• Maskao Magacín

El gran escenario. La capital del selfie y el postureo.


El selfie y el postureo se han convertido en máximo objetivo de todo viaje turístico. Son muchos los lugares que inmortalizamos cada segundo, cada milésima, muchas veces sin saber qué sitio es, pero es famoso y hay que hacerse la foto. Sin duda, por encima de todos esos lugares, destaca Roma como el gran escenario.

Por Maskao Magacín

Hay momentos o encuadres que deben esperar porque hay atasco de selfies

Jaime Becerra

No se puede negar que las aglomeraciones para el selfie son cada vez mayores, más masivas y más incómodas. Hay muchos lugares, sitios, ciudades y países que son "selfiados" continuamente y en ocasiones a discreción. Tanto es así, que los responsables de Auschwitz pidieron evitar los selfies durante la visita al campo de concentración, denunciando en las redes sociales la actitud irrespetuosa de algunas personas, más pendientes del selfie que de saber en qué sitio se encuentran. Es una locura, todo por un selfie, el estandarte del postureo y un aval para conseguir Likes.

Esa debía ser la principal preocupación de unas chicas de entre 18 - 20 años, que estaban desayunando en la cafetería del hotel. Era temprano, eran tres y a cual más arreglada, con look casual pero de precisión. Más atentas al pintalabios, al pelo o las uñas que al desayuno, se preparaban para asaltar las calles, los escenarios del selfie. Imaginé que tal vez eran unas blogueras o algo así... pero no, puro y duro, turismo de selfie.

Roma es el sitio ideal porque es una ciudad de continuos escenarios, y a cada cual, mejor.

Pose y puesta en escena cuidada al detalle. Serie de fotos junto al Coliseo / Jaime Becerra

Roma es el sitio ideal porque es una ciudad de continuos escenarios, y a cada cual, mejor. Desde los típicos tópicos hasta otros mucho menos aclamados, pero que de igual manera guardan belleza e historia, es perfecto. Se suceden los rincones, las plazas, las fuentes, el coliseo, el Panteón, La Fontana di Trevi, es un inmenso e inspirador escenario. Que además, se puede recorrer caminando y sin problemas llegar a los puntos principales. Es una maravilla.

"Maravilla si no fuera porque ya somos tantos los que vamos en busca de fotos, que no cabemos"

Sí, maravilla, si no fuera porque ya somos tantos los que vamos en busca de fotos, que no cabemos. Y lo peor, aquellas personas que se "apalancan" y posan, miran la foto, posan, miran la foto y así hasta lindar con la paciencia.

Posando en las escaleras de la Trinità dei Monti en Roma / Jaime Becerra

Otros montan auténticas coreografías con saltos incluidos, gestos y repeticiones, varias tomas. Otros sellan su amor ante la cámara con el "palito" en un fundido beso. En cada esquina hay indios y pakistaníes ofreciendo palitos para el móvil, muy demandados y muy puñeteros a la vez, se cuelan en todas las fotos.

"El primer autorretraro -selfie- de la historia, se lo hizo Robert Cornelius

en 1839, hace 180 años"

Son hordas de personas, grupos siguiendo banderas, sombrillas y hasta muñecos de peluche como distintivos para que "las ovejas" no se pierdan y sigan a su guía. Y así, es muy complicado intentar hacer fotos, de esas para un reportaje. A la mayoría de las personas con los móviles, como que les da igual si la foto es buena o mala, la cuestión es tenerla. Excepto las y los "profesionales" del selfie. Profesionales al menos en puesta en escena, en echarle ganas y llevar artilugios de apoyo como trípodes y reflectores.

El primer selfie en 1839

Una autofoto, autorretrato o selfi -de las voces inglesas selfie o selfy- es un autorretrato realizado con una cámara digital o un teléfono móvil. Se trata de una práctica muy enfocada a las redes sociales, a la inmediatez y la aceptación. Pero no es una práctica de estos tiempos, el autorretrato ya se hizo famoso en tiempos de las cámaras analógicas de fotografía, cuando no contaban ni con autofoco ni automatismos de medición.

En 1839, Robert Cornelius, un pionero estadounidense de la fotografía, realizó un daguerrotipo de sí mismo, que además de ser el primer autorretrato fotográfico, es uno de los primeros retratos fotográficos de personas. En la parte de atrás de la foto escribió: “The first light Picture ever taken. 1839”. (La primera fotografía lumínica jamás tomada. 1839).

Robert Cornelius en su primer autorretrato y el primero de la historia, en 1839

La aparición de la cámara de cajón portátil Kodak Brownie en 1900, hizo del autorretrato fotográfico una práctica extendida. Se solían realizar con la ayuda de un espejo para encuadrar y un trípode para estabilizar la cámara.

