• Juan Esteban Fernández Medone

El desierto más árido del mundo


En el extremo norte de Chile, se encuentra un vasto terreno yermo que fue bautizado como el desierto de Atacama. Este es el desierto más seco y árido de todo el planeta.

Foto Luca Galuzzi

Sin embargo está lleno de vida. Y es que presenta un sinfín de características tanto a nivel geográfico como cultural, que convergen para crear un ambiente misterioso, lleno de maravillosos paisajes, historias y relatos. Geográficamente presenta mil relieves y colores que cambian conforme se avanza desde la costa hacia la altura.

Geográficamente presenta mil relieves y colores que cambian conforme se va avanzando desde la costa hacia la altura

Se aprecian kilómetros y kilómetros de una nada que causa una tremen- da sensación de misterio e inmensidad para luego cambiar radicalmente cuando se llega a valles como el de Azapa o Lluta, donde los ríos que bajan por las quebradas dan paso a fértiles tierras que vienen siendo cultivadas desde hace milenios. Una vez que se dejan los valles y se avanza hacia el altiplano, el panorama cambia lenta pero radicalmente. Aparece vegetación y fauna nativa; primero el majestuoso espectáculo de los cactus candelabros, que forman un esquivo bosque de miles de ejemplares separados por unos 10 o 15 metros entre ellos. Más arriba empiezan a aparecer diversos tipos de cactus y helechos: Llaretas, Doquillas, Bailahuen...

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Ruta del desierto, rectas infinitas y kilómetros de una nada misteriosa / Valle de Azapa, con geoglifos ancestrales en la ladera de un monte

Fotos Juan Esteban Fernández M

Llamas y alpacas, tanto silvestres como domesticadas, se cruzan por la carretera haciendo parar a los conductores para contemplar aquel bello espectáculo. Ya llegando a la localidad de Putre, aparece de fondo el imponente volcán Taapaca, un pico montañoso nevado de más de 5.800 m ¡Sí, nieve en el desierto!

En el parque nacional Lauca, a 4.600 m, la nieve está ahí mismo, en el camino y los múltiples volcanes y picos montañosos adornan un paisaje que queda en la memoria como una postal sacada de un cuento de hadas. El lago Chungará, es sin ninguna duda uno de los lugares más impresionantes en los que he estado.

Lago Chungará con el volcán Parinacota de 6.000 m de altura / Foto Juan Esteban Fernández M

Parinas, Taguas gigantes y Jergones chicos, son algunas de las aves que adornan sus cristalinas aguas en cuya pureza se refleja el imponente volcán Parinacota y su blanco nevado de más de 6.000 m. Los 4.500 m se dejan sentir para quienes no estamos aclimatados, el oxígeno escasea, el dolor de cabeza empieza y cualquier movimiento brusco significa quedar sin aire por unos segundos. También se deja sentir el implacable invierno boliviano, con temperaturas bajo cero y helados vientos que a ratos calan los huesos. Calor, verano, sequedad, ríos, valles fértiles, altura, frío y nieve. En menos de 200 km recorridos, aparece cada uno de estos elementos en un trayecto que va cambiando con cada metro avanzado.

Aquí se han encontrado momias datadas en el 5.000 a.C., mucho más antiguas que las

momias egipcias

Culturas sorprendentes

Culturalmente el desierto presenta una inmensa diversidad que tiene su raigambre en la propia historia de encuentros y desencuentros que esta tierra ha visto acontecer. Miles de años antes de la llegada del hombre europeo, en estas tierras se habían asentado grupos humanos de diversa índole. La cultura Chinchorro, por ejemplo, habitó desde el sur del Perú hasta el norte de Chile y presentan una característica poco conocida a nivel mundial. Sus tradiciones fúnebres incluían la momificación intencional de sus muertos, las momias más antiguas encontradas en esta zona datan del año 5.000 a.C., mucho más antiguas incluso que las propias momias egipcias. Pasaron los milenios y diferentes culturas fueron tomando el control de estos territorios: la cultura Tiwanaku, la cultura Arica y el Imperio Inca.

Una de las momias de Chinchorro con capa de barro. Es un niño y estas momias son en la actualidad las más antiguas del mundo

Foto Museo de Historia Natural de Valparaíso

La historia de encuentros a lo largo de los años, dio pasó a una mezcla cultural que significó la transformación permanente y el desarrollo sostenido de las culturas tanto en ámbitos culturales, sociales, políticos, económicos

y tecnológicos. Desde el paso del nomadismo de cazadores-recolectores al sedentarismo sustentado por la agricultura y ganadería, también se traspasaron elementos sociales como: creencias, mitologías, sistemas de jerarquías, organización social, etc.

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El valle de la Luna y la Iglesia de Parinacota construida en 1607 / Fotos Juan Esteban Fernández M

La influencia de los grandes imperios llegó a ser tal, que desde la Amazonía hasta el desierto se evidencian intercambios de bienes y elementos culturales en una región que parecía englobar a todo el mundo andino en una sola cultura. Y es que en los varios milenios de existencia humana en este sector, las culturas del desierto se influenciaron entre ellas y así fueron cambiando.

La llegada del hombre europeo a estas zonas, y a pesar de su voracidad y su ímpetu genocida, no pudo borrar las culturas del desierto

La cultura y la identidad, entonces, no son jamás elementos estables, que se mantienen “puros” e intocados, sino que son contingentes, van cambiando y se van enriqueciendo con el contacto. Esto queda demostrado con la llegada del hombre europeo a estas zonas, quien a pesar de su voracidad y su ímpetu genocida no pudo borrar las culturas del desierto. Cierto es que causó un daño tremendo e irreversible, pero las culturas se adaptaron, sobrevivieron, se mezclaron y se mantienen aún vigentes. Un claro ejemplo es el fenómeno del sincretismo religioso, una mezcla de tradiciones religiosas y culturales que engloban la creencia católica cristiana occidental con elementos indígenas precolombinos, que es muy típico de Latinoamérica y particularmente del mundo andino.

Antiguas oficinas de la salitrera Santa Laura, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2005. La extracción de salitre, tuvo su esplendor a finales del SXX y principio del SXXI en la zona. En España fue conocido como Nitrato de Chile. Foto Juan E Fernández

El panorama cultural del desierto hoy en día no es muy diferente, en esta zona aun convergen personas de diferentes pueblos indígenas, de diferentes nacionalidades, idiomas, colores de piel y credos religiosos. Y es que el desierto sigue siendo un lugar de encuentro, de comercio y de socialización entre culturas, un espacio lleno de vida y plenamente multicultural en donde los milenios de historia humana que se han sucedido, parecen no haber borrado su esencia.

En Coyo, situado en el desierto de Atacama, el diablo se apodera del pueblo y sus habitantes durante cinco días al año

En definitiva, el eterno desierto combina su diversidad de paisajes y contextos con las tradiciones culturales que alberga para crear un mar de historias, tal como aquella que cuentan los habitantes de Coyo, quienes aseguran que durante el mes de febrero, Dios le permite al Diablo que se apodere durante cinco días del pueblo. Esos cinco días son los de carnaval y la gente del pueblo, endiablada, baila, celebra, canta y rinde ofrendas a la tierra como no lo hacen durante todo el año.

Atardecer en el desierto de Atacama / Foto Danielxfer Wikimedia

El desierto, sus historias y parajes a ratos nos hacen perder la noción del tiempo y del espacio. Invita al viajero a contemplar y reflexionar, a observar los matices que presenta un paisaje que de lejos parece homogéneo, pero que de cerca nos enseña su diversidad de vida y colores infinitos.

Galería de imágenes / Fotos Juan Esteban Fernández Medone

#Desierto #Atacama #Chile

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