• Jaime Becerra

Antonio "El Punky"


Fue un pionero que a principios de los ochenta trajo el tatuaje artístico, de calidad, a la ciudad de Cádiz. Montó dos estudios y con el segundo conoció la gloria. Después, la vida se le ha puesto esquiva y con los cincuenta ya superados, sigue luchando por volver a la cima. Su arte, su calidad le avalan y le mantienen, mientras, en la memoria colectiva de la ciudad, todos recuerdan con admiración a Antonio El Punky. Por Jaime Becerra.

El tatuador Antonio de la Vega

Sus trabajos son obras de arte en la piel, con ellos ha ganado premios en convenciones de tatuadores nacionales e internacionales. Ha colaborado con el doctor Ángel Benítez en la preparación de su tesis de medicina y ha dado cursos higiénico sanitarios. Es un artista de pie a cabeza, el tiempo le ha sosegado y la sapiencia le aporta tranquilidad, ya no necesita demostrar nada, sus tatuajes hablan por él y su figura se mantiene fresca en la memoria de muchos gaditanos, es un maestro pero a él no le gusta poner sus logros encima de la mesa.

De talante pausado, amable e incluso cariñoso detrás de un aspecto serio, es de esas personas que no tiene prisa por contar que es muy bueno, es más, demuestra un pulcro respeto hacia sus colegas y las nuevas generaciones de tatuadores de la ciudad, les entiende aunque no comparta el sistema de trabajo y la actual comercialización del tatuaje. Él es de la vieja escuela, el pionero, el que abrió el camino y sigue abordando su trabajo con una delicadeza extenuante hasta encontrar la perfección. Es Antonio de la Vega, "El Punky".

Y no es exageración, lo he escuchado ya varias veces de distintas personas y así lo cuenta también Vanesa, que lleva la obra de Antonio en brazos y espalda.

"Con Antonio me tatué la primera vez, es muy especial a la hora de tatuar, se exige mucho, es muy perfeccionista. Si me quiero poner una mariposa con un arco iris y él no lo ve, te dice: 'mira esto no te lo hagas por estos motivos’. Siempre te aconseja y busca lo mejor para que el tatuaje se adapte a tu cuerpo. Y a pesar de su aspecto seriote, que cuesta entrar, es súper cercano y eso te ayuda. Yo aguanto unas tres horas y es importante tener un vínculo con el tatuador, si tu conectas con esa persona con la que vas a estar tanto tiempo, el tatuaje va a salir mucho mejor también.”

Vanesa con sus brazos tatuados por Antonio / J. Becerra

¿De dónde eres Antonio?

Soy nacido en Barcelona, de padres gaditanos, pero me he criado aquí desde los cuatro años en el Mentidero.

¿Antes de tatuar, dibujabas?

Todo viene de mi padre que era artista, dibujante de retratos y mi abuelo llevaba tatuajes, y entre una cosa y la otra, la curiosidad lleva a la aventura. En el barrio había gente que tatuaba en la calle, incluso en el Parque Genovés, en los años 70, con los hippies.

Para tatuar, ¿ hay que dibujar bien?

Claro, desde chiquitito estaba yo con mi padre mientras él dibujaba.

¿Cuándo empiezas a tatuar?

Rústicamente, a mano, empecé en el 82, no había tiendas ni nada de eso. Después estuve dos años en la legión y ahí se tatuaba bastante y conocí a un individuo que tenía una máquina de esas con motorcillo y empecé a cambiar la técnica, entre el 84, 85. Allí había mucha gente tatuada, muchos extranjeros con tatuajes muy bonitos y cogí mucha experiencia. En ese tiempo conocí también al famoso tatuador Mao, en Rota, contacté con él y le compré una máquina ya más profesional, y trabajando, trabajando, monté mi primer estudio profesional en Cádiz, el primero en la ciudad.

"No había nada. Era una época dura, nadie quería el tatuaje, no te pagaban un duro; yo estuve mis primeros años sin cobrar nada, por amor al arte"

¿Y cómo era ese Cádiz?

No había nada. Era una época dura, nadie quería el tatuaje, no te pagaban un duro; de hecho yo estuve mis primeros nueve años sin cobrar nada, por amor al arte. Gente de la calle, de la cárcel, muchas bandas como Los Lolailos o el grupito nuestro que era de "punkarras" y éramos los únicos. Ese era el ambiente que había en Cádiz.

¿Cómo fue tu aprendizaje?