A la edad de 13 años, en 1914, la zarina Anastasia Nikoláyevna de Rusia se convirtió en la primera adolescente en realizar un autorretrato fotográfico, y lo hizo con la ayuda de un espejo. En una carta que acompañaba a la fotografía explicaba: “Hice esta fotografía yo misma mirándome al espejo. Fue muy difícil ya que mis manos estaban temblando”.

Contra la masificación

En la Fontana di Trevi diariamente se forman atascos, y algunos días, a ciertas horas, el acceso a la zona es muy complicado. Otro caso similar es la escalinata de Trinità dei Monti, en la Plaza de España y en el corazón de la ciudad eterna. Inaugurada en agosto del año pasado después de su restauración, patrocinada por Bulgari, que costó un millón y medio de euros y diez meses de trabajo, es visitada diariamente por unas 30.000 personas convirtiéndola en muy proclive a los atascos humanos.

Para todos los gustos, desde lo más sencillo a eleboradas coreografías urbanas.

Fotografías hechas en las escaleras de la Trinità dei Monti, en la Plaza de España. Roma.

Contra esta masificación del turismo, a veces salvaje y arrasadora, se manifiestan críticos e historiadores del arte italianos, que piden una tutela de los bienes públicos. El Ministerio de Bienes Culturales ha intentado dar respuesta y soluciones a las críticas con las directrices de un plan de emergencia: se deben controlar los flujos de personas en los lugares más conocidos, sistemas para contabilizarlas, paradas breves y establecer números cerrados en algunos monumentos.

"El Coliseo tiene 6 millones de visitantes al año, mientras el Palacio Venezia, que dista 600 m, solo lo visitan 50.000 personas"

Por ejemplo, y según palabras del Ministro: "el Coliseo tiene seis millones de visitantes al año, mientras el Palacio Venecia, que está a 600 metros, solamente lo visitan 50.000”. Otro caso emblemático lo cita el crítico de arte Philippe Daverio: "Cuando Sigmund Freud visitó Roma contempló durante horas el Moisés de Miguel Ángel y hoy, en la misma espectacular iglesia de San Pietro in Vincoli, cerca del Coliseo, el turismo es escaso".

"Miramos el mundo a través del móvil y enseñamos nuestro mundo a través del móvil, un mundo ficticio"

Si Nerón levantara la cabeza, lo mismo le prendía fuego nuevamente a la ciudad. Las aglomeraciones son constantes y el turismo se ha apropiado de los espacios comunes de los romanos, de sus puntos de encuentro. Si hace muchos años nos reíamos de los japoneses, todos con sus cámaras bajando apresurados del autobús turístico para hacer fotos a todo lo que se moviera y lo que no también, ahora nos tenemos a nosotros mismos, de todos los tipos, de todos los colores y diferentes nacionalidades. La globalización es abrumadora y allá vamos con el móvil a captar todo, a pelearnos por el hueco para conseguir un nuevo selfie que mejore al anterior. Es el fin, el objetivo. Miramos el mundo a través del móvil y enseñamos nuestro mundo a través del móvil, un mundo ficticio, de postureo pero que consigue likes.

Arriba Aglomeraciones junto a la Fontana di Trevi en la que destacan los móviles, cámaras, gente posando y palitos.

Abajo La calle es un escenario repleto de “artistas” delante y detrás de la cámara.

Una mujer revisa las fotos hechas junto al Coliseo y un chico bailaba en la estación Termini / Jaime Becerra

Complicado lo de organizar el turismo, esos flujos repletos de personas en medio de la ciudad y que en algunas épocas del año coinciden tantos, que lo colapsan todo.

Arriba En la Piazza del Popolo, en Roma, hasta las estatuas se hacen selfies.

Abajo Selfie de parejita frente a la Fuente de los Cuatro Ríos, en la Piazza Navona. Un espacio descubierto, un escenario

sin tumulto y en pleno centro de la ciudad. Esta grabación fue larga ya que era un vídeo / Jaime Becerra

Así es que debemos poner de nuestra parte, intentar no ser abusones con los selfies. Haz un par de fotos y deja paso al siguiente, que hay cola. Intenta mirar si no te estás poniendo delante de la cámara de alguien que llegó antes. Si ves que están posando, mira dónde está la cámara para no estorbar, que si la foto sale mal, la repiten y más tiempo tardan en despejar la zona. A poco que pongamos atención más allá de la pantalla del móvil, descubriremos un mundo fascinante, vivo y con personas que además de hacer selfies, pueden contar algo.

No es broma, los puntos neurálgicos del turismo mundial se están colapsando, y en especial los lugares de afamado prestigio. La obsesión por la foto, el selfie, es el gran tirón, es lo principal. No importa saber en qué sitio estamos, su historia o su estilo artístico. Es la nueva forma de viajar, de conocer, todo a través del móvil y dedicando muy poco tiempo a mirar la realidad. ¿Tu vida es un selfie? o


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