Editorial

Son tiempos incómodos, donde cualquier posicio- namiento u opinión, por razonable que sea, antes de ser entendida y debatida, es atacada.

Hemos blanqueado la libertad de expresión, hasta confundirla con la libertad de propagar odio a base de mentiras. Hemos dibujado un tablero lleno de fango, preparado para una lucha despiadada que convierte el mundo al revés. Donde los agresores ideológicos se presentan como víctimas. Y lo peor, han soliviantado a demasiadas personas que, como grandes herramientas intelectuales, presentan con- signas inflamadas por odios, exclusión, desigualdad, clasismo y xenofobia, bien empaquetadas en falacias y miedos.

Por eso, el movimiento feminista, un movimiento que busca igualdad y que ha conseguido una enorme repercusión que está removiendo conciencias, se ha convertido en el blanco de los esputos de bilis procedentes de los sectores más reaccionarios de la sociedad, que ven como sus prebendas, injustas y extemporáneas, se tambalean.

El pasado domingo 8 de marzo, las calles de muchos países del mundo se volvieron a llenar de mujeres, de morado. En otros países no pudieron, las leyes de los hombres se lo prohíben y en otros, fueron contenidas con fuerza hasta impedir sus manifestaciones, tam-bién, por las leyes de los hombres.

 

Cada vez son más y gritan más fuerte que su causa es la igualdad. Y quien no está con este movimiento, está en contra de la igualdad, por más vueltas que le dé, por más matices absurdos que se quieran buscar a la palabra feminismo, hasta acomodarla al machismo.

El feminismo es la gran esperanza, sus voces son las de todos o deberían serlo. Son una trinchera nece- saria e indispensable, en tiempos donde la ultra-derecha amenaza con hacer saltar por los aires todo lo bueno conseguido en nuestras sociedades.

Ya sabemos lo que consiguió el fascismo y no podemos permitir que se vuelva a repetir.

maskaorevista@ hotmail.com

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