• Frán Sánchez / Aún con vida

Malditas obras


El pasado agosto, mi artículo versaba sobre las "Obras de Verano", esas que realiza cualquier vecino en su casa y lo molestas que resultan al vecindario, más aún en período vacacional. Pero nunca sospeché que ese tema, tan cotidiano y ruidoso pero inexistente en el apartado de reivindicaciones ciudadanas, traería tanta cola. Recibí varios correos quejándose de la ley de mano abierta que ampara a las obras pero, desampara a los vecinos, a los ciudadanos. Quién más, quién menos, ha padecido el tormento y, lo peor, sin poder rechistar.

Y me pregunté: ¿por qué un asunto tan candente y molesto no sale de los corrillos del vecindario? Al parecer, se aplica la máxima de aguantar porque, "el día de mañana seré yo el que haga obras en mi casa". Por tanto, me quejo en silencio y me pongo el parche antes de la herida para cuando yo las haga. Este mantra lo salva, o mejor dicho, lo amenaza todo.

"La legislación al respecto, es que parece haber sido redactada por un constructor

y un contratista"

Las leyes de urbanismo, que cada Comunidad Autónoma o cada Ayuntamiento legisla a su modo, son las encargadas de regular las obras de nuestros vecinos y las propias. Sin entrar en profundidades farragosas, lo primero que uno ve en la legislación al respecto, es que parece haber sido redactada por un constructor y un contratista, los privilegios de enervar a los vecinos hasta aturdirlos a martillazos, taladros o radiales, son absolutos. Los horarios permitidos, por lo general, van desde las ¡08:00 hasta las 23:00 h! Y los sábados a partir de las 09:30 y hasta las 22:00 h ¡De locos!

Quién más, quién menos, ha padecido el tormento y, lo peor, sin poder rechistar.

Es un horario muy extenso, demasiado. En cuanto a los decibelios o alguna norma que mitigue el ruido abusador, no existe, ni un tope, ni por ruido u horas de emisión de decibelios a rabiar. Con lo cual, si es obra mayor -las hay de obra menor también-, uno puede meter la turbina de un Airbus como motor generador de un martillo neumático y no pasa nada. Los derechos de la obra están por encima de cualquier otro derecho, así de simple.

Que usted trabaja de noche y debe descansar de día, pues se jode, manda la obra. Que usted trabaja en casa, algo cada vez más usual, se jode también, aunque pierda dinero por no poder concentrarse a tenor de golpes, vibraciones y ruidos o por no poder hacer las llamadas de teléfono correspondientes. Que usted está enferma con un tremendo dolor de cabeza y otros síntomas incómodos, pues tome ración de obra a ver si revienta. Que tiene un niño pequeño y no para de llorar por el espectáculo sonoro, allá se apañe usted, que la obra es la obra.

"Regular con sensatez estos asuntos mejoran nuestra sociedad y facilitan

la convivencia"

Y no hay duda alguna sobre que las obras se deben hacer, pero habría que mirar, repasar, ajustar, la actual legislación. No puede ser que existan leyes de legislación acústica, tan severas con locales o negocios, pero en las obras no se aplican.

Señores de Urbanismo ¿Cómo puede ser que se autorice, en un mismo edificio, dos obras mayores a la vez?, ¿Es posible acortar las jornadas de trabajo y estipular espacios de descanso para el vecindario como es la hora de comer, al menos? Y la porquería que queda en las zonas comunes e incluso en las casas, porque aunque se supone que deben limpiar, los albañiles van a su bola y así, todos pringados, ¿quién se encarga de controlar eso?

Porque sí, lo mejor es entenderse pero según nos cuentan, en muchos casos los trabajadores de las obras son poco dados al diálogo.

Se debe buscar un nuevo equilibrio, no puede ser que las obras sean una apisonadora que aplasta todos los derechos de las personas, su intimidad, su descanso, su trabajo e incluso, su salud. Regular con sensatez estos asuntos mejoran nuestra sociedad y facilitan la convivencia.

Estas cuestiones están en nuestro día a día y necesitamos que cambien. Señores políticos, legisladores, áreas de urbanismo... por favor, repasen y mejoren las leyes que regulan las obras en pisos particulares.

Ah, que mueven mucho dinero... entonces me callo o


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