Empecé porque uno me hizo un tatuaje malísimo en el hombro, y de ver la porquería que hizo, digo, esto lo puedo hacer yo mejor. Me hice con unas agujas de mi madre, de esas de bordar antiguas y tiro. Eran los instrumentos rústicos de esa época. He sido totalmente autodidacta.

Y montas tu primer estudio, ¿cómo fue esa experiencia?

Lo monté en el 93 en la calle Barrié, al lado de la Plaza del Palillero. Se llamaba Apocalipsis Tatoo.

Y la verdad costó bastante trabajo, sobre todo con el Ayuntamiento, no querían un estudio de tatuajes en Cádiz porque estaba mal visto. Y durante seis meses estuve luchando para que me dieran la apertura. Nos reunimos Mao, Lucio y los de esa época y conseguimos un estatuto que amparaba a los trabajadores del piercing y la peluquería, no del tatuaje, pero ya se hacían piercing, un epígrafe que en esa época era increíble. Cambie lo del estudio de tatuaje por termografía, y simplemente por esa palabra, coló y me dieron la apertura.

Y a nivel sanitario, ¿qué se exigía?

Estaba muy controlado por Sanidad, pero como no sabían nada del tema, nos preguntaban a nosotros. Y como nosotros estábamos formados con nuestro autoclave para esterilizar, ellos iban apuntando y cada vez nos iban exigiendo más, cosa que nosotros les exigíamos a ellos, por la mala competencia. Y una cosa llevo a la otra y luego fueron exigencias bastante fuertes por parte de Sanidad.

¿Cómo conseguías los materiales?

No es como ahora que puedes comprar por internet cualquier material y ver lo que estás comprando. Antes venían las tintas de Estados Unidos o Inglaterra, costaba todo muy caro y eran seis botes, no había más colores, una máquina y poco más, era un sacrificio. Eran pigmentos en polvo y todo lo hacíamos a mano.

Tatuajes realizados por Antonio de la Vega, donde las sombras y un trabajo delicado, dan relieve

a las formas y los motivos. Son dibujos de mucho color y perfilados de gran definición.

¿Y qué pasó con ese estudio?

Lo pase mal porque los vecinos estaban en contra, pero incluso así, me mantuve. Luego vino Lucio y me invitó a tatuar en su estudio en Rota, ahí era la cosa diferente, empecé a ganar dinero, luego me fui con él a Lloret y cuando volví monté otro estudio en Cádiz, con el mismo nombre y con mucha más aceptación, fue un cambio radical.

¿Se había puesto de moda el tatuaje en Cádiz?

Bueno, la moda venía en parte de mí, el único mundo que existía del tatuaje aquí era el mío, lo que yo iba creando, era lo que la gente iba viendo y queriendo. Fue un tiempo bastante bueno hasta que aparecieron problemas de construcción en el local, yo caí enfermo y hasta ahora, que no levanto cabeza.

"Mis clientes destacan mucho el tema del color, el realismo, los temas impactantes y el tatuaje sólido"

¿Qué resaltarías de tus trabajos, en qué se diferencian del resto?

No sabría decir y a la vez, debería decir tantas cosas, pero prefiero callar. En general, mis clientes destacan mucho el tema del color, el realismo, temas impactantes y el tatuaje sólido.

Antonio siempre presenta creaciones propias, sin plantillas copiadas.

¿Qué es un tatuaje muy sólido?

Es el diseño en sí, con sus líneas, sus colores permanentes y un tatuaje que dure toda la vida. Que sea un tatuaje, no con muchas aguas, muy tenues, que se van perdiendo con el tiempo.

¿Has formado a tatuadores?

Sí, he tenido unos pocos alumnos.

¿Hay mercado en Cádiz para tantos tatuadores?

Yo creo que no.

¿Cuál es el proceso para hacer un tatuaje?

Ese proceso a lo largo de 35 años ha cambiado bastante. Al principio, cuando empecé, era un bolígrafo y a tatuar a mano. Luego eran catálogos lo que la gente quería, cuanto más catálogo, más se entusiasmaba. Llegó un momento en que la gente no quería mirar el catálogo, se volvió cómoda, tenías que decirles tú lo que tenían que tatuarse.

Y luego con la tecnología, los tatuadores de ahora, en los estudios, sientan al cliente al lado... que quieres ésto, photoshop, retocan, plantilla, tatuaje y fuera. No lo hacen mal, son bonitos pero de lo más comercial.

¿Cuánto se tarda, más o menos, en hacer un tatuaje?

