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¡Viva La Pepa!


Se celebran los 40 años de la Constitución de 1978 y de ello se está hablando y se hablará durante unos días. Pero desde el sur de la península, desde Cádiz y aprovechando el acontecimiento, hacemos un guiño reivindicativo para recordar también, a la que fue la primera Constitución promulgada en España en 1812, "La Pepa".

Y es que la pobre, que fue muy importante pero de corta vida, apenas se recuerda en el territorio nacional.

No sucede lo mismo, obvio, en la ciudad donde fue promulgada, en Cádiz, que la lleva a mucha honra y es

por todos conocida.

"Fue la primera constitución promulgada en España, además de ser una de las más

liberales de su tiempo"

Se promulgó un día 19 de marzo, de ahí el apodo cariñoso de "La Pepa", apodo que se ha multiplicado por más

de dos siglos para bautizar bares, restaurantes, tiendas, cafés e incluso un maravilloso puente. Promulgada por las Cortes Generales españolas, reunidas de forma extraordinaria en Cádiz el 19 de marzo de 1812, ha sido la primera Constitución promulgada en España además de ser una de las más liberales de su tiempo. Se podría considerar

que el Estatuto de Bayona, del 6 de julio de 1808, es una Constitución anterior, pero no suele ser aceptada como propiamente española, debido a la presión napoleónica con la que se redactó.

Portada de la edición original de la Constitución de 1812.

Oficialmente estuvo en vigor solo dos años, desde su promulgación hasta su derogación en Valencia el 4 de mayo de 1814, tras el regreso a España del rey Fernando VII. Apenas entró en vigor ya que una parte de España se encontraba en manos del gobierno afrancesado de José I Bonaparte, otra en mano de juntas interinas organizando su oposición a "Pepe botella" y el resto de los territorios de la Corona española, los virreinatos, se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causados por la guerra de Independencia. Posteriormente se volvió a aplicar desde el 8 de marzo de 1820, cuando en Madrid Fernando VII es obligado a jurar la Constitución de 1812, estando vigente hasta 1823. Y al final, un breve período entre 1836 y 1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.

Esta Constitución establecía la soberanía en la Nación —ya no en el rey—, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la limitación de los poderes del rey, el sufragio universal masculino indirecto, la libertad de imprenta, la libertad de industria, el derecho de propiedad o la fundamental abolición de los señoríos, no incorporó una tabla de derechos y libertades, pero sí recogió algunos derechos dispersos en su articulado. Además, confirmaba la ciudadanía española para todos los nacidos en cualquier territorio de la corona, provincias americanas, africanas y asiáticas.

Facsimil conservado en el Senado / Barcex

Pero no nos engañemos, que a lo largo de la historia se ha traspasado la idea de que, más o menos, era una Constitución "revolucionaria" sin tener en realidad el conocimiento de sus artículos. Cierto es que hay que situarse en la época y para su tiempo, sin duda, aportaba importantes avances. Pero el texto definía a España como un Estado confesional católico, prohibiendo expresamente en su artículo duodécimo cualquier otra confesión y el rey lo seguía siendo "por la gracia de Dios y la Constitución". Del mismo modo, este texto constitucional no contempló el reconocimiento de ningún derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadanía y la palabra "mujer" aparece escrita una sola vez -en la actual, dos veces-, en una cita accesoria dentro del artículo veintidós. Aún así, se le reconoce su carácter liberal, su afán en la defensa de los derechos individuales, el querer modificar instituciones caducas propias del Antiguo Régimen y en general, de recoger medidas regeneradoras enfocadas a mejorar la sociedad. Por eso se convirtió en un hito democrático en la primera mitad el siglo XIX, trascendió a varias constituciones europeas e inspiró los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los estados americanos durante y tras su independencia. La Constitución de Cádiz de 1812 limitó el poder de la monarquía, la abolición del feudalismo, la igualdad entre peninsulares y americanos y finalizó la inquisición.

"Las Cortes estuvieron compuestas por algo más de trescientos diputados, de los cuales cerca de sesenta fueron americanos"

Las Cortes Generales se reunieron el 24 de septiembre de 1810, en el teatro de comedias de la villa de la Isla de León, actual San Fernando, para posteriormente, trasladarse al oratorio de San Felipe Neri, en la ciudad de Cádiz.

El oratorio fue declarado monumento histórico artístico en 1907, como reconocimiento por haber sido sede de

las Cortes que elaboraron la Constitución de 1812. Allí se reunían los diputados electos por el decreto de febrero

de 1810, que había convocado elecciones tanto en la Península como en los territorios americanos y asiáticos.

