• Marian Giménez

Cultura


La palabra cultura, viene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere, que tenía una gran cantidad de significados: habitar, proteger, cultivar. El sustantivo cultivo nos lleva a asociarlo, con labores del campo, porque

ha sido una actividad predominante a lo largo del desarrollo de la humanidad. Encadenando unos conceptos con otros, podemos hablar del cultivo del intelecto humano, de las creaciones artísticas, de la cultura gastronómica

y del patrimonio cultural de los diferentes pueblos y civilizaciones. La lista es infinita.

La cultura como otras producciones de la humanidad, está atravesada por la clase social a la que se pertenezca

que determina que es lo importante y que no. En un programa de radio se cuestionaba el lenguaje empleado para referirse a lo cultural como patrimonio, cuando es defendido por la burguesía y añoranza al hablar de cultura popular, con una clara discriminación de lo segundo.

Por toda la geografía española, se está viviendo el fenómeno de la despoblación y como consecuencia, la desaparición de tradiciones culturales, costumbres, fiestas que conmemoraban de forma ancestral los ciclos naturales, ligado todo ello a las actividades agrícolas y ganaderas. Son numerosos los refranes populares que aluden a esta realidad. Por ejemplo: "Por San Blas las cigüeñas verás. Año de nieves año de bienes. Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo." Y por supuesto la desmemoria más absoluta del trabajo y el esfuerzo de generaciones anteriores que se dejaban la vida trabajando en el campo, cuyas tierras normalmente eran del terrateniente.

Así mismo en los barrios de nuestras ciudades, existen espacios y núcleos urbanos, de las épocas de las grandes fábricas e industrias que han sido destruidas, o bien se quedan en el más absoluto abandono, deteriorándose día

a día, sin que ninguna administración se haga cargo, sin que haya un relato que nos hable también del patrimonio de los trabajadores y trabajadoras, cuyo trabajo iba de la mano de la explotación, sacrificio y esfuerzos por salir adelante, cuando no, enfermedades mortales ligadas al mismo.

Grafiti en el barrio de Tetuán, en Madrid

¿Por qué no considerarlo también patrimonio cultural? Las grandes catedrales, no son solo obra de los maestros canteros, participaron en su construcción ejércitos de personas que iban colocando toda la estructura del edificio. Para hacer cualquier cosa, se necesita siempre un trabajo colectivo y en lo cultural también.

En algunos de nuestros barrios, estamos poniendo en valor, las producciones culturales, de vecinos y vecinas anónimas, que no vienen anunciadas en grandes carteles, ni se representa en teatros. Son productos culturales populares que ayudan a mantener vivos los barrios periféricos, porque parece que lo único importante está en el centro y para unas clases determinadas. En los barrios, existen grupos de teatro alternativo, radios locales, gente que escribe poesía, personas que dibujan y pintan y toda una memoria cultural de generaciones pasadas.

Hagámoslo nuestro. El patrimonio cultural, no la añoranza.

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