• Pedro Miguel /A mi aire

Veneno


¿Nos están envenenando o dejamos que nos envenenen? Que no es lo mismo. Aunque, a la postre, los efectos son igual de desastrosos. Protestamos, sí, hacemos algo de ruido, pero luego no queda ni el recuerdo. Nadie se da por aludido. Y los envenenadores, una vez aplacado el tsunami inicial, siguen en sus trece. Sin que pase nada. Porque aquí nunca pasa nada.

La delicada manipulación de alimentos, con la salud, no se juega

Hemos tenido un ejemplo reciente con la listeriosis y su secuela de muertes y abortos, amén de más de doscientos afectados. Aunque el escándalo ha estallado en septiembre, se conocía -según se ha sabido ahora- desde febrero. Y las autoridades competentes -incompetentes, más bien- en la higuera. Ruedas de prensa, promesas, amenaza de investigaciones rigurosas... ¿y qué? Aquí sólo se esgrime la ley en los periódicos. Pero la Justicia no anda muy espabilada precisamente...

A modo de paliativo, se esgrime que España es un país pródigo en alertas. Pero estas alarmas, y muy especialmente las alimentarias, no acostumbran a preceder a la infracción o a la manipulación -al envenenamiento, muchas veces- sino que saltan al aire cuando el estropicio y el desaguisado ya están servidos. Y no será porque aquí, como decíamos, no se tenga una auténtica pasión por alertar. España es el principal causante de alertas por seguridad alimentaria en la Unión Europea. Nuestros productos son los que encabezan el ranking de aquellos países que más veces figuran como el origen de estas alertas e informaciones o denuncias. O, dicho en términos comparativos y más asequibles, para que el lector se haga una idea, sólo los productos procedentes de China, Turquía y la India -extracomunitarios, todos ellos- incumplen más veces la normativa de la Unión Europea. Aunque mal de muchos...

No es un consuelo, ciertamente, ya que este liderazgo lo hemos obtenido con todo merecimiento. España es -o ha sido- el origen de alertas por productos en mal estado en más de 1.200 ocasiones. Los productos "Made in Spain" figuran entre los que con mayor frecuencia incumplen la normativa comunitaria y es el país de la Unión Europea cuyos productos más veces figuran como el origen de estas alertas, informaciones o decomisos. Y esto, claro, plantea una pregunta que cae por su propio peso: ¿Estamos en Europa para que nos digan -¡y nos protejan!- de lo mal que lo hacemos? ¿Nadie se preocupa de alertar menos, pero más puntualmente, permitiendo así que podamos prevenir los estragos alimentarios antes de que se produzcan o se extiendan? Porque, no nos engañemos, lo que aquí se echa en falta es que se fabrique mejor y con controles más efectivos. Ahí reside el quid de la cuestión: controles constantes y preventivos en origen que se anticipen, en la medida de lo posible, a los estragos de estos envenenamientos que con tanta frecuencia padecemos.

"Esa es una cuenta que todos tenemos pendiente y que debemos cobrar con los votos"

Mucho hay que temer, sin embargo, que la situación no mejore. Porque todos estamos expuestos a disfrutar de la más impensada y atractiva ponzoña. En España existe una normativa que muy pocos siguen, observan y cumplen: el carnet de manipulador de alimentos. Que es muy necesario, amén de obligatorio. La falta de higiene está en la base de muchas de estas intoxicaciones. Y qué decir de fiestas y verbenas, en las que se sirven alimentos cuyo origen nadie controla ni garantiza, caseros con frecuencia, y que se cocinan de la forma más sospechosa que imaginarse pueda. Es el caso de las fiestas patronales, de los puestos en fiestas populares, de determinadas freidurías y churrerías con sus cremas sospechosas, de algunos conciertos multitudinarios, ciertos chiringuitos y puestos callejeros de venta de bocadillos, o el de infinitos aperitivos y ágapes que asociaciones e instituciones celebran con frecuencia y que manos ignotas se encargan de preparar, abiertos al consumo y disfrute de cientos de personas ajenas. Nadie controla nada. Nadie se esmera en proteger nuestra salud.

Así pues, la listeriosis no ha sido una excepción (aunque sí en volumen y difusión), sino un auténtico milagro: el prodigio inexplicado de que en muchos años, desde el tristemente famoso caso del aceite de colza desnaturalizado, no se hayan producido en nuestro país más casos de envenenamiento colectivo por alimentos en mal estado o contaminados por toda clase de virus y bacterias. A la postre, y sin quitarle un gramo de acidez al tema, daría la impresión de que nos gusta que nos tomen el pelo con excusas ridículas e inconsistentes, con tal de que nadie asuma responsabilidad alguna. Y lo más triste del caso es que, aun siendo conscientes -que lo somos- de que al mentirnos con tanto descaro nos toman el pelo, pueda pensarse que no estamos avisados. Pero no todo vale. Esa es una cuenta que todos tenemos pendiente y que debemos cobrar con los votos o


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