguran que tienen “fundamentos para reclamar”. Por este motivo y para evitar conflictos, se firma el Tratado Antártico el 1 de diciembre de 1959.

El Billboard es un monolito de granito en las montañas Sarnoff de las cordilleras Ford

de Marie Byrd Land en la Antártida occidental / Bruce L. P.



El Tratado Antártico

El tratado define qué se entiende por “espacio antártico”: aquel que se encuentre al sur de los 60 grados de latitud sur, incluyendo todas las barreras de hielo. El texto dota al continente de un régimen jurídico especial y el espacio en cuestión se utilizará para fines exclusivamente pacíficos con libertad de investigación y cooperación científica en la Antártida. Quedan terminantemente prohibidas las bases militares, la realización de maniobras militares o el ensayo de cualquier tipo de armas. Se prohíbe toda explosión nuclear y la eliminación de desechos radiactivos en la región.

Estación científica Almirante Brown de Argentina / Gary Bembridge



Por otro lado, el tratado paraliza todas las pretensiones de soberanía territorial sobre la Antártida, por lo cual durante su vigencia no se pueden hacer nuevas reclamaciones o ampliar las anteriormente realizadas. Sin embargo no quedan anulados ni se renuncia a los derechos de soberanía territorial que los Estados habían reclamado con anterioridad.

El tratado puede nombrar observadores con libre acceso a todas las regiones de la Antártida, a fin de verificar el cumplimiento de los acuerdos e imponer la celebración de reuniones periódicas entre los Estados firmantes y aquellos a los que se ha concedido carácter consultivo por haber realizado misiones científicas importantes en la Antártida. De estas convenciones surgirán compromisos como la conservación de la flora, la fauna y los recursos marinos vivos del continente o



13 vistas
PORTADAweb
PORTADA36
PAG-1webmaskao
PAG-1peque
PAG-1
Contáctanos
LOGOnegro.png

Todos los derechos reservados Maskao Magacín 2020 / Cádiz España