• Juan Ramón Puyol

La colonia española en México


En estos días se cumplen 80 años del éxodo de españoles republicanos al exilio. Más de 20.000 compatriotas encontraron un hogar en México. En uno de los primeros barcos del exilio, viajaron mi abuela Luisa Carnés con su hijo Ramón Puyol. El presidente mexicano Lázaro Cárdenas y el doctor Negrín habían previsto repartir por todo el Estado a la Colonia Española, fundando pequeñas empresas e instituciones de todo tipo, para dar trabajo a los españoles y a la vez contribuir en la modernización del país azteca. La mayoría fueron a la capital donde crearon colegios, empresas, editoriales, periódicos y centros deportivos.

“Excursión a Las Estacas”. Maria Plaza, se abanica ante la sorpresa del resto de la familia Rodriguez que ríe, durante una escapada de descanso al nacimento del rio Yautepec a mediados de los 50’ / Familia Rodríguez Mata

Mis padres Ramón y Maleni, niños republicanos, se conocieron de jovencitos en el colegio Luis Vives, que era de españoles como el colegio Madrid. Aquellos jóvenes se casaron años después como hicieron muchos hijos de exiliados ampliando así la colonia.

De esta nueva generación nacimos nosotros, que ya no éramos ni españoles, ni mexicanos. A mis hermanos y a mí nos enviaron también a estudiar al Luis Vives. Recuerdo un gran patio arbolado, rodeado de los bajos pabellones modernistas de las aulas, y, un palacete gótico, aislado de los demás edificios, solitario, a la sombra de un árbol del tópico y que me causaba terror. Albergaba la dirección. Era un escenario de pesadilla. Cuando salíamos al recreo yo prefería jugar en la otra punta del patio no fuera que aquella casona me engullera por alguna de sus ventanas.

Tiempo más tarde nuestros padres nos inscribieron en uno de esos clubes deportivos, El Mundet, que estaba más cerca de nuestra casa del barrio de La Condesa, que el Centro Asturiano, si es que algo está cerca de algo, en el Distrito Federal.

La Condesa está pegada a la colonia Roma, barrio donde se desarrolla la oscarizada película de Cuarón y que es reflejo de nuestra infancia. Las escenas de las calles del barrio, esas aceras medio rotas, las azoteas solariegas con sus tinacos de agua y sus vertiginosos muritos bajos a los que daba miedo acercarse pues a la altura de las rodillas no ofrecían mucho resguardo ante el abismo de la caída al patio y allí en medio de esas terrazas las nubes blancas de las sabanas agitándose como un cielo doméstico y aromático, limpio y cegador.

En uno de los fotogramas de la cinta se ve a la madre de la familia protagonista abrazando al padre mientras se sube a un Volkswagen Escarabajo, ante la mirada triste del hijo pequeño y la muchacha de servicio que lo mantiene amorosa a su lado. Es el mismo auto, que conducía mi tía Julita cuando nos pasaba a buscar para ir al Mundet. Allí dentro nos apilaban a los 7 primos.

Fotograma de la oscarizada pelicula de Cuarón, “Roma”, que recrea acertadamente el ambiente

de la clases media alta en los años 70’ en México / Participant Media / Cuarón

Los más delgaditos, mi prima Elena y yo, en la zona del estrecho maletero. Desde ahí mirábamos la ciudad, sus arboles y edificios pasar difusos tras la media luna del parabrisas trasero. Apretados como Laika en su vuelo al espacio en el Sputnik 2.

En aquel centro de recreo pasábamos todo el día haciendo todo lo que hacen los niños pequeños cuando los dejas solos. Perrería y media, además de jugar al balón, ponernos a remojo en la piscina hasta arrugarnos como pasas y huir de los guardas a los que manteníamos en forma con nuestras gamberradas.

Al tiempo que crecimos se nos fue quedando pequeño el Mundet, y, aunque no nos dejaban salir por ser menores, saltábamos las bardas del recinto para irnos a un supermercado de tipo norteamericano cuyas instalaciones respondían a su nombre: ¡Gigante!

Aquel comercio era el sitio ideal para jugar al escondite y despistar algún chuche, para después salir a la carrera, cada uno por su lado, hasta nuestra guarida del club.

"Paella valenciana y mangos de manila, ese era el sabor del exilio en el D.F."

La colonia española en México había fundado también todo tipo de asociaciones políticas y culturales, así que las fiestas, los homenajes y comilonas en sus sedes eran el pan nuestro de cada día. Recuerdo las enormes paelleras exhalando sus apetitosos vapores en aquellas fiestas de españoles transterrados. Paella valenciana y mangos de manila, ese era el sabor del exilio en el D.F.

En ese mundo de canciones e himnos de catalanes, vascos, madrileños, donde resonaban los versos de Machado, de Lorca y la voz de Garfias, y, donde en algún rincón mi padre tocaba su guitarra flamenca junto a sus amigos del alma. Muchas veces nuestro abuelo, el poeta Juan Rejano, nos llevaba al periódico “El Nacional”, donde dirigía el suplemento cultural, para que jugáramos con los viejos grabados de plomo y las galeradas de las ruidosas linotipias, para acabar saltando de bobina en bobina del papel de rotativa.

En cierta ocasión nos llevó a visitar a su amigo León Felipe a su casa. Recuerdo a aquel personaje, al que todos veneraban, sentado en su sillón orejero, con su espesa barba blanca y su boina negra que enmarcaban aquella mirada severa y grande, tras sus gruesas gafas de pasta oscura... o


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