A estos se les unieron los suplentes elegidos en el mismo Cádiz para cubrir la representación de aquellas provincias de la monarquía ocupadas por las tropas francesas o por los movimientos insurgentes americanos.

Oratorio de San Felipe Neri, en Cádiz, con placas

conmemorativas en su fachada / Jaime Becerra

Las Cortes estuvieron compuestas por algo más de trescientos diputados, de los cuales cerca de sesenta fueron americanos. La Constitución también se juró en América y su legado es notorio en la mayor parte de las repúblicas que se independizaron entre 1820 y 1830. Y no sólo porque les sirvió como modelo constitucional, también porque esta Constitución estaba pensada, ideada y redactada por representantes americanos como un proyecto global hispánico. Parlamentarios como el mexicano Miguel Ramos Arizpe, el chileno Fernández de Leiva, el peruano Vicente Morales Duárez, el ecuatoriano José Mejía Lequerica, entre otros, en los años posteriores se convirtieron

en influyentes forjadores de las constituciones nacionales de sus respectivas repúblicas.

Promulgación de la Constitución de 1812 en el oratorio de San Felipe. Obra de Salvador Vinegra.

Los debates constitucionales comenzaron el 25 de agosto de 1811 y terminaron a finales de enero de 1812.

La discusión se desarrolló en pleno asedio de Cádiz por las tropas francesas, una ciudad bombardeada, superpoblada con refugiados de toda España y con una epidemia de fiebre amarilla. El heroísmo de sus habitantes queda para la historia.

"El 4 de mayo de 1814, Fernando VII decretó la disolución de las Cortes, la derogación

de la Constitución y la detención de los diputados liberales"

El 4 de mayo de 1814, el recién restaurado rey Fernando VII decretó la disolución de las Cortes, la derogación de la Constitución y la detención de los diputados liberales. Comenzaba el regreso del absolutismo. El día 10 el general Eguía tomó Madrid proclamando a Fernando como rey absoluto. Previamente, se había gestado todo un clima de bienvenida popular. Fernando VII se opone a los decretos y a la constitución de las Cortes de Cádiz porque significan el paso de un Estado absolutista a uno constitucional.

Arriba Fernando VII firma la derogación de la Constitución de Cádiz de 1812 en el Palacio de Cervelló.

Abajo Real Decreto de la disolución de las Cortes, derogación de la Constitución y detención de los diputados liberales.

Los decretos de igualdad de derechos y de representación para "ambos hemisferios", donde los territorios americanos se integraban como provincias y la Corona perdía no sólo su privilegio absoluto sobre el resto de individuos, sino las rentas de todo el continente americano que pasaban al sistema administrativo estatal y no al monarca, al establecer el nuevo Estado nacional una diferencia entre la hacienda de la nación y la hacienda real, Fernando VII ni loco lo iba a consentir. Por otra parte, la representación política y la igualdad de derechos de los americanos era una reivindicación de soberanía que colisionaba con la nacional que los liberales peninsulares fijaban como única, central y soberana. El conflicto se estableció no solo entre un rey absoluto y la soberanía nacional, sus instituciones y representantes, sino también entre una concepción centralista del Estado, basada en

el gobierno de Madrid, y una descentralizada. ¿Os suena?

Tras la década absolutista, frustrada la opción autonomista gaditana, el nacionalismo ultramarino optó por la insurrección armada, lo que consolidó el triunfo de las independencias continentales americanas en 1825.

En la plaza de España de Cádiz, frente al puerto y junto a la parada de los autobuses de las líneas 1, 3 y 5, se erige

el monumento a la Constitución de 1812, fue construido en 1912 para celebrar el centenario de la efeméride. Cuenta con distintas esculturas y fragmentos escritos de los artículos de la Carta Magna "gaditana". Es uno de los lugares más visitados por turistas y forasteros. El conjunto monumental es grande y se sitúa en el centro de esta hermosa

y agradable plaza.

Arriba Monumento a la Constitución de 1812 en la Plaza de España de Cádiz / Jaime Becerra

Abajo Puente de la Constitución de 1812 / Diego Delso

Para el bicentenario de la Constitución, en 2012, se sucedieron los actos conmemorativos y la ciudad de Cádiz celebró por todo lo alto, con Cumbre Iberoamericana incluida. También se construyó el segundo puente, bautizado como Puente de la Constitución de 1812, que debía ser inaugurado dentro del año del bicentenario pero no se termino hasta 2015, pero esa es otra historia. ¡Viva La pepa!

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