Hay tatuajes tan pequeños, que en 3 o 5 minutos están hechos. Cuatro trazos, como esos que anuncian por ahí de 5 centímetros en ofertas, que parece que están en el Corte Inglés o el Pryca. Ya tatuajes más elaborados, puedes tardar, por lo menos yo que soy bastante aplicado, de 2 a 4 horas en un tatuaje medio y bastante bueno. Ya si son grandes, por sesiones o lo que aguante el cliente.

¿Y el precio, aproximadamente?

En España hay muchas clases de precios. Incluso aquí en Cádiz cada uno da el precio que le da la gana, teniendo o no estudio. Hay señores que ofrecen tatuajes a dos por 20 euros y te regalan un piercing. Un precio estable en estudio es de los 50 euros para arriba, 100, 200, 400, ya cuando sobrepasa ese precio, es porque son sesiones.

Este artista, tiene la capacidad de generar diseños de distinto tipo y un amplio catálogo propio.

¿Qué cuesta un equipo básico para trabajar a nivel profesional?

Sin poner tintas, que es lo más caro en el tatuaje y quitando el estudio, con 600 euros en equipo pueden empezar. En tintas, si quieres tener una media colección, unos 1.500 euros. La colección completa que suelen ser bastantes tonos, te puede costar los 3.000 euros, que no es moco de pavo y son pigmentos que se gastan rápido. Ya el resto de materiales es barato, agujas, tubos, eso es desechable.

En cuanto al tema sanitario, ¿qué se le exige hoy a un tatuador?

Aparte del estudio en sí, te piden un higiénico sanitario, que ahora se lo están pensando porque no es suficiente, y poco más. Ya no hace falta el autoclave porque todo el material es desechable.

¿Algunos trabajos que recuerdes con especial cariño?

Bastantes. Normalmente hago lo que me pide el cliente, aportando mi técnica o mi estilo. A lo largo de mi vida he tenido bastantes momentos agradables por el resultado de los trabajos que le han gustado a la gente.

¿Aconsejas a quien quiera hacerse un tatuaje?

Siempre. De hecho tenemos un escrito de consentimiento informado, donde se explica e informa de todo a la persona que va a hacerse un tatuaje. Y además aconsejándolos personalmente sobre si con el tiempo se puede arrepentir o que lo que te pide no puede quedar bien. Por desgracia, al 90% le da igual. Yo simplemente quiero hacer bien mi trabajo.

"La mayoría no tiene gusto, son como borregos, todos buscan lo mismo, hacerse lo mismo"

¿Qué es lo que más ha cambiado en el mundo del tatuaje?

Todo. Lo primero, la clientela, que es la que realmente tiene la culpa de todo esto. No tienen gusto, son como borregos, todos buscan lo mismo, hacerse lo mismo... esa es la desgracia. Los artistas del tatuaje, los que realmente aman esta profesión de toda la vida, han perdido bastantes clientes por lo mismo, por aconsejar a esas personas estúpidas, digamos.

¿Tienes tatuadores de referencia?

Bastantes. Siempre tengo en mente al primero, Filip Leu, un suizo de la llamada familia Iron. Su padre, ya fallecido, su madre, su hermano, su mujer, toda su familia tatúa y son increíbles. Jack Rudy, es muy bueno, hace retratos. Lyle Tuttle, que ha muerto hace unos días. Y también el holandés Hanky Panky, no es que sus trabajos sean impresionantes, pero fue clave en el mundo del tatuaje. Son tatuadores antiguos y pioneros.

¿Y qué nivel hay ahora en Cádiz?

Bien, veo cosas de ellos por la calle y bien, comerciales, lo que la gente busca. No me impactan pero no lo hacen mal, por lo menos los chavales se están manteniendo.

"A mí me gustaría seguir, y la verdad es que haría algo bastante grande"

Aparte de tatuaje, ¿realizas otros trabajos artísticos?

Cuando puedo pinto murales que es lo que más me gusta, ya para lo pequeño tengo los tatuajes, que aunque sean grandes, son pequeños. En mi casa siempre dibujo, tengo mis diseños y mis catálogos personales.

Antonio busca una alternativa para resurgir, la vida le ha sido esquiva pero su calidad permanece.

¿Qué le falta a Antonio para empezar otra vez?

Mucho dinero y se me quitan todos los problemas. Montaría otro estudio, que ya no cuesta tanto como antes, que yo he pagado 1.350 euros por un local, más el autónomo, más los empleados. Yo tenía que sacar solo para pagar, 3.000 euros todos los meses.

Con 6.000 euros yo creo que arrancaba, pero no te puedes mantener, un mes que viene mal y a tomar por culo. Y a mí me gustaría seguir, y la verdad es que haría algo bastante grande. Y una de las cosas por las que me gustaría montar el estudio, es por mi hijo de veinte años. Se ha criado en el mundo del tatuaje, viniendo conmigo a Barcelona y a muchos sitios y cuando ahora él es consciente, no ve esa gloria, ese glamur que pillé yo antes con el tatuaje: convenciones, viajes, billetes... me gustaría que mi hijo lo viviera. Al principio de niño él tenía mucha ilusión, incluso me hizo un tatuaje con ocho años, pero vio después al padre ir mal. A él le gustaría dedicarse a esto y tiene condiciones, es dibujante.

Debe ser jodido estar varado a sabiendas de que vales.

Es frustrante, me siento como en un limbo y no encuentro la puerta, esto va a peor y cada vez los clientes son menos. Hay un momento en que la gente se llena de tatuajes y no hay más que hacer.

Al día siguiente de hacer la entrevista a Antonio, me crucé con un conocido “muy gaditano”, de esos que se saben todas las historias de la ciudad y le comenté que había entrevistado a Antonio, un tatuador pionero en Cádiz. Y me dijo: “¿No sería Antonio el Punky?”. Sí, le respondí y continuó. “Pues no veas lo bueno que es haciendo tatuajes, ese hombre es muy conocido, mucha gente a la que le hacían unos tatuajes de pena, luego iban a él para que se los arreglara. Es el mejor sin duda.”

Vanesa y Clemente son una pareja de Cádiz que vive en Chiclana, son clientes fieles de Antonio. Sus cuerpos se han ido cubriendo con los tatuajes del artista en los últimos años.

Vanesa es psicóloga y tardó más que Clemente en hacerse su primer tatuaje. "Estudie la carrera fuera y empecé a trabajar, aunque siempre me han encantado los tatuajes, el tema del trabajo me condicionaba, ya sabes, los topicazos, que si te ven los tatuajes no te van a contratar y lo fui postergando. Hasta que dije, o me lo hago ahora o no me lo hago nunca. Y el primero fue en 2016, me he llenado los brazos en estos tres años, llevo también parte de la espalda y mi intención es ponerme entera". Dice que en su familia no ha sentado muy bien lo de sus tatuajes. "Tienen otra mentalidad, son más conservadores, yo voy por otro camino".

Los cuerpos de Vanesa y Clemente se han ido llenando con los tatuajes de Antonio.

El último se lo ha hecho hace un par de meses y reconoce que le duele al hacérselos.

"Antonio dice que yo aguanto muy bien, pero yo sufro. Es muy adictivo, porque duele muchísimo, lo pasas mal luego en el post, a mí se me bajan las defensas, no tengo ganas de nada. Después poco a poco voy remontando y cuando empiezo a ver el color con la piel nueva, ya empiezo a pensar en otro, digo aquí falta algo y llamo a Antonio. Ahora tengo un trabajo menos conservador y no tengo problemas, pero siempre llevo unas mangas que me tapan porque no todo el mundo lo ve igual".

Clemente lleva dieciocho años tatuándose con Antonio y Vanesa tres. Poco a poco han ido cubriendo sus cuerpos.

Clemente es electricista y tiene los brazos totalmente tatuados, otro tribal en la pierna y tatuajes en parte de la espalda. Su primer tatuaje se lo hizo en el 2001, fueron unas "carpitas" que le hizo Antonio cuando empezó a salir con Vanesa. El último se lo ha hecho hace un par de meses. Un brazo está en color y el otro, en blanco y negro con una pizca de color.

"Empecé con el blanco y negro porque a Antonio se le conocía mucho por su trabajo con las sombras, pero después probé también con el color y ahora me gusta más, creo que tiene más volumen. Conocí a Antonio porque en Cádiz era muy famoso en aquella época, cuando o te ibas a Rota a tatuarte o con el Punky. Vi trabajos hechos en Rota y no me gustaron mucho, vi los de Antonio y me gustó mucho el tema de las sombras y me decidí a hacerlo con él. Y después de 18 años, sigo con Antonio".

Dice que tiene claro que son para toda la vida y puntualiza que hay pocos, que hay que seguir porque faltan, y aunque duele, le compensa por el resultado